Con la revocación de ‘Día a día’, la televisión pierde un paradigmático prueba de comedia sencillo con temas sociales

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«Oficialmente, se acabó». Con estas palabras Gloria Calderón-Kellet confirmaba que ‘Día a día’ (‘One day at a time’) no tendrá temporada 5. Tras una búsqueda infructuosa de una nueva cadena o plataforma, la doblemente cancelada comedia de Netflix y Pop TV se quedaba en 46 estupendos, e incluso necesarios, episodios.

Y es una pena no por el hecho de que se cancele una serie más de tantas —una buena serie más, también de tantas que existen—, sino porque su cancelación es una estocada a un modo de entender la televisión como medio de tú a tú. No a todo el mundo metemos en nuestro salón y lo mismo con la televisión. Y eso lo entiende la serie para realizar un tipo de ficción tan anticuada en un nivel técnico y formal como relevante y emotiva a nivel discursivo y temático.

Durante su corta vida fue una sitcom que, de no ser por los temas que tocaban, parecía arrancada directamente de comienzos de los 90… o antes incluso. Porque, reconozcámoslo, hablar de una serie multicámara grabada con público en directo es hablar de algo aparentemente superado en la era de la televisión de prestigio, o del peak TV. Poco importa que siga siendo un método bastante usado hoy en día, sobre todo en networks como CBS.

Pero más allá del aspecto “antigualla” que podríamos achacarle en las paredes del hogar de la familia Álvarez encontrábamos un gran confort. Un momento para reír, otro para enternecernos y otro para llorar con los triunfos y tragedias de Penélope (Justina Machado), su hija Elena (Isabella Gómez), su hijo Alex (Marcel Ruiz), y su madre Lydia (Rita Moreno).

La tradición de Norman Lear, hoy en día

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Y es que ‘Día a día’ recoge la larga tradición de sitcoms familiares y sociales de todo un gigante de la televisión, Norman Lear. No en vano ya no es solo uno de los transformadores del género allá por los setenta del siglo XX sino que además desarrolló la serie original, emitida entre 1975 y 1984, y su brazo productor se puso manos a la obra con este reboot.

Una de las grandes preocupaciones del superproductor fue el tratar en sus comedias cuestiones sociales. Con mayor o menor tino a la hora de representarlo, sus series (principalmente ‘Todo en familia’) hacían sitio a tramas sobre igualdad en cuestiones de sexo, raza y, más atrevido en su época, orientación sexual e incluso se daba visibilidad a la población transgénero.

Todo esto encapsulado en los esquemas y pilares de lo que hoy consideramos la sitcom más clásica. Esquemas sin los que, por otro lado, hoy en día no tendríamos ni ‘Modern Family’ ni ‘The Middle’ ni tantas magníficas sitcoms familiares en los que esos temas ya venían de serie.

Los temas, en el centro

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Con ‘Día a día’ pasa algo que hace que aun en una era en la que todos estos temas y roles diversos están asumidos en las sitcoms, la de Calderón-Kellet no los usa como meros resortes e ingredientes sazonadores. No es una de esas series que se consideran diversas porque tienen de coprotagonista a un indio, negro, homosexual o su personaje principal sea una mujer. Es una serie consciente de quién tiene en su centro y que se dedican, entre risas, a explorar eso.

Quizás podríamos hablar de tres grandes temas que destacan se van repartiendo las horas. Por un lado está la temática general de ser una familia latina viviendo en Estados Unidos y cómo por mucho que la madre sea veterana del ejército, tienen que lidiar con cierto rechazo e intolerancia mientras quieren seguir conservando sus raíces.

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Otro radica en la figura de Penelope, quien sufre de ansiedad y estrés postraumático, algo con lo que tendrá que aprender a vivir. Ella y su familia. Hablando de la familia, Elena, la hija mayor vive a lo largo de las temporadas todo un gran viaje de identidad sexual y de género. Estos temas conforman un estupendo trío que, en mayor o menor medida, construyen los momentos más emotivos de la serie. Tanto a un nivel de ternura y alegría como de rompernos el corazón.

Porque ‘Día a día’ apela al corazón y al hogar entendido como ese refugio idóneo donde nos sentimos seguros por muchos problemas que tengamos. Podríamos llamarla lugar feliz. Sí. Pero también es un hogar cuyo cierre hiere un modo de entender la comedia como medio para contar problemas del mundo.

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