El mal y el proporcionadamente en ‘The Mandalorian’ toman un nuevo dirección

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Como ya viene siendo costumbre, el más reciente capítulo de The Mandalorian se convirtió en una travesía — incómoda y en esta ocasión, levemente confusa — de Mando en busca de cualquier otro miembro de su tribu que pueda echar una mano en medio de la extraña situación en que se encuentra. No obstante, también incluyó una buena dosis de El Niño, que disfrutó de su propia línea narrativa en lo que pareció ser un alivio cómico, o al menos algo semejante a una forma de entender la especial naturaleza del pequeño pupilo de Mando.

No obstante, desde el día del estreno han surgido todo tipo de teorías que sugieren que el apetito incesante de Baby Yoda es algo más que un chiste cruel y que podría tener algún que otro significado. Como se recordará, el pequeño pasó buena parte del tiempo en un decidido intento de comer los huevos de una pasajera que Mando lleva a su planeta de origen para que pueda reunirse con su marido. Ahora, lo realmente ¿preocupante? del caso es que los huevos que Baby Yoda consume con tanto ahínco son en realidad la última posibilidad de la pareja de tener descendencia.

En el capítulo, el director Payton Reed encajó todo el asunto con cierta visión burlona, achacando el comportamiento de Baby Yoda a simplemente el desmesurado apetito de un bebé. Pero para una buena parte de los fans, el asunto ha resultado más complicado y ahora se debate si la aparente subtrama es en realidad una forma del guion de explicar la naturaleza de la criatura. Ya sabemos que es naturalmente sensible a La Fuerza, que su ritmo de crecimiento es distinto y que también es mucho más inteligente de lo que parece. Pero en general, la gran pregunta proviene de una idea básica, ¿puede que de la misma manera que le lleva esfuerzos controlar sus capacidades psíquicas, también sea incapaz de controlar algún instinto feroz de supervivencia?

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Desde sus primeros capítulos, el misterio alrededor de Baby Yoda ha sido uno de los puntos más fuertes en una trama sobria que sostiene una historia que apunta en varias direcciones a la vez. En primer lugar, mostrar cómo los restos del Imperio se reconstruyen hasta convertirse en la futura Primera Orden, al mismo tiempo que narrar el trasfondo del mundo del mandaloriano y la destrucción tanto de su cultura como estilo de vida. Por último, pero no menos significativo, está el hecho mismo de El Niño, cuyo origen, poderes e importancia son una incógnita incluso para M, que asumió su tutelaje de manera espontánea pero sin tener una idea muy clara de la naturaleza de su pequeño pupilo.

De modo que entra entre las posibilidades que lo ocurrido en el capítulo de “La pasajera” sea un poco más que un chiste encantador sobre el apetito de un bebé. Después de todo, se hizo un considerable énfasis en la idea que los huevos de la eventual cliente de Mando son un tesoro genético de incalculable valor tanto para la llamada Señora Rana, como para la supervivencia de su especie.

Baby Yoda devoró con una voracidad incontenible los huevos y que dejó claro que su capacidad para discernir que algo semejante es peligroso — por no usar el apelativo moral de “malo” — es bastante precaria, lo que coincide de lleno con la forma en que hasta ahora, la serie reflexiona sobre la criatura. Si tiene un exiguo control sobre su colosal sensibilidad para la fuerza, ¿tampoco puede entender el daño que puede causar de manera directa o indirecta?

Por supuesto, es un niño pequeño. Tanto que necesita cuidados y es probable que el argumento, busque recordarlo incluso de una manera especialmente cruel. No obstante, ¿por qué insistir en varias ocasiones y de forma tan directa en que los huevos que El Niño codicia con tanta urgencia también tienen un valor real, fuera del contexto del apetito de la criatura?

“Mi marido ha arriesgado su vida para garantizar nuestra existencia en el único planeta habitable para nuestra especie”, cuenta la Señora Rana para explicar en general el motivo por el cual es de enorme importancia el viaje que está a punto de entender y en especial, la forma en que intenta sobrellevar la situación. La forma en que se plantea la situación además es dramática: la música de Ludwig Göransson acompaña la conversación, lo que pone en relieve que no se trata de un chiste, una exageración, sino de una situación medianamente compleja.

The Mandalorian: un universo complejo

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Aunque lo parezca, el universo de Star Wars nunca ha sido sencillo, ni mucho menos fácil de comprender tampoco en The Mandalorian. Como todo producto de la cultura pop, depende del entretenimiento pero en realidad es mucho más que eso, lo que podría sugerir que las múltiples referencias de The Mandalorian al western, a la honra samurai y otras tantas ideas parecidas, no es la única de mediana importancia para comprender a profundidad las relaciones de poder entre los personajes.

En su libro The power of cute, el filósofo Simon May pondera sobre el hecho que nuestra cultura establece códigos específicos a través de lo que nos parece tierno, desvalido y adorable, para luego convertirlo en un símbolo de algo más complicado y por lo general, duro de entender. De modo que siendo lo “encantador” algo indeterminado — es más bien, una serie de rasgos que apelan a la fragilidad — es mucho más sencillo elaborar una idea sobre la amenaza oculta. En otras palabras: por lo general lo tierno podría ser la fachada para extrapolar ideas sobre la bondad, que no tienen por qué ser ciertas ni tampoco estar sujetas por ningún motivo, a ideas que asociamos a la belleza.

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En otras palabras, hemos asumido que Baby Yoda es una especie de mascota adorable que Mando lleva a cuestas por bondad de su corazón, pero en realidad, la serie apunta hacia algo más duro y complicado de definir. Después de todo, el mandaloriano puede considerar que hace lo correcto en devolver a la pequeña criatura a su pueblo, pero eso no hace a Baby Yoda necesariamente bueno, ni tampoco, fuente de un tipo de conocimiento arcano sobre el bien. Y hasta podría ser todo lo contrario.

Lo cierto, es que The Mandalorian tiene un discurso más elegante y sobrio sobre el bien y el mal de lo que lo ha tenido hasta ahora, cualquier otra producción reciente de Star Wars. Y este capítulo es quizás esa percepción acerca de la necesidad de la serie de profundizar con cuidado en ideas ambiguas que pueden tener más de una mirada sobre la naturaleza de lo ético.

Oh bien, también hay que admitirlo, quizás el bebé sólo tenía hambre y eso es todo ¿no es así?

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