Soledad Silveyra: “Yo no tengo secretos, relato todo, eso me salvó la vida luego de una infancia muy difícil”

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A solas con Teleshow Soledad Silveyra habla de amor, proyectos y política

“En las 11 horas en que esperé el resultado estaba en ese estado de no saber qué era lo mejor”, se sincera Soledad Silveyra, que tuvo que hacerse el hisopado por los contagios en el equipo de Mujeres de El Trece. “Pero siempre prima la cordura. Por un lado te lo querés sacar y por otro, decís: ‘Sole, dejáte de embromar, a ver si todavía se te complica’’‘. Finalmente la actriz obtuvo su resultado negativo, y por prevención se encuentra cumpliendo los 14 días de aislamiento.

Tras los rumores de enfrentamiento con Teté Coustarot y su supuesta salida del programa, Solita le niega a Teleshow sus supuestas intenciones de abandonar el ciclo. “No sé por qué se dijo todo eso”, lamenta, y redobla la apuesta: “No me voy a ir jamás”.

En medio de la cuarentena, Solita celebra su vuelta al cine. Con la dirección de Saula Benavente, la artista se mete de lleno en Karakol, una película sobre el duelo y los secretos familiares que se revelan tras la muerte, que puede verse por Cine.Ar Play.

—Karakol habla de los secretos y la búsqueda de respuestas. Vos, ¿cómo sos con los secretos?

—Soy un desastre: no tengo secretos, cuento todo. Obviamente, no a todo el mundo, pero no tengo nada que alguien de mi familia no conozca. Es una cosa increíble. Eso me salvó la vida: cuando uno ha tenido infancias difíciles, muy difíciles, esa cosa extrovertida de contar y de poder decir todo me ayudó mucho. Así que cuando me reta mi psicoanalista, digo: “¿Qué querés que haga? Soy así”. No sé si lo quiero cambiar, aunque dicen que es necesario tener…

—La tuviste pesada a lo largo de tu vida.

—Muy pesada. Y esa almita de niña que me quedó… Por algo me gusta que me digan Solita, esa parte de niña no me la puedo sacar.

—En Solita, hay una cosa de estar solita. Vos te criaste con tu abuela. ¿Te sentiste sola?

—Sí, claro. Me lo puse yo el Solita, como me puse el Tatita de abuela, en honor a mi abuelo. Tenía un disco de pasta, cuando era chiquita, que de un lado tenía “La farolera” y del otro lado, “Déjenla sola, solita y sola”. El mantra mío fue: “…que la quiero ver bailar, saltar y brincar, andar por los aires y moverse con mucho donaire”. No sé si el donaire lo conseguí, pero que soy ese mantra, soy ese mantra. Es mi esencia.

—Sí, no parás.

—Eso me ayudó y hay una parte mía… Los actores somos todos niños, tratamos todos de cuidar mucho a nuestro niño porque está todo ahí. Ese espíritu mío también se lo debo al dolor, y que pude reconvertirlo. Hoy disfruto mucho la vida. En el programa, decía Teté algo que no le gusta de mí: que me diga “vieja” todo el tiempo. Mis nietas, de alguna manera, me cambiaron la vida. Al no tener novio, no me pesa la palabra porque no me siento vieja, al contrario, en todo caso me siento una joven vieja. No tengo el peso de la vejez. Me ha dado muchas cosas el paso del tiempo. Es como que me tomo el pelo a mí misma y, al mismo tiempo, soy una señora de 68 años.

Luego de los 14 días de aislamiento Soleada Silveyra vuelve a la conducción en Luego de los 14 días de aislamiento Soleada Silveyra vuelve a la conducción en “Mujeres del 13”

—Mencionaste la charla con Teté. ¿Cómo queda Mujeres? ¿Cómo sigue el programa?

—Vivo en un edificio donde hay mucha gente mayor, entonces, por respeto a mis vecinos, me tengo que quedar lo que dice la ley: 14 días. Y después vuelvo al programa. En ningún momento me iba a ir del programa.

—¿Estás contenta con el programa?

—Producir en pandemia es muy difícil. Los actores no te van, hay todo un tema; no es la televisión que estamos acostumbrados a hacer. Estás con miedo. Salimos muy rápido, nos largaron muy rápido. La primera semana te diría que no porque todo salió volando. Es muy difícil también para la productora. Entonces, el programa está buscando su identidad. Tengo una mirada de la mujer distinta de la que pueden tener los varones, en el sentido de que hoy estamos para todo y hay que encontrarle ese perfil de mujeres. Es un público a las dos y media de la tarde que no es fácil.

—¿Sentís que los primeros programas le hablaban a mujeres más antiguas?

—Un poquito sí. Lo que pasa es que el programa salió muy rápido, se lo iba a encontrar en el andar.

—¿Y el vínculo entre ustedes, entre las cinco, qué tal es?

—No tuvimos tiempo de construir un vínculo. Hicimos cinco programas corriendo, en una situación caótica de coronavirus, con miedo al micrófono. Las pocas reuniones que tuvimos fueron por Zoom. Obviamente nos falta, pero estamos convencidas. Por eso decía que no me voy a ir jamás. Me dolió que dijeran lo de la discusión o la pelea con Teté porque si hay algo que para mí es sagrado es ese vínculo como nosotras y cómo planteé que fuera el programa. Jamás busqué protagonizarlo, estoy vestida de otro color en las promos de casualidad.

—En las fotos estás en el centro, también. Hay un reconocimiento a una trayectoria.

—Eso puede ser. Pero estoy vestida de otro color de casualidad porque la ropa que me llevaron me quedaba grande y llevé ropa por las dudas. Siempre quise que fuéramos un equipo y me parecía genial que conduzca cada una un día distinto. En realidad, conducir es más recibir el programa, y no más. Una cosa colectiva desde el punto de vista ideológico como mujer, también.

Soledad Silveyra en Karakol, el filme de Saula Benavente Soledad Silveyra en Karakol, el filme de Saula Benavente

—¿Cómo ves a la Argentina hoy?

—Es un momento muy difícil para evaluar a la Argentina. El Gobierno, más allá de estar de un lado o de otro, que no me pasa a mí, pero por los años que tengo y que salí a laburar… Fue toda una decisión salir a laburar; le dije al Chato (Prada): “Dame 48 horas, déjame hablar con mi familia y ver qué hago”. Me cuidé muchísimo durante toda la pandemia. Me estoy cuidando. Salir me abrió la cabeza, me oxigené. Venía estudiando toda la pandemia, leyendo filósofos. Me interesó muchísimo la humanidad. En todos hay un texto de la Allende (Isabel Allende) que dice: “Por única vez fuimos una sola humanidad”. Eso me quedó. Quedaron muchas cosas al desnudo. Era algo que estábamos viviendo, estamos viviendo, absolutamente nuevo para todos. Me resulta muy difícil. Me alegra que se haya arreglado la deuda. No soy peronista. Desde chiquita me han querido hacer peronista los mejores peronistas, desde (Carlos) Carella a David Stivel. Siempre me quisieron hacer peronista y siempre he visto dos peronismos: nunca entendí al movimiento. En una década de derecha, en otra más progres. Siempre fui afiliada al Partido Socialista. O sea, no tengo alma… Lo entiendo, pero nunca pude formar parte. Lo que siento es esperanza en que dejemos de estar tan agrietados. La grieta ya me enferma. No puedo ver un canal y ver una cosa, y ver otro canal y ver otra. Tanta pelea, cuando estamos en el medio los ciudadanos… No, no… Soy una tibia.

—Cuando empezó todo esto parecía que nos acercábamos. Me acuerdo del primer anuncio de Alberto Fernández el 19 de marzo.

—Fue lindísimo ese momento para todos. Es muy doloroso, estoy agotada, no puedo creer. No me gusta porque, desgraciadamente, así es muy difícil que podamos salir y todos nos prometen que van a hablar y nunca se habla. Me causa mucho daño, y si no tomás una posición, sos una tibia. Hay algunas cosas que me gustan de uno y otras que me gustan de otro. No puedo definirme. Soy una mina con un pensamiento humanista, soy consciente de que tengo dos pibes pobres cada tres y me desespera, las desigualdades que vi durante esta pandemia, de pibes que no tienen la menor posibilidad de educarse…

—¿Cómo están tus nietos? ¿Los extrañás?

—Mucho. Con las nietas estuve 70 días, pero con los varones no. Me escapé un día, me fui a verlos, y no me querían dejar entrar (risas). Pero estoy permanentemente en contacto por videollamada. Sí, los extraño. Tuve una experiencia maravillosa con las nietas, con estos 70 días. Mi nieta mayor cumple el 20 de marzo, el día que empezó la cuarentena, y me fui. Alberto nos había mandado a guardar antes.

—Y te fuiste a pasarla con ellas.

—Me llama mi hijo el martes y me dice: “Mamá, ¿te vas a quedar ahí?”. Y le digo: “Sí, hijo, ¿qué voy a hacer?”. “Venite”. No terminó de decirlo que agarré el auto y salí volando para su casa. Tuve el privilegio de estar 70 días con mis nietas. Nunca había estado tanto tiempo.

—¿Cómo está el corazón? ¿Andás enamorada?

—No, tengo ganas, pero hasta ahí. No sé… Una está fuera de mercado ya.

—¡Por favor!

—Los señores muy mayores no me gustan. Me refiero a 80, que es lo que te deja el mercado (risas).

—¿Tuviste alguna cita durante la cuarentena?, ¿algún encuentro virtual?

—¡No! ¡Qué voy a tener una cita! ¿Estás loca? No soy nada virtual para esas cosas. Habrá que esperar.

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