Qué dijo Maradona cuando le comunicaron que lo iban a negociar y quiénes son las personas que lo acompañaron

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El apoyo de los hinchas en la puerta del sanatorio Ipensa, donde se realizó los chequeos que detectaron el hematoma (Aglaplata)

Ocurrió cerca del mediodía, en la habitación del segundo piso del sanatorio Ipensa de La Plata. Tras someterse al chequeo general, luego de una mañana en la que había estado más tranquilo (desayunó, realizó una caminata, habló con sus hijas y vio tenis por TV), Leopoldo Luque se acercó a Diego Maradona para darle el diagnóstico en profundidad. Sin eufemismos, le dijo al ex capitán de la Selección que lo tenían que operar por un hematoma subdural que pudo advertir en la resonancia magnética. Le indicó que la intervención, dentro de los parámetros normales, demoraría entre 40 minutos y una hora (duró poco más de 60 minutos). Y le dio una referencia que le dio pie a una ocurrencia con el sello del Diez.

“Es la operación que le hicieron a Cristina en 2013”, le señaló el médico, en alusión a Cristina Fernández de Kirchner, que pasó por una intervención similar en la Fundación Favaloro cuando era presidenta de la Nación. Fue ahí que el entrenador de Gimnasia soltó una frase que les robó una sonrisa a los presentes, incluso en un contexto de preocupación.

“¿Cristina se operó de lo mismo? Ah, listo. Somos peronistas. Y a los peronistas no nos pasa nada”, dijo, dando su consentimiento para pasar por el quirófano en la Clínica Olivos, que comandará el propio Luque, que es neurocirujano.

Finalmente, la operación fue un éxito y los profesionales consiguieron evacuar el hematoma. “Está despierto, muy bien”, aclaró Luque tras el trance.

La lesión se dio a raíz de un traumatismo leve, que pudo haber sufrido boxeando –actividad deportiva que practicaba–, un pelotazo o hasta cuando se cayó para atrás en el banco de Gimnasia el torneo pasado. “A partir del traumatismo se generó un derramamiento de líquido que se acumuló”, le indicaron a este medio desde el círculo íntimo del astro.

“Observamos que tiene un hematoma subdural, se forma entre el cerebro y el cráneo. A veces el diagnóstico tarda en llegar porque no tiene tanta representación clínica”, indicó Luque en la puerta de la clínica, antes del traslado. En efecto, en septiembre le habían realizado a Pelusa una resonancia magnética en la que no había sido detectado el hematoma.

“La mayoría de los pacientes que tienen este hematoma son de riesgo, no cambió el panorama. Todo sigue igual, Diego sigue con el mismo estado clínico que presentaba. Los hematomas son imperceptibles, los pacientes suelen no recordarlo”, agregó.

Desde que fue internado en el sanatorio Ipensa estuvo acompañado por Johny (su sobrino, hijo de la Morsa Espósito y Betty, una de sus hermanas), Maxi Pomargo (cuñado de Matías Morla y mano derecha del Diez), su ex pareja Verónica Ojeda y Sebastián Sanchi, su jefe de prensa. Instantes antes de ser derivado a la Clínica Olivos apareció su hija Gianinna, con la idea de acompañarlo en el viaje en ambulancia. Y en Zona Norte se apostó Jana, otra de sus herederas, para darle apoyo allí. Luego se sumó Dalma y también las hermanas del astro.

El médico Leopoldo Luque, en el momento en el que confirmó la operación (Aglaplata) El médico Leopoldo Luque, en el momento en el que confirmó la operación (Aglaplata)

Al entrenador le propusieron trasladarse en helicóptero e incluso el presidente Alberto Fernández ofreció el helipuerto de la Quinta de Olivos para que descendiera allí la aeronave. Sin embargo, los profesionales que tratan a Maradona prefirieron que lo hiciera por tierra.

Diego venía de dos semanas de bajón anímico por varios factores. Los problemas familiares, la cercanía de su cumpleaños N° 60 (sin la presencia de Chitoro y Doña Tota, sus papás fallecidos) y el hecho de haber tenido que mantenerse aislado por haber tenido contacto estrecho con un caso sospechoso de coronavirus (uno de sus custodios, que finalmente dio negativo el test). El viernes, día de su aniversario, mostró una imagen frágil en el homenaje que le realizaron en la previa del duelo entre Gimnasia y Patronato, al punto de que se retiró antes de que comenzara a rodar la pelota.

Ayer las alarmas sonaron con mayor fuerza. Quienes lo acompañan en el día a día se comunicaron con Matías Morla, apoderado de la figura, y Leopoldo Luque, quienes lo convencieron de que la internación era lo más conveniente. Al sanatorio llegó con un cuadro de anemia y deshidratación; fue estabilizado. Traía varios días de alimentación deficiente, saltándose comidas, cuando debe seguir una dieta estricta ante el impacto que provocan los ansiolíticos y la medicación para conciliar el sueño. El chequeo detectó el hematoma, que lo conduce al quirófano, cuando creía que, a más tardar, mañana iba a estar de regreso en su hogar en Brandsen.

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