sorprendente regreso al Zemeckis más funesto y divertido

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Era difícil lograr superar ‘La maldición de las brujas’ (The Witches, 1990) de Nicolas Roeg, pero a veces los remakes o las nuevas adaptaciones no tratan tanto de mejorar nada sino de refrescar y adaptar las mismas obras a otras sensibilidades y, si ‘Drácula’ tuvo películas en los 60, 70 y los 90, ¿Por qué una obra tan esencial como ‘Las Brujas’ de Roald Dahl no puede tener una cada 30 años?

Que Guillermo del Toro se alíe con un titán del cine fantástico como Robert Zemeckis para volver a la obra capital de Dahl no es una noticia que se deba pasar por alto, y siendo una película dirigida a niños, difícilmente puedes errar el tiro. Hay más dudas si contamos que últimamente, el director de la trilogía ‘Regreso al futuro’ está un poco en modo más amargo, alternando buenas películas como ‘Aliados’ (Allied, 2016) con experimentos como ‘Bienvenidos a Marwen’ (Welcome to Marwen, 2018), que dan un poco de repelús.

El regreso del Zemeckis divertido

Por ello, lo primero que sorprende de ‘Las brujas’ es su nervio narrativo, un tono despreocupado y las gafas de cine infantil de calidad de un equipo que definió mucho el estilo de las películas dirigidas para niños en los 90. Rápidamente el tono nos lleva a adaptaciones de Roald Dahl como ‘Matilda’ (1996), el Tim Burton de antes de torcerse, la dupla de ‘La familia Addams’ (1991) o brujería más parecida a la de ‘El retorno de las Brujas’ (Hocus Pocus, 1993). El resultado quizá no esté a la altura de aquellas, pero sabes que estás en un terreno familiar.

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Una fotografía embellecida, paleta de ocres que contrasta con los colores vivos del vestuario de los personajes y música de orquesta alternada con grandes temas clásicos como esa recuperación de ‘The Dock in the Bay’ de Otis Redding y un tono de cuento atemporal que pronto deja paso al de cartoon sin remilgos que indica que el director de ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’ (Who Framed Roger Rabbit?, 1988) ha decidido soltarse el pelo de nuevo, añadiendo un poco del humor camp y macabro de su ‘La muerte os sienta tan bien’ (Death Becomes Her, 1992).

Death Becomes Her

Aquí Anne Hathaway no trata de ser Angelica Huston, sino que podría ser la tercera en discordia frente a Meryl Streep y Goldie Hawn, con sus propias deformidades grotescas de cuerpo de goma, aquí traducidas a poderes de unas brujas que parecen familiares lejanos del Pennywise de las películas de ‘It’ (2017), con manos como garras, cuerpos maleables y sorprendentes transformaciones. Está tan exagerada y fuera de sí que parece un verdadero dibujo animado que puede llegar a dar bastante miedo a los niños.

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Y es que esta versión no renuncia para nada al terror, y si bien no posee el toque inquietante de los mejores momentos de Roeg —no hay una introducción tan efectiva como en aquella, no hay un relato del cuadro ni un desollamiento monstruoso— sí que comparte un tono con el cine de terror infantil más divertido y en sintonía con el espíritu de Halloween. Hay momentos de flashbacks que podrían salir en un episodio de ‘Pesadillas’ (Goosebumps, 1995-1998).

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El vicio menos saludable del último Zemeckis, el uso indiscriminado del CGI, no deja de estar presente pero en esta ocasión, pese a todo lo que se puede leer sobre ella, su utilización sigue la misma lógica de dibujo animado del resto de la obra y tiende a lo irreal, las texturas plasticosas, e incluso del cine de animación, más que la búsqueda de un fotorrealismo erróneo. Las viñetas son exageradas, las deformaciones son alocadas, un poco como las de ‘La máscara’ (The Mask, 1994), por lo que el uso digital concuerda bastante con las intenciones estéticas.

Como adaptación e Roald Dahl es impecable, pese a cambiar detalles y seguir otros demasiado al pie de la letra, mejorando al menos a la de Roeg en la valentía de llevar el final del libro a buen puerto, un momento que impacta en el contexto mojigato del cine dirigido a los más pequeños de Disney, pero que Zemeckis sabe llevar con socarronería macabra y espíritu festivo para que sea un broche de oro a una adaptación de éxito, que puede unirse a ‘Monster House’ (2006), ‘Coraline’ (2009) ‘Pesadillas’ ( Goosebumps, 2015) o ‘La casa de reloj en la pared’ (The House with a Clock in Its Walls, 2018) como una de las mejores muestras de cine fantástico de terror infantil reciente.

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