animación o live action, ¿cuál es la mejor lectura?

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Lo sabemos, extrañaste a Mushu (¿quién no?). Te estás preguntando por esas batallas ralentizadas y te sorprendió que la escena del corte de cabello de la Mulán animada no llegara a su versión live action. La película de Niki Caro a levantado algunas suceptibilidades entre los amantes del clásico animado y más de un comentario por su tono sobrio, épico y más enfocado en la cultura china que en la película llena de chistes y canciones memorables que todos amamos en la infancia.

Por supuesto, era evidente que habría considerables diferencias entre un planteamiento y otro, pero lo que gran parte del público no esperaba era una adaptación de Mulan más cercana a un film de guerra valiente, y con formidables tomas, que a la entrañable historia familiar que hizo historia en la factoría Disney.

¿Cuál es el mejor enfoque?¿Cuál es el más cercano al personaje original?¿Qué película tiene una mayor capacidad para conmover, asombrar y emocionar? Analizamos un tema singular que nos lleva a ese espinoso espacio de las adaptaciones de clásicos de enorme impacto cultural en versiones que, por lo general, son en realidad revisiones de historias complejas de enorme arraigo en el público.

Un poco de contexto

La Mulán de 1998 fue parte del Renacimiento de Disney como estudio dedicado a prodigios animados: por casi tres décadas, el estudio había tenido serios problemas para reverdecer sus éxitos del pasado y en especial recuperar la calidad de sus producciones.

La Sirenita (1989), de Ron Clements y John Musker, fue una puerta abierta hacia toda una reestructuración del departamento de animación de la compañía, y una búsqueda del origen del éxito que distinguió a Disney durante buena parte de su historia cinematográfica.

Después llegaría La Bella y la Bestia (1991), de Gary Trousdale y Kirk Wise, quizá la película de la compañía con más impacto en la década. Y, por supuesto, el gran éxito de crítica El Rey León (1994) de Rob Minkoff y Roger Allers, la popularísima Aladín (1992) de Ron Clement y John Musker, Pocahontas (1995) de Eric Goldberg y Mike Gabriel y el Jorobado de Notre Dame, de Gary Trousdale y Kirk Wise en 1996.

Pero la llegada de Mulán estuvo precedida por uno de los pocos fracasos de la compañía de los años noventa: Hércules (1997), dirigida por Ron Clements y John Musker, tuvo una escasísima repercusión en la taquilla y críticas tibias, a pesar de su calidad y el empeño del estudio por mostrar una nueva era de películas basadas en personajes mitológicos. Un matiz por completo distinto a los cuentos de hadas, leyendas locales e incluso, adaptaciones literarias que hasta entonces se habían pasado.

Mulán, de Tony Bancroft y Barry Cook, tuvo que lidiar con el hecho de también ser parte de un legado cultural muy amplio, que provocó una gran cantidad de críticas por su poco apego a la leyenda original del personaje y por la forma en que mostró la cultura China.

Para el remake del nuevo milenio, el objetivo era acercar a Mulán al gentilicio original de la heroína. También a la leyenda que recoge el poema The Ballad of Mulan. Por supuesto, eso implicó alejarse de forma considerable de la versión animada y de convertir la película de Niki Caro en algo por completo distinto a la alegre visión de la joven valiente que lucha por el honor de su familia de veinte años atrás.

Para lograrlo, se tomaron decisiones específicas: eliminar canciones, humor, animales mitológicos — o al menos los que eran capaces de hablar — y enfocar la película hacia el género cinematográfico chino wuxia; conocido por crear films de artes marciales estilizadas ambientadas en la antigua China. Algo semejante ocurre con la percepción sobre el personaje, que se aleja mucho de la joven graciosa, torpe y adorable de la animación. Desde esta perspectiva, podemos analizar la película desde varios puntos específicos:

El personaje de Mulán en live action vs. animación

© 2019 Disney Enterprises, Inc.

En la película animada del ’98, Mulán (Ming-Na Wen) es una chica normal que no está preparada según lo dicta la tradición ancestral de su cultura y que como la única hija de la familia debe acatar.

Mulán es torpe, un poco ingenua, pero también llena de buenas intenciones y con una enorme voluntad de lucha. Cuando la proclama del Emperador exige luchar para proteger al Imperio, la decisión de ir en lugar de su padre es un acto de amor, devoción desinteresado y una forma de demostrar su compromiso con su familia. De inmediato, destaca como soldado y al final triunfa gracias a su valor, audacia y, sin duda, capacidad para enfrentarse a los obstáculos en su camino con gracia y buen humor.

En la versión live action, Mulán tiene capacidades sobrenaturales. Debido a eso, está condenada al ostracismo. Es cercana a su padre y a su hermana, pero la relación se mantiene en los términos de distancia tradicionales entre las familias chinas. Como si lo anterior no fuera suficiente, Mulán es una figura que provoca sobresalto e incluso temor en el pueblo en el que vive, en el que se le considera “bruja”.

Mientras la Mulán animada toma decisiones basadas en su necesidad de ayudar a su padre (con quien sostiene una relación firme y amorosa), la Mulán del 2020 está más influenciada por la percepción del destino. Y de hecho, mientras la versión del ’98 del personaje es activa, imaginativa y llena de una entusiasta capacidad para luchar, la Mulán del ’20 es más cercana a un personaje mitológico predestinado a una gran misión.

¿Cuál es mejor? Depende de lo que consideres hace más solido un personaje: La capacidad de la Mulán animada para sostener sus propias acciones sobre decisiones, o la habilidad de la Mulán live action para asumir con fortaleza lo que se espera de ella.

A diferencia de la Mulán animada, que es una fuerza activa en la configuración de su propio destino, la Mulán de acción real se une al Ejército Imperial y el resto de la trama simplemente le sucede a ella. En la película animada, a la heroína se le ocurre el plan para desencadenar una avalancha y eliminar al ejército huno, demostrando su valía como soldado y convirtiéndose en el héroe de China.

Personajes secundarios

El live action de Mulán decidió eliminar a todos los secundarios de lujo que hicieron extraordinaria la película animada. Apenas hay unas cuantas adiciones, que incluyen al nuevo interés amoroso de la heroína, Chen Honghui (interpretado por Yoson An) y la bruja Xianniang (Gong Li), que es la contraposición oscura de la poderosa cualidad mágica de Mulán.

Sin embargo, en el apartado de personaje al margen de la historia principal, el live action se queda muy atrás de la versión animada.

La historia

Mulán© 2019 Disney Enterprises, Inc.

Las historias que cuentan ambas versiones son por completas distintas, a pesar de estar basadas en el origen. Mientras la versión del ’20 es mucho más fiel a La Balada de Mulán, la animada tiene un argumento más compacto, inteligente y bien planteado. En especial en la forma de reflexionar sobre las decisiones de su personaje.

Por su parte, el live action establece la premisa de la hija con un misterio que debe defender el honor familiar, la animada desarrolla con mucha más inteligencia al personaje. En la versión de Niki Caro, la heroína es una guerrera sobrenatural en busca de su lugar. En la animada, una mujer fuerte que demuestra sus habilidades por el bien común.

¿En conclusión? La historia animada es mucho más sensible con la transformación de Mulán en una guerrera por derecho propio, mientras que la versión de Caro está más cercana a un extraño camino del héroe que flaquea al intentar explicar la forma en que Mulán comprende su poder y sus implicaciones.

La importancia de la banda sonora

Sin discusión, la Mulán animada es muy superior a la actual en el apartado musical. La versión del ’98 no solo tiene varias de las mejores canciones de la historia de Disney, sino que además es una hermosa combinación de un score con tonadas tradicionales chinas y la batuta de Jerry Goldsmith. Además de incluir las maravillosas canciones Honor to Us All, Reflection, I’ll Make a Man Out Of You y A Girl Worth Fighting” que además de ser extraordinarias canciones, permitían a la trama avanzar sin largos diálogos explicativos.

La discreta banda sonora de la Mulán del milenio es obra de Harry Gregson-Williams y aunque tiene una considerable carga étnica y una delicada belleza a nivel instrumental, carece de la importancia narrativa que finalmente tuvieron las canciones animadas de la versión animada.

La acción

© 2019 Disney Enterprises, Inc.

Con su estilo épico, formidable y trepidante, sin duda la Mulán actual supera con creces a la animada. Las batallas épicas están elegantemente coreografiadas, siguiendo al personaje mientras se mueve entre los soldados como un espectro gracias a sus formidables dotes en contraposición a la animada, en las que las batallas tienen muy poca relevancia en comparación con otros tópicos de importancia en el argumento.

De modo que, al menos en este apartado, la Mulán del milenio es mucho más brillante y con un desempeño más inteligente que la animada.

Mulán: ¿Veredicto?

Con su argumento sólido, banda sonora impecable, capacidad para conmover y un personaje rico en matices, la Mulán animada supera con creces a la sobria, adulta y fría versión del ’20.

No obstante, lo anterior no quiere decir que el film de Niki Caro sea por completo desdeñable: se trata de aproximaciones por completo paralelas de un mismo tema. Por supuesto, es indudable que la Mulán de 2020 hizo un mejor trabajo con las secuencias de acción, tenía un villano más convincente con Xianniang y estaba mucho más cerca del material original, pero el resultado es demasiado largo y convirtió a la layenda en un personaje unidimensional.

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