Sitges 2020: Homenaje a un personaje entrañable en ‘Lupin III: The First’

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Francés, ladrón y maestro del disfraz, Kazuhiko Kato (con el seudónimo de Monkey Punch) creó a Lupin III en 1967 como el nieto, desconocido hasta entonces, del famoso Arsene Lupin, el ladrón de guante blanco que las novelas de Maurice Leblanc inmortalizaron y convirtieron en un icono de un tipo de aventura fantástica que mezcla con éxito la misma aventura, el misterio y un extraño humor retorcido. Para el autor, su creación se convirtió en algo más que un producto: Kazuhiko Kato logró una serie de manga que se extendió hasta el año 1991.

Convertida para entonces en un icono de culto con millones de fanáticos, llegó a tener una colección de veintisiete especiales de televisión, seis series independientes al relato original, ocho funciones teatrales que hicieron historia y todo tipo de material asociado. Su llegada al formato 3-D resultó un recorrido que aunó todo tipo de talentos en Estados Unidos y Japón, además, un trabajo artesanal de guion para condesar la innumerables vivencias del personaje en una narración que pudiera contar lo esencial, sin desperdiciar una sola pieza de su largo recorrido a través de múltiples escenarios y situaciones.

Toho

Por desgracia, Kazuhiko Kato falleció en el 2019 sin llegar a ver su obra completada, aunque estuvo involucrado en la producción desde que se anunció su comienzo en el año 2015. Eso podría explicar el motivo por el cual Lupin III: The First es un filme que, no solo posee toda la radiante vivacidad y frenética acción del manga original, sino que además logra captar lo esencial de un personaje variopinto, extravagante y, por momentos, desconcertante: hay mucho de la versión de Kato sobre el misterio, el juego simbólico y el substrato de todo tipo de metáforas en este ingenioso juego travieso en el que el apartado visual, por una vez, no presiona ni tampoco sobrecarga la historia.

Takashi Yamazaki crea un héroe que, aunque conserva la raíz esencial del original y, a la vez, es un aventurero sin preocupaciones que, como en varios de los capítulos originales de Maurice Leblanc, deberá enfrentar un enigma que, por momentos, le sobrepasa, le lleva a una nueva dimensión de extravagantes secuencias y, al final, logra crear un conjunto sólido de pura diversión despreocupada.

Para el director, que tiene una exitosa experiencia en proyectos similares con Stand by Me Doraemon, el recurso de la tecnología 3-D es sólo una excusa para meditar sobre una historia llena de matices, en la que el Lupin III es también una parte esencial de una creación que se sostiene sobre inteligentes giros de guion. No solo se trata de un personaje rico en matices —como su par en el manga— sino además una personalidad extraña y atrayente que enlaza varios de los puntos del argumento original en algo más sustancioso que un simple resumen de un manga clásico.

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Lo más interesante del argumento es su capacidad para unir un misterio básico —un diario perdido que el abuelo de Lupin no pudo llegar a robar y, por lo tanto, no puede contar entre los triunfos familiares— con una percepción más detallada del tránsito entre el poder, la posesión de lo simbólico y, también, un recorrido novedoso por una historia sorprendente.

Desde un reto arriesgado en el Musée de Paris hasta un reto improbable que pondrá al agente de la Interpol Zenigata (Koichi Yamadera) y némesis de Lupin III en una lucha frenética contra la que parece ser la gran hazaña del ladrón, la película se mueve con ligereza entre la concepción del absurdo, del enfrentamiento entre dos voluntades indómitas y, como todo manga del estilo que se precie, una buena cantidad de humor disparatado que llevará la acción hacia algo más elaborado, amplio y con varias capas de significado. Todo envuelto en una mirada romántica por la París de mediados de los años 50, en la que las luces brillan como el oro y la cámara —virtual— recorre con una conmovedora elocuencia.

Por supuesto, esta es una versión resumida de una historia con varias décadas de antigüedad, por lo que se echan de menos chistes, situaciones graciosas y la cuidadosa cualidad del original para divertir con algunos golpes de efecto, que permitían una pausa necesaria en la siempre frenética acción. Para su versión en 3-D, Lupin III muestra sus mejores armas, estrategias y movimientos, lo que la película aprovecha para recorrer la ciudad mientras el tiempo corre en contra del personaje y la policía le busca, en un intento de detener el desafío demencial que sostiene el núcleo del argumento del filme.

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Esta es, sin duda, una versión más adulta y compleja de la historia de origen, lo que provoca que, por momentos, la frenética carrera en la búsqueda del diario perdido, la persecución policial y, sobre todo, la manera en que el director presenta a su personaje —hacia el segundo tramo, el parecido con el Indiana Jones de Steven Spielberg es del todo inevitable— sea una combinación azarosa incluso para los fanáticos que conocen los avatares y argucias que Lupin III trae bajo la manga.

Para Yamazaki fue todo un reto crear un apartado visual capaz de captar la plasticidad del manga original, y llevar a otro nivel las peripecias de un ladrón cuyo verdadero objetivo es algo más parecido a la burla de todos los sistemas que a hurtar un objeto de valor. La película no intenta narrar de principio a fin la historia del personaje —y tal vez no podría hacerlo— sino que toma sus puntos fuertes y los transforma en un paisaje visual que Lupin III: The First atraviesa con todo el ingenio y la sofisticada fortaleza que conquistó audiencias por más de sesenta años.

Cada escena es una composición elaborada que incluye desde diseños arquitectónicos, vehiculares y un sinfín de detalles históricos que se mezclan entre sí para sostener la batalla de pistas falsas y trampas simbólicas hasta un gran dilema en puertas que los personajes deben enfrentar. Hay algo definitivamente encantador en la vida renovada de Lupin III, que tiene la misma capacidad para escapar, engañar, sorprender y coquetear mientras se enfrenta a la ambigua guarda de seguridad Laetitia (Suzu Hirose), intercambia complicados juegos de palabras con Fujiko Mine (Miyuki Sawashiro), su enemiga que, en más de una ocasión, también es su aliada y, al final, su desafío rampante a la peligrosa sociedad científica Ahnenerbe, fundada por Heinrich Himmler.

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Con lo que parece ser un obsequio para los fanáticos tradicionales, las voces del elenco son las mismas que han interpretado a los personajes de la franquicia japonesa durante décadas, lo que, no solo conmovió a los seguidores del personaje en Japón, sino que supone un interesante golpe de efecto para la integridad del concepto de Lupin III: The First como homenaje fundacional a una obra mucho más amplia y elaborada.

Al final, esta aventura que termina por cruzar el océano, llegar al mismo centro de los misterios e invocar las más extravagantes teorías para su apoteósico final es una gran mirada a un manga que pasó a la historia del género, no solo por su capacidad para seducir y construir algo más elaborado que un simple juego de ingenio, sino también por su inteligencia y cualidad traviesa. Tal vez no sea casual que las mejores escenas se desarrollen al ritmo del jazz del pianista Yuji Ohno, un habitual en el equipo creativo y que, de una u otra forma, es un homenaje para los niños que crecieron asombrados por las peripecias de Lupin III a través de las últimas décadas.

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