la película que reinventó a Lovecraft con grumos y sado-maso en tonos fucsia

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Consagrar tu largo de fin de semana de Halloween a revisar solo clásicos es altamente satisfactorio, pero también hay que desatascar tuberías con algo de grima y baba ochentera. Que a su manera, también es una forma de aproximarse a los clásicos. Por ejemplo, con ‘Re-Sonator’ (‘From Beyond’), la falsa continuación de la (esta sí que sí) clásica ‘Re-Animator’, producida por Empire en 1986.

En ‘Re-Sonator’ repitió buena parte del equipo técnico y artístico de aquella. Producción de Brian Yuzna y Charles Band, dirección de Stuart Gordon, protagonismo de Jeffrey Combs y Barbara Crampton y, sobre todo, inspiración remota en HP Lovecraft.

Durante unos cuantos años ha sido considerada un festival de gore y desmadre púrpura menos conseguido que su precedente. Pero el tiempo la ha puesto en su sitio, y aunque no tienen el empaque y la pasmosa perfección de ‘Re-Animator’, no carece de virtudes.

‘Re-Sonator’ está inspirada en el relato de HP Lovecraft ‘Desde el más allá’ (que fulmina antes de los créditos) y describe las peripecias de un par de científicos (Combs y Gordon) que trajinan con una máquina, el Resonador, que nos permite contemplar a criaturas que habitan junto a nosotros y que habitualmente permanecen invisibles.

Pero el empleo del Resonador es adictivo y no solo hace que esas criaturas nos detecten y ataquen, sino que hace mutar, desatando pasiones y generando cambios físicos y psicológicos que convierten a los apocados doctores en furiosos bizarronautas interdimensionales.

Pura delicatessen Empire

Con una inventiva fuera de lo común y unos efectos especiales que aún hoy siguen pasmando por su atrevimiento, ‘Re-Sonator’ saca perfecto partido de sus limitaciones gracias al pulso narrativo de Stuart Gordon, que llevaba una auténtica racha a bordo de Empire, la mítica productora de serie B de Charles Band.

A esta etapa de su filmografía pertenecen películas tan gozosas como su debut ‘Dolls’, la mítica ‘Re-Animator’ y, unos años más tarde, la tronchante batalla de robots gigantes ‘Robot Jox’, perfecta para una sobremesa de domingo.

No es el único talento implicado en ‘Re-Sonator’ que da prestancia al resultado: las visiones de Nueva Carne pop de Brian Yuzna ya asoman la patita por aquí, incluso en mayor medida que en ‘Re-Animator’, y son un aperitivo de películas posteriores de Yuzna ya como director, como ‘La novia de Re-Animator’, ‘Mortal Zombie’ o ‘Society’.

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Es esa reinterpretación mórbida de la turbia imaginación de Lovecraft por la vía de las mutaciones cárnicas lo que da personalidad a ‘ReSonator’. El resultado no está tan perfectamente equilibrado como en ‘Re-Animator’, esa milagrosa sátira de horror extremo, pero no está exenta de logros.

Empezando por los increíbles efectos especiales de Tony Doublin y el experimentado John Buechler -basándose en diseños de nada menos que el mito del cómic de superhéroes Neal Adams-, y siguiendo por la característica fotografía en tonos viscosamente rosáceos de Mac Ahlberg, y que hoy se han convertido en símbolo abstracto del cine de terror de los ochenta. Una pesadilla neocárnica que vale la pena reivindicar.

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