el thriller del año, la serie de Movistar+ derrocha intensidad por los cuatro costados

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‘Antidisturbios’ ya tenía mi interés con el mero hecho de que estuviera creada por Rodrigo Sorogoyen junto a su colaboradora habitual Isabel Peña. A ese dúo debemos propuestas tan estimulantes como ‘Que Dios nos perdone’ o ‘El reino’, por lo que tenía muchas ganas de ver qué podía salir de su salto a la pequeña pantalla, curiosidad que creció aún más cuando tuve la ocasión de asistir a su rodaje hace unos meses.

No ha sido hasta este viernes 16 de octubre cuando Movistar+ Movistar+ ha estrenado los seis episodios que dan forma a la primera temporada de ‘Antidisturbios’, pero yo ya he tenido la ocasión de verlos todos y he quedado encantado. De hecho, mi idea cuando me puse con ella era ver uno y seguir otro día, pero acabé devorando uno detrás de ello de lo que me atrevería a decir que es el thriller del año, ya que la serie derrocha intensidad por los cuatro costados llevando al límite tanto a sus personajes como al espectador.

Agobiante

Agobiante sería una palabra muy adecuada para describir lo que te hace sentir ‘Antidisturbios’ desde su primera secuencia. En ella se nos presenta de forma magistral al personaje interpretado por Vicky Luengo. Ni siquiera hace falta mencionar que es un agente de asuntos internos para perfilar su implacable personalidad a través de lo que bien podría ser una simple partida al Trivial con su familia.

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Ya ahí se detecta uno de los rasgos estilísticos que imprime Sorogoyen a la serie: situar la cámara muy encima de los actores para elevar aún más la intensidad que transmiten las imágenes, primero para intentar conseguir que el espectador sea sienta un miembro más del grupo de antidisturbios. Ahí no hay ningún intento de blanquear a la que quizá sea la unidad policial más odiada por la sociedad, ya que todo va más orientado a que la inmersión del espectador sea total en lo que sucede.

Imagen Antidisturbios

Una vez ha conseguido eso, Sorogoyen va relajando paulatinamente esa presión a la que somete tanto a los protagonistas como al espectador para ir abriendo la historia de múltiples formas. Por un lado, se permite conocer mejor a esos seis antidisturbios, ofreciendo un acercamiento creíble a cada uno de ellos. Ninguno es un demonio pero tampoco un ángel y a las particularidades de su vida profesional se une su realidad personal, con la mayoría de ellos en una situación que no resulta precisamente envidiable.

Sin embargo, es cierto que la serie busca ofrecer un dibujo de todos ellos -buena prueba de ello es que cada uno de los capítulos está titulado a partir del nombre de cada uno de los seis-, pero el interés de la serie no es tanto un desahucio que acaba en tragedia como escalar el problema más allá de lo que olía a catástrofe antes de que empezara. El propio personaje interpretado por un excelente Hovik Keuchkerian ya recalca varias veces que así no es como se deberían hacer las cosas, pero acaba acatando la orden.

Genial en todos los apartados

Antidisturbios Escena

Esa olla a presión en la que se convierte el desahucio acaba siendo el principal eje de su primer episodio y la investigación que se abre alrededor de lo sucedido irá evolucionando paulatinamente hasta el punto de que el destino de esos seis antidisturbios casi acabe quedando en un segundo plano. Y digo casi porque en realidad los guiones de Sorogoyen, Peña y Eduardo Villanueva nunca los dejan de lado. Asistimos a sus alegrías y, sobre todo, miserias, quedando bien claro que todos los actores eran la opción idónea para sus personajes.

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Eso sí, esa investigación que lidera el personaje de Luengo lleva a que ‘Antidisturbios’ vaya destapando poco a poco un problema mayor, muy en consonancia con lo que Sorogoyen ya nos contó en ‘El reino’, una película con la que esta serie mantiene más de un punto en común -tanto es así que en cierto momento incluso se hace alusión a la trama Persika– en lo temático, y obviamente también en lo estilístico, aunque ahí quizá sería más adecuado remontarse a ‘Que Dios nos perdone’, ofreciendo aquí un perfeccionamiento casi absoluto de su forma de abordar el thriller.

Vicky Luengo Antidisturbios

Y es que ni siquiera en los momentos más íntimos, en los que la historia de ‘Antidisturbios’ se desvía en beneficio de la historia personal de alguno de sus protagonistas, se pierde ese nervio para mantener atrapado al espectador. Está claro que no está en todo momento lo más arriba posible -ahí además del desahucio sobresale el vibrante final del quinto episodio-, pero es que incluso sus valles resultan más emocionantes que multitud de thrillers que a la hora de la verdad ofrecen una visión anodina de historia que ya habían contado mucho mejor antes.

Aquí Sorogoyen y Peña tienen el espacio para desarrollarlo todo y dejar respirar la historia sin por ello hacer concesiones en la forma de contarla. No me cabe duda de que volver a contar con otros colaboradores habituales suyos hasta ahora resulta esencial para conseguirlo. Pienso sobre todo en las aportaciones del montador Alberto del Campo y el compositor Olivier Arson para potenciar siempre de maravilla lo que Sorogoyen busca desde la puesta en escena. Pura simbiosis.

Si es que hasta los actores con papeles secundarios bordan sus papeles o las subtramas que sobre el papel podrían ser menos interesantes encajan de maravilla en el conjunto. Todo encaja tan bien que pese a que me puse el primer episodio pensando en poder disfrutarla poco a poco, lo cierto es que acabé viéndome los seis de una sentada y acostándome pasadas las cuatro de la mañana. Y es que te engancha muy rápido, desde la primera escena, y no te suelta hasta que ha terminado.

En resumidas cuentas

‘Antidisturbios’ es una serie estupenda. Sé que con lo que decía antes de thriller del año me arriesgo a generar unas expectativas que podrían parecer desmesuradas, pero, por favor, muchas más series así. Ya había disfrutado con las dos anteriores películas de Sorogoyen en esta línea, pero es que aquí las ha superado con creces. Impecable tanto en lo técnico como en lo artístico.

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