Nicolás y Juan Ignacio, de Los Totora: “Es un privilegio residir de lo que amamos y hacerlo entre hermanos”

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“Apostamos a que la gente se olvide por una hora y media de lo que está pasando afuera”, dice Juan Ignacio Giorgetti, tecladista y fundador de Los Totora. Acompañado por su hermano Nicolás Giorgetti, los músicos adelantan lo que será su show por streaming de este domingo: “Estamos en plena discusión, pero seguramente arranquemos con ‘Un montón de estrellas’”, revelan sobre la lista de temas, mientras van preparando a su público para un espectáculo como solo ellos saben dar.

Tras el éxito de su concierto con público en el interior de sus autos, ahora el grupo musical platense va por más. “La gente tiene una necesidad de lo social y del esparcimiento. Es parte de la libertad que hoy no podemos tener”, explica el bajista y vocalista de la banda. “Si hay que hacer un trencito por la casa, se hace”, remata el tecladista. Y así, en esta entrevista con Teleshow, van calentando los motores para lo que se viene.

—Arrancaron con la música siendo muy chicos, ¿terminaron los estudios?

Nicolás: —Sí. Nosotros somos bilardistas en ese sentido: somos de Gimnasia, pero bilardistas. Primero el estudio y después, tocar.

Juan Ignacio: —Todos estudiamos carreras universitarias. Nicolás es abogado; a Santi (Santiago Giorgetti), mi hermano más chico, le falta también un poco. Yo estudié Periodismo. Y paralelamente, seguimos estudiando música. Para nosotros la educación es fundamental más allá de lo que te dediques después. Si dejás de entrenar el cerebro, por más que seas músico, tenés una traba.

“Un Montón de Estrellas” el último video de “Los Totora”

—¿En qué momento de estos 20 años entendieron que iban a poder vivir de la música?

Juan Ignacio: —Nuestra música y nuestro género se creía que era un adorno festivo o una frutilla del postre de un evento particular, como puede ser un boliche, una fiesta. Y un día Santi dijo: “¿Por qué no hacemos el Teatro Coliseo Podestá de La Plata?”. 29 de octubre del 2009. Fue un desafío para nosotros. El director del teatro no nos tenía fe, nos dijo: “¿No quieren hacerlo con tres o cuatro bandas más? Son muchas entradas”. Nosotros, por supuesto, no estábamos tan seguros, pero ante él nos mostrábamos seguros: “Te lo vamos a llenar”. Faltando diez días ya lo habíamos agotado, y a los dos temas la gente estaba parada entre las hileras de las butacas, bailando. Ahí nos dimos cuenta. Nos sentamos entre nosotros tres con mi papá, y mi viejo nos dijo: “Chicos, esto puede ser una profesión”. Esa charla se dio en varias oportunidades en nuestra carrera, como cuando Nico tuvo que dejar el Poder Judicial.

—Una gran decisión.

Nicolás: —Me mataron. Estaba con traje y corbata queriendo ser juez (risas). En una cervecería, Juan, mi vieja y mi viejo… La particularidad que tienen mis viejos es que siempre les dio bastante vértigo nuestra vida porque el 80% de su corazón es “vamos para adelante con lo que piensan estos tres zánganos”, y siempre confiaron en nosotros. Cuando mi mamá escucha que Juani le dice a Nico de renunciar al Poder Judicial, se cayeron los tenedores, los cuchillos, todo al piso, porque no lo podíamos creer. ¡Imaginate en esa época! ¿Estamos hablando hace cuánto, enano? Ya hace diez años.

Juan Ignacio: —Y… Por lo menos. Sí, 2011, 2012.

Nicolás: —Veníamos con la idiosincrasia de la carrera y vino este zángano y me dijo: “Vamos a la calle, vamos a buscar plata”. Primero vértigo, después miedo, y después felicidad.

Juan Ignacio: —La postura era: “Abogado vas a ser siempre, esto no sabemos cómo puede terminar”. Ahí nos encontramos con unos esfuerzos, para los que hacíamos otras carreras o teníamos otros trabajos, casi inhumano. Terminábamos de tocar el tercer show a las cinco de la mañana y Nico tenía que ponerse el traje a las seis y media, siete.

Juan Ignacio y Nicolás Giorgetti

—¿Alguno de sus papás es abogado?

Juan Ignacio: —No, son trabajadores.

Nicolás: —El típico laburante de clase media argentina que necesita que los hijos sean mejor que él. Ese tipo de padre tuvimos.

—Una infancia de clase media en la que no faltó nada, pero tampoco sobró.

Juan Ignacio: —Una infancia muy linda en un barrio muy tranquilo. Nunca nos faltó nada, nunca nos sobró nada. Cuando podíamos, nos íbamos de vacaciones todos juntos; cuando no se podía, pasábamos un enero en Buenos Aires. Lo único a lo que nos obligaban era al estudio y después hacíamos lo que nos gustaba. Nos inculcaron la música y el deporte desde muy chicos, siempre que nosotros estudiemos. Fuimos felices.

Nicolás: —Además, siempre vimos a nuestro viejo laburar más de diez horas diarias durante 45 años. Si no tenés cultura de trabajo con eso, no sé…

—Mucho trabajo y también mucho amor del público y de los famosos. ¡Todos quieren estar en sus videos!

Juan Ignacio: —(Risas). Es algo que se dio muy natural. Empezamos a darnos cuenta de que íbamos a tocar a algún lugar y aparecían dos o tres famosos y se nos acercaban. Después, entablamos una relación de amistad, de admiración mutua. Por ahí ves hoy un videoclip de Los Totora y está plagado de famosos, pero son amigos que bailan nuestras canciones. Fue algo lindo que nos pasó. La gente lo ve como algo especial y para nosotros son iguales que nuestros amigos del barrio.

Los hermanos Nicolás y Juan Ignacio Giorgetti en su infancia Los hermanos Nicolás y Juan Ignacio Giorgetti en su infancia

—¿Algún famoso les ha pedido, directamente, de participar?

Nicolás: ——(Risas) Después de “Márchate ahora”, empezaron a pedir. Como en dos meses tuvo no sé cuántos millones de reproducciones, pasó a ser… Ascendió.

Juan Ignacio: —Después de eso, muchos famosos nos han dicho: “¡Ah, te olvidaste de mí!”. Y después de “Un montón de estrellas”, desde hace un mes y medio ¡no sabés la cantidad de reclamos que tengo!

—¿Hay algún tema que les haya costado sacar o que estén buscando y todavía no se pudo?

Nicolás: —Nunca vamos a decir: “En un mes lo saco”. Tardo muchísimo hasta encontrar la canción y cómo la harían Los Totora de manera natural y no forzada. “Suave” tardé un montón de meses en encontrarla.

—¿Cómo es ese proceso? ¿Lo buscás hasta que sentís: “Es por acá”?

Nicolás: —Hasta que digo: “Es por acá”.

Juan Ignacio: —De hecho, a veces nos cuestan más los versionados que los temas nuestros. Porque el tema nuestro sale muy de adentro y después le vas agregando cosas. Ahora, encontrar una versión es más complicado.

Nicolás: —Además siempre tenés esa cuota muy grande de respeto por el que la compuso. No hacemos versionados diciendo: “Te hago una versión, total sé que Los Totora garpa y no me vas a decir nada”. Lo que hago es tratar de ver qué quiso decir, por dónde fue y eso trasladarlo al mundo Totora, y desde nuestro lugar, decir lo mismo. Es muy difícil. De eso se trata el respeto a los autores de cada cover.

—¿Cómo es la división del trabajo entre los cuatro? ¿De qué se encarga cada uno?

Juan Ignacio: —Está súper determinada y es una de las cosas por las que, quizás, hoy cumplimos casi 20 años de trabajo, con amigos y hermanos. Nico es la parte pura y exclusivamente musical y él, con ayuda de Juanqui (Juan Manuel Quieto), laburan muy unidos y son muy cercanos. Nicolás, la dirección, producción y todo; Juanqui su cuota de voz que para nosotros es muy importante. Mi hermano Santi maneja toda la parte administrativa. Además de ser timbalero y percusión, es el nexo con la parte burocrática y administrativa de la empresa. Yo hago la parte comercial. Soy, con mis productores y mánagers, el nexo entre la oficina, Warner, nuestra productora, y la agencia que nos maneja la comunicación.

—Cada uno respeta su lugar.

Juan Ignacio: —Sí, porque entendimos, desde muy chicos y por consejo de nuestros padres, que esto es un privilegio: poder vivir de lo que amamos y hacerlo con nuestros hermanos. Si nos olvidamos que esto es una Pyme y nos queremos hacer los músicos, entre comillas, hippies, que dicen: “A mí no me importa”, va a durar muy poquito… Nosotros sabemos que una pata fundamental de la música es saber… Si vos tenés una gran cuota musical y no la sabés vender, no sirve; y viceversa. Esto es una empresa y estamos en un país complicado, inestable. Entonces, tenemos que ponerle también la mira a eso y nos distribuimos entre los cuatro las funciones. Hoy, nos sale armoniosamente, gracias a Dios.

—¿Cuánto se necesita de talento, cuánto de trabajo y cuánto de suerte?

Nicolás: —De cultura del trabajo tiene que ser el 70%, de talento un 10%, y de suerte, otro 20%. La suerte la necesitás, pero cuando viene tenés que estar preparado, y para estar preparado tenés que estudiar. El talento lo necesitás, pero para explotarlo tenés que estudiar y laburar.

Autoconcierto de Los Totora (Franco Fafasuli) Autoconcierto de Los Totora (Franco Fafasuli)

—Los famosos y futbolistas se les acercan mucho, ¿políticos también?

Juan Ignacio: —Somos una banda que no tiene bandera. Al ser cuatro, no podemos pensar y sentir lo mismo. Lo único que tenemos en común sin dudarlo, sin charlarlo, es el amor por nosotros mismos, el amor familiar y por la banda. Se nos han acercado. La mayoría de las veces hemos dicho que no, pero se nos han acercado comercial y políticamente muchas veces para algún tema de campaña o alguna acción con la banda. Ellos saben que nosotros dando un mensaje llegamos a un montón de jóvenes, quizás muchos más que varios políticos, pero siempre supimos separar. En un país que está, desde que nosotros nacimos, en un estado bélico entre la misma política, no nos convenció en ningún momento.

—¿Les han pedido “Márchate ahora” para temas de campaña?

Juan Ignacio: —Lo han hecho sin autorización.

—¿Y qué se hace con eso?

Juan Ignacio: —Nada, han hecho “No hay más nada” sin autorización. “Solo con un beso” también, en el Interior. Nuestra postura es no perder tiempo en discutir con alguien que agarró algo sin el permiso del dueño.

—¿Cómo fue la experiencia con el público desde los autos?

Nicolás: —180 autos mirándote a la cara con sus parabrisas. Cada canción que terminaba, en vez de un aplauso había sonidos de alarmas, señas de luces, bocinas. A la cuarta, quinta canción, la gente salía por la ventana; a la décima, increíblemente, estaba parada arriba de los autos. La gente tiene una necesidad de lo social, del esparcimiento. Es parte de la libertad que hoy no podemos tener.

Juan Ignacio: —Hoy hay datos de todo, verdaderos o inciertos; hace seis meses que estamos escuchando números. Yo sumaría un dato. Seguramente, la mayoría de los pibes o la gente en general tuvo un porcentaje menos de felicidad este año. Nosotros somos tan sociables como cultura, como sociedad, que al quitarnos eso, tenemos la necesidad de vernos, de compartir. Lo que vimos en el show fue que a la gente no le importó estar adentro del auto: eran felices igual. No sabés la cantidad de gente que se quedó afuera de ese recital. Evidentemente, se extraña mucho ser feliz afuera de tu casa.

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