Crítica: ‘Emily en París’ atrapa con su irrelevancia

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Lily Collins encarna a una joven ingenua entre amores, ropas y estilo

(Fuente: Netflix)Esta crítica se ha escrito después de ver los cinco primeros episodios de ‘Emily en París’. No contiene spoilers.

La de Emily en París no es una historia nueva; americana viviendo en Europa y encontrando curiosas muchas de nuestras costumbres o, en este caso, disfrutando de la capital francesa y procurando no escandalizarse mucho. La nueva propuesta de Darren Starr (Sexo en Nueva York, Younger) llega a Netflix para hacernos soñar un poco.

Emily Cooper (Lily Collins) es una estadounidense de cuna humilde que acaba siendo trasladada a París a una agencia de marketing de marcas de lujo. Todo lo que le rodea es nuevo, la cultura, el ambiente y hasta la clase. El evidente choque que supone una mudanza a un lugar lejano, se mezcla con una forma un tanto naíf de ver el mundo. Ella es bonita y tiene esa imprudencia de cuando tienes 20 años, dando como resultado a la protagonista perfecta para una comedia romántica con un escenario precioso que se mueve en los límites controlados.

(Fuente: Netflix)

Y es que está grabada en París, se reconocen los lugares y los aprovecha para introducir en esa postal a una jovencita de vestir personal y algo estridente. Vestidos de tul, estampados a cuadros y muchos sombreros para un personaje que está en el lugar que toca. Todos queremos ser un poco Emily, y vivir romances apasionados lejos de casa, ir a fiestas con glamour o conocer lugares nuevos. Esa es la mejor baza de esta serie, despierta en nosotros el deseo de que nos atrape.

Cada episodio es una nueva aventura en la que quedará en evidencia en la oficina, conseguirá solucionar un problema profesional con mano izquierda y tendrá una cita social importante. Siempre la misma predecible dinámica que te hace reconocerla como una serie irrelevante y hasta un placer culpable. Pero lo cierto es que engancha, es un lugar feliz y seguro que te da la ración justa de drama para que el espectador no sufra con una porción de bonitez suficiente.

Pero ante la gran pregunta ¿Será Emily en París la nueva Sexo en Nueva York? hay que decir que no, por el momento, de hecho, ni de lejos. Y es que la neoyorkina, además de una protagonista con más personalidad, hablaba de cosas extrapolables y que hacían que el público se identificara de alguna forma. Las cosas que le preocupaban a Carrie Bradshaw y a sus amigas eran conversaciones que todos hemos tenido alguna vez; la serie conseguía utilizar un paquete más o menos banal para hablar de temas sustanciales. A Emily en París le falta esa aspiración, fuera de las anécdotas de su protagonista la serie se deshace como un azucarillo, pero posiblemente su intención tampoco sea la de hacer historia.

(Fuente: Netflix)

Por contra cuenta con un par de personajes secundarios que lo bordan. En especial Philippine Leroy-Beaulieu, quien está perfecta en el papel de Sylvie. Su mezcla de impertinencia y exhibicionismo la convierten en un personaje fuerte y sensual. Constantemente esperas que las escenas con Emily acaben en un bofetón y las que comparte con todos los demás entre sábanas. Es hermosa, y su personaje lo usa con un estilo maravilloso que casi permanentemente exhibe pierna. Logra transmitir un carácter antipático al que se adora desde el primer momento.

El último gran personaje de la serie es el sexo (en su versión más blanca, casta y estadounidense, también es verdad), el coqueteo, el cruce de miradas. Adherido al prototipo francés está ese disfrutar de la vida en toda su definición e incluyendo el amor. No tanto el cariño mimado a fuego lento, el del flechazo, ese que nace del fondo del estómago y dura lo justo. Emily tiene su gran amor, esa relación de fondo bonita, aspiracional y que todos deseamos que tenga un final feliz; pero por el camino no olvida la diversión y la falta de preocupación de quien está de paso en un lugar, en ocasiones incluso cuando la desconciert.

Y lo hace sin importar la edad. Acostumbrados como estamos a que la sensualidad vaya emparejada con juventud, Emily en París muestra que la pasión sigue igual de viva cumplidos los cuarenta, y los cincuenta. Pese a ser una serie muy normativa en muchos de sus aspectos, hay que reconocerle el gesto de no ser un producto que refleje únicamente a los jóvenes perfectos. Aunque también los haya.

El resultado es una comedia cómoda y fácil que te acuna en un lugar seguro donde ver a gente bonita haciendo cosas bonitas. Mucho estilo, perfume y lencería cara, mezclados con una ciudad en la que cualquiera querría perderse un año.

‘Emily en París’ está disponible en Netflix.

Qué es ‘Emily en París’ y por qué puede causar sensación

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