Lizy Tagliani: “Cuando era chica sentía vergüenza de mi mamá y no hago más que castigarme por eso”

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Lizy Tagliani se conmovió al recordar su infancia (Video: “Podemos Hablar”, Telefe)

Que Lizy Tagliani amó y sigue amando profundamente a su madre, doña Tina, no es ninguna novedad. Sin embargo, invitada a Podemos Hablar, por Telefe, la artista no pudo evitar las lágrimas al recordar lo poco que había valorado el esfuerzo que ella había hecho para criarla cuando todavía todavía era tan solo una niña.

La consigna que Andy Kusnetzoff, conductor del ciclo, había dado para el Punto de encuentro tenía que ver con el bullying. Pero Lizy, que claramente lo sufrió, sorprendió con su relato. “Yo tengo una visión muy particular porque tengo 49 años y no me daba cuenta de las situaciones que estaba pasando. Porque era conmigo, pero era con todos: con el gordo, con el flaco, con el negro, con el alto, con el inteligente, con el que le costaba, con el que era pobre, con el que era rico, con el que era lindo, con el que era feo, con el maricón y con el no maricón… Entonces no sentía que era algo que me pasara a mí, porque sin querer… No sin querer, no sé de qué manera, yo también fui muchas veces discriminadora”, comenzó diciendo.

Enseguida, Lizy explicó que en el colegio ella sentía “mucha vergüenza”. ¿Por qué? ”No me daba tanta vergüenza mi sexualidad, por llamarlo de alguna manera, porque siempre fui muy libre gracias a mi mamá y a sus maridos o papás, todos los que tuve… Pero sí me daba vergüenza ser muy pobre en un momento. Y no tanto ser pobre, sino mi mamá me daba vergüenza. Que es una de las cosas que más me angustia de grande”, confesó.

La artista aseguró que es un tema que ya sanó, porque lo pudo hablar con su madre. Pero explicó: “Para mí fue todo, lo es. Pero llegó un momento donde yo tenía vegüenza porque era gordita, porque era pobre, porque trabajaba de mucama… Yo empezaba a conectar con nenes que tenían otra realidad y como que la negaba. Inventaba. Una vez me puse en la carpeta la foto de una patrona de mi mamá, Maité se llamaba, y decía que era mi mamá”.

Una postal de Lizy junto a su madre en el día de su comunión (Foto: Instagram)

¿Si esa situación la hizo sentir culpable de grande? “Yo creo que desde los dieciocho años no hago más que castigarme con eso”, sentenció Lizy. Y luego se explayó relatando todo lo que doña Tina había hecho por ella, empezando por dejar su Chaco natal para ir a probar suerte a la Capital Federal sin saber cómo iba a hacer para sobrevivir.

“Ella no sabía cuál iba a ser mi destino, porque era una mamá soltera. Y, en esa época, no sabía si me iban a regalar, si mi abuela me iba a criar como si fuera mi mamá…. Entonces me envolvió con unas sabanitas que le regalaron unas amigas, se tomó un micro y se vino a Buenos Aires sin saber adónde iba a ir. Empezó a generar un destino. Pero habrá dejado su vida, sus amores, sus afectos, su familia, su historia…”, reconoció Tagliani.

Con los ojos empañados, Lizy recordó que su mamá tomaba mate con sus tías y siempre recordaba anécdotas de su provincia. “Ella vivía todo el tiempo en el Chaco. Pero dejó todo eso por mí. Y haber sido tan desagradecida ese tiempo, aunque sea inconscientemente, es un dolor muy grande que me cuesta más allá de todo lo que yo después conecté con mi mamá cuando aprendí. Pero es muy feo”, se sinceró.

En ese momento, Andy le recordó una anécdota que ella, en tono jocoso, había contado hasta en los monólogos de sus espectáculos. Sin embargo, esta vez de manera seria, la rememoró: “Para mí era normal que mi mamá calentara el agua para bañarme en una lata de aceite de cinco litros. Hasta que un día me llevó a su trabajo. Y cuando abrió la ducha yo dije: ’Disney’. Nunca había visto una. Tenía seis, siete años”.

Finalmente, ya sin poder contener las lágrimas, Lizy hizo una reflexión sobre su éxito actual y lo que doña Tina sentiría al verla. “A mí me fascina el amor. Porque recibí de una sola persona, que era mi mamá, el amor más grande. Y descubrí que la fama es la forma que uno tiene de amar y recibir cariño. Me encanta, no podría vivir de otra forma. Pero no lo digo como una pose, me gusta. Yo siempre quiero ser el orgullo de mi mamá, sea médica, verdulera o peluquera, que ella estaba re contenta que yo tenía un trabajo. Pensá que yo le hice un muro a la casa y le puse agua caliente y fue como un logro. Y este amor que yo siento que me tiene la gente creo que ella, donde esté, lo agradece. Porque es como decir: ’Acá les dejo a mi hija, cuídenmela’”, concluyó.

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