Los 55 de Charlie Sheen: éxitos, excesos y terribles acusaciones en una vida repleta de escándalos

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Nació azul. Tardó un tiempo en dar los primeros signos vitales mientras el obstetra lo sacudía. Sus padres, una pareja de actores jóvenes contuvieron la respiración y la angustia se instaló en sus esternones. Nadie hablaba en la sala de partos; sólo se escuchaban los chirlos urgidos del doctor en la espalda del bebe. Hasta que un llanto agudo alivió la tensión. Lo llamaron Carlos Irwin Estévez.

Como toda la familia -sus padres y sus otros tres hermanos- se dedicó a la actuación. Pero de los hermanos fue el único que adoptó el apellido artístico del padre, Sheen, dejando atrás la prosapia latina.

Ese nacimiento, ese tener en vilo a sus afectos y a los que lo rodeaban, pareció un preanuncio de lo que vendría. Si en ese caso fue producto de una accidente, del cordón umbilical enredado en su cuello en un tiempo sin ecografías fidedignas, después fue todo obra suya y de sus excesos. Su padre, Martin Sheen, dijo que a partir de ese momento nunca más se calló. Y lo suyo siempre fueron los alaridos.

No hay lugar común de los excesos de las súper estrellas que él no haya perfeccionado. ¿Destrozar una habitación de hotel? La del Plaza de Manhattan con su ex mujer y sus hijos pequeños alojados en una habitación frente a la suya; en su habitación estaba Capri Anderson, actriz porno de 22 años (edad promedio de sus parejas sin importar en qué punto de su propia trayectoria vital se encuentre) que se atrincheró en el baño para no ser herida; por la reconstrucción de la suite debió pagar una cifra récord. ¿Drogas? Todas las posibles con varias sobredosis. ¿Alcohol? Ingirió ríos de bebida blanca ¿Problemas con la policía? Innumerables desde su adolescencia hasta ahora. ¿Rehabilitaciones? Al menos una decena. ¿Sexo? Todo el posible; ha salido con todas las estrellas porno de las últimas dos décadas. ¿Escándalos para los tabloides? En algún momento, uno por semana. ¿Episodios de violencia y acusaciones de abusos sexuales? Muchos y muy verosímiles.

De chico filmaba películas Súper 8 con su hermano mayor, Emilio Estévez, y algunos amigos de éste: Sean Penn y Rob Lowe, entre otros. Buscando su oportunidad en el mundo del cine tuvo que soportar que ellos tuvieran éxito primero. El Brat Pack era sensación y Charlie creyó que su tren había pasado, que ya no tendría la chance de ser una estrella. Esa sensación sería casi una constante en su carrera. Varias veces cayó y sobrevoló la sensación de que su última chance había pasado, pero siempre logró sobreponerse y conseguir un nuevo éxito.

Charlie junto a su padre, el también actor Martin Sheen  163 Charlie junto a su padre, el también actor Martin Sheen 163

Mientras su hermano triunfaba y su padre, Martin Sheen, era un actor de prestigio y exitoso, Charlie lograba llamar la atención. Lo echaron del colegio, lo detuvieron por posesión de drogas y hasta tuvo que pasar unos días en prisión por un fraude con tarjetas de crédito. Sin embargo, casi por una cuestión de linaje, Hollywood le dio una chance. Actúó en Red Dawn y en ese clásico que es Ferris Bueller’s Day Off. Hasta que un director y guionista en ascenso le hizo una propuesta para un protagónico en una película bélica. Oliver Stone había visto The Boys Next Door, un pequeño film independiente en el que Charlie sobresalía. Pero no estaba del todo convencido. Un productor le advirtió que el joven actor era indisciplinado. Desde ese tiempo el rumor estaba instalado. Pero los tres principales candidatos rechazaron el papel. Sean Penn, Keanu Reeves y John Cusack dejaron pasar la oportunidad. El primer elegido, aunque parezca mentira, había sido Emilio Estevez, hermano de Charlie. Pero eso había sido tres años antes y por falta de financiación la producción debió frenarse. Emilio había crecido y era importante en la industria; demasiado importante para la poca capacidad salarial que tenía Oliver Stone para el papel. Pero Charlie Sheen era barato y buscaba su gran oportunidad. Pelotón, con el éxito de taquilla, las buenas críticas y el Oscar a mejor película se la dio. Al año siguiente vino Wall Street. Otra vez Oliver Stones junto a Charlie. En esa película actuó con su padre, Martin. Hay dos grandes escenas en las que interactúan. En una en la que al personaje de Charlie detienen debido a los ilícitos que su codicia le hizo cometer, hay una especie de enfrentamiento entre ellos, un ajuste de cuentas, el drama universal del hijo defraudando las expectativas paternas. Para prepararse para esa escena, Charlie llevó una carta que su padre le había escrito unos años antes. Antes de que Oliver Stone ordenara rodar, él la releyó: “Debés reordenar tus prioridades. Gastás el dinero como si fueras un marinero borracho”, había escrito Martin Sheen a su hijo. La lectura lo dispuso para la escena. El remordimiento y la vergüenza que su personaje padecía ahora estaban dentro suyo.

PLATOON, Willem Dafoe, Charlie Sheen, Tom Berenger, 1986. (c) Orion Pictures/ Courtesy: Everett Collection. PLATOON, Willem Dafoe, Charlie Sheen, Tom Berenger, 1986. (c) Orion Pictures/ Courtesy: Everett Collection.

El otro gran momento es cuando visita a su padre en la habitación del hospital. Su progenitor ha sufrido un infarto. Él está conmovido y con temor. Ambos tuvieron que actuar poco, sólo recordar. Esa escena ya había tenido lugar en la vida real una década antes. En Filipinas durante el rodaje de Apocalypse Now, Martin Sheen tuvo un infarto masivo que lo dejó al borde de la muerte. Hasta un cura le dio la extrema unción. Su familia estaba con él en ese momento pero Charlie fue quién más sufrió la situación y quién más temió por la salud de Martin. Su padre siempre fue su héroe. En cada uno de sus hogares sólo un elemento de decoración se repitió. Un poster gigantesco de Martin Sheen y Marlon Brando durante el rodaje de Apocalypse Now. Esa y Tiburón son las películas favoritas de Charlie. Tanto es así que asegura que las vio más de 150 veces cada una. Puede repetir sus parlamentos sin ningún problema. De Tiburón refiere el monólogo de Robert Shaw en la dependencia municipal cuando los hombres más importantes del pueblo discuten qué hacer con el visitante inesperado. De la película bélica de Coppola, se siente, según el día, representado por diversos personajes. Algunas noches es el Capitán Willard (el que encarnó su padre) buscando algo que no sabe bien qué es, metido en un viaje hacia lo desconocido; otras veces es el Coronel Kurz, el alucinado personaje de Brando que está de vuelta de todo, en el que conviven una lucidez insoportable y lo irracional; la gran mayoría de las veces es el fotógrafo de Dennis Hopper; y en muchas oportunidades es Kilgore, el personaje interpretado por Robert Duvall: él ama el olor del porno (no del napalm) por las mañanas y anda por la vida con La Cabalgata de las Valquirias como soundtrack. Entre los muchos tatuajes de su cuerpo, uno resalta: las Cartas de la Muerte de Kilgore (son las cartas de póker que Kilgore tira sobre los cadáveres de los vietcongs que deja sembrados en la playa).

Cuando alguien le pregunta en qué está pensando, él suele responder con una cita de algunas de esas dos películas.

Después de Wall Street, Oliver Stone le dijo que ellos serían una dupla, que serían los De Niro y Scorsese de las nuevas generaciones. Le dio el guión de Nacido el 4 de Julio y le presentó a Ron Kovic, el autor del libro y protagonista de la historia. Pero a través de los diarios se enteró que el papel fue otorgado a Tom Cruise. Para muchos a partir de ese momento su carrera cinematográfica se desmoronó. Dejó de participar en películas de prestigio y tuvo, además de algunas colaboraciones con su hermano Emilio, primeros papeles en proyectos cómicos. Las sagas de Locos del Aire (Hot Shots) y Major League lo tuvieron de protagonista. Aunque los críticos las consideraron pasos atrás en su carrera, fueron vehículos en los que Charlie mostró su gran timing cómico y su presencia escénica. Su caminata hasta el montículo de lanzamiento mientras todo el estadio canta Wild Thing de Los Troggs sigue siendo una gran escena. Major League le permitió también mostrar lo bueno que es como beisbolista. En su juventud lo veían como un posible jugador profesional, aunque se sabe, le faltó la disciplina necesaria para convertirse en deportista de elite.

Charlie Sheen protagonizó Two and a Half Men durante 8 temporadas Charlie Sheen protagonizó Two and a Half Men durante 8 temporadas

Los noventa no fueron grandes años para su carrera. Ya se hablaba de sus desbordes y de sus excentricidades y los grandes papeles le eran negados. En el año 2000 apareció una oportunidad. Lo que parecía un descarte, un manotazo de ahogado para exprimir los estertores de lo que había sido un suceso, se convirtió en algo que multiplicó el éxito de la serie y relanzó la carrera de Charlie Sheen. El parkinson de Michael Fox había avanzado demasiado y debía bajarse de Spin City, la serie que protagonizaba. Los productores antes de resignarse y dar de baja la comedia, contrataron a Charlie como reemplazo. No parecía una gran idea. Sin embargo, Sheen revitalizó la serie y multiplicó el éxito. Tiempo después llegó la propuesta de otra sitcom: Two and a Half Men. Ocho temporadas, varios premios y récords de rating. Charlie Harper, el personaje principal, siempre con camisas de bowling se parecía demasiado al actor que lo interpretaba. Impune, irresponsable, fascinado por las fiestas y alcohol, siempre caminaba por la cornisa.

Al tiempo que la serie se convertía en un éxito, el salario y los escándalos de Charlie crecían. En la octava temporada atacó con fiereza a Chuck Lorre, creador de la serie. Hubo idas y vueltas, la serie canceló sus grabaciones temporalmente para que Charlie iniciara una nueva rehabilitación, y cuando todo parecía calmarse, el actor volvió a la carga. El estudio hizo lo que nadie creyó que hiciera: lo despidió. Pasó de ser el actor mejor pago de la televisión -dos millones de dólares por capítulo- a estar desempleado. Él siguió atacando. Llamaba a los programas, utilizaba las redes sociales, hablaba con periodistas amigos. Los insultos y ataques a Lorre y sus compañeros se incrementaban.

Por lo general las historias de caídas en Hollywood se dan a conocer luego de que el actor deja de estar en la cima (“Dicen que lo malo de estar en la cima es la soledad. Pero a mí me gusta la vista”, afirmaba). Allí se lo ve perdido, envuelto en un mundo de drogas, de gastos irrefrenables, de soledad. El caso de Charlie fue diferente. Él expuso todo eso mientras era el actor mejor pago del medio. Eso provocó que la atención sobre él y su caso se viera incrementada de una manera sobrenatural. “Durante algunas semanas fui el hombre más famoso, y tal vez más importante, del mundo”, suele decir con cierto orgullo.

El espectáculo era atroz. A los ojos de todo el mundo (literalmente) su caída y despedazamiento se conocían en tiempo real.

Charlie Sheen perdió su trabajo en Charlie Sheen perdió su trabajo en “Two and a Half Men” por su vida de excesos

Las actrices porno, sus dientes de oro (que por contrato debía cubrir con fundas blancas en cada aparición pública) las peleas, los insultos, los tuits incomprensibles. Sin embargo, como pasó siempre en su carrera, tuvo una nueva oportunidad. Anger Management, una serie que si llegaba a cierto rating en su primera decena de capítulos, le aseguraba otros 90 episodios y un total de 50 millones de dólares. Filmó cien capítulos. Después de eso sus incursiones laborales fueron escasas. Pero su nombre siguió sonando en los medios.

La denuncia de alguna ex pareja, el destrozo de una nueva habitación de hotel. O cosas muchos más importantes como la acusación de violación de un actor de 13 años cuando él tenía 19, o de las ex esposas por el incumplimiento de las cuotas alimentarias o por violencia de género.

En el 2015, en un programa televisivo, anunció que era HIV Positivo. Contó que lo sabía desde hacía cuatro años pero que lo contaba en ese momento porque estaba siendo extorsionado y ya había gastado diez millones de dólares en mantenerlos callados. Dijo también que en esos cuatro años cada una de sus parejas sexuales (calculó el número en 200) supieron de su condición y que el sexo siempre fue con protección. Aunque no faltó quien dijera que con ella el actor no sólo no le había informado ser portador del virus, sino que tampoco se había cuidado.

La confesión de Charlie no sólo dio de comer a la prensa sensacionalista. Produjo un pequeño fenómeno que se conoció como “El Efecto Charlie Sheen”. Las consultas sobre el HIV se multiplicaron por millones en los buscadores y en las redes sociales, el efecto de la noticia sirvió para concientizar y para que la información preventiva se propagara en tiempos en que se estaba olvidando. Algunos quisieron comparar el efecto de su confesión con la de Magic Johnson, un cuarto de siglo antes. Charlie instó a otros famosos a dar a conocer que eran HIV positivo para concientizar y para acompañar a otros portadores ignotos.

Junto a su ex, Denise Richards, y dos de sus hijos. Grosby Group 163 Junto a su ex, Denise Richards, y dos de sus hijos. Grosby Group 163

Charlie Sheen se casó tres veces y tiene cinco hijos. La primera hija ya lo convirtió en abuelo y es fruto de un noviazgo adolescente. Su primer matrimonio fue con Donna Peele y duró apenas un año; luego se casó con la actriz Denise Richards con la que tuvo dos hijos durante los cuatro años de unión; el tercer y por ahora último casamiento fue con Brooke Muller en el 2008, con la que se divorció tras otros dos hijos y tres años.

Con cada una de ellas tuvo episodios de violencia. En el 2009 fue arrestado en Colorado por amenazar a su entonces esposa Brooke Muller con un cuchillo. En 1990 su novia era Kelly Preston, recientemente fallecida y esposa durante décadas de John Travolta. En ese tiempo, Kelly sufrió una herida de bala en un brazo. Según la versión que dieron ambos, Kelly levantó un pantalón tirado en el baño y del bolsillo trasero cayó una revolver calibre 22, que al golpear contra el suelo se disparó y una esquirla lastimó a la mujer. Muchas otras parejas ocasionales lo denunciaron por algún tipo de violencia. Charlie Sheen solía rechazar las acusaciones contraatacando: aducía que estas mujeres, conquistas ocasionales, pretendían chantajearlo.

Hace poco otro actor juvenil pero de una generación posterior a la de Sheen realizó una fuerte acusación en un documental. Corey Feldman afirmó que su amigo Corey Haim fue violado cuando tenía 13 años por Charlie Sheen, de 19 en ese entonces, mientras compartían elenco en la película Lucas. “Corey me contó que Charlie lo llevó entre dos contenedores a un costado del set de filmación y lo penetró analmente”, sostuvo Feldman. Otras personas cercanas a Haim confirmaron los dichos mientras que Charlie negó de manera terminante los hechos.

Para zafar de la bancarrota: saludos por la red social Cameo Para zafar de la bancarrota: saludos por la red social Cameo

En los últimos años sus apariciones públicas se han espaciado. Para los productores cinematográficos parece tóxico. Nadie arriesga plata en un proyecto que lo involucre. Demasiada inestabilidad, demasiado riesgo. Pidió que se redujeran las cuotas alimentarias que le pasa a sus hijos porque no puede afrontar esos gastos mensuales. El actor que ganaba dos millones por episodio, el que fue el mejor pagado de la historia de la televisión, adujo que está cerca de la bancarrota. La situación es verosímil. El nivel de gastos que tenía era descomunal. Un testigo afirmó que en una noche podía llegar a gastar hasta 130.000 dólares. Una proeza del dispendio y de la imaginación (hay que ser muy creativo para gastar ese dinero en doce horas).

Es uno de los actores que ofrece sus servicios por una insólita red social, Cameo. Allí estrellas caídas en desgracia mandan, por medio de Whatssap o las redes sociales, saludos personales a usuarios que abonan tarifas que van de los 500 dólares a los 2500. Charlie es uno de los mejores pagos por saludo pero no ocupa el primer puesto. Ese honor lo ostenta Kylie Jenner.

Hoy Charlie Sheen cumple 55 años. Es probable que escriba algún tuit gracioso que le asegurará repercusión durante unas horas. Mientras tanto se espera un nuevo renacimiento. Porque él con su carrera plagada de caídas y resurrecciones parece refutar la frase de Francis Scott Fitzgerald que afirma que no hay segunda acto en las vidas norteamericanas. Charlie Sheen, tal vez, todavía tiene una oportunidad más.

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