cómo la secuela del clásico se adelantó a Seven

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Puede que ‘El exorcista III’ sea una de las películas de la historia del cine de terror más incomprendidas. El lastre de ir asociada al gran clásico de William Friedkin por su título hace que se pierda su percepción como película totalmente autónoma, que tan solo se vale de lo que sabemos de la anterior para plantear una sombra que la hace más aterradora, si cabe que la famosa historia de posesión infantil que hizo famoso a William Peter Blatty.

Este, inútilmente, quería titularla ‘Legion’, pero Morgan Creek solo ofrecía variaciones de la marca como ‘The Exorcist: 1990’, ‘The Exorcist: 15 years later’ o ‘Exorcist: Legion’. Finalmente decidieron ir con el III del título pese a la advertencia de Blatty : “la gente huirá por culpa de ‘El Exorcista II: el hereje”, como así sucedió logrando una taquilla pobre, asociada a la mala percepción de la segunda parte y la idea de que era ya una secuela de tercera categoría. Lo cierto es que muchos aún mantienen esa percepción.

Desde luego, no es fácil compararla con la obra maestra de Friedkin, pero es que aquella es una que aparece a menudo en el número uno de muchas listas de “las 10 mejores películas de terror de la historia”. Algo con lo que no es justo medir a Blatty que, sin embargo, con su película logra una de las pocas obras maestras a la altura del original en cuanto a su capacidad de generar terror. Para muchos, es incluso más aterradora, y es que el escritor es tremendamente sutil en su uso del plano fijo, lo cual se traduce, además en uno de los sustos más populares del género.

El policía y el terror: un epílogo autónomo

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En 1983 Blatty decidió convertir su guion en una novela. Su nombre sería ‘Legion’ y no incluye exorcismos ni muchas escenas similares a la anterior. El nexo conector es el tema de la fe y el estudio del bien y del mal. Para el escritor ambas forman un todo, una sola historia y, pese a que al final el estudio exigió un exorcismo, la obra realmente se siente a su vez como una historia totalmente independiente y a su vez un epílogo amargo y reflexivo sobre la anterior película. No solo es parte de la misma historia, sino que expande y mejora el universo de la anterior.

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Y esto se logra gracias a la conexión con el teniente de policía y el cuerpo de Karras. Blatty tenía la idea de hacer una serie sobre el teniente Kinderman, pero cuando apareció Colombo – que, según asegura el director, se basó en su personaje de forma descarada– desechó la idea. Sin embargo, una nueva aventura del detective sin renunciar al sustrato sobrenatural de su mitología, llevaba la saga al procedural criminal puro, que incorporaría un importante elemento de oscuridad al tradicional relato policiaco.

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El film ha ido ganando adeptos por su capacidad de crear atmósferas de un horror subyacente y constante, en el que el mal es algo casi tangible pero que se percibe desde los márgenes. Su susto del hospital, un tremendo ejercicio de angustia en plano fijo completamente inusual por casi anticuado en su momento, demostró que el clasicismo y el terror pueden llevar a la excelencia. Sin embargo, el mayor hallazgo de esta tercera parte es su capacidad para doblegar el género policíaco hacia el horror, algo no demasiado común hasta ese 1990.

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La última carta confirmada enviada por el Asesino real del Zodiaco al San Francisco Chronicle el 29 de enero de 1974, se conoce comúnmente como la Carta del Exorcista. En ella, el asesino hace mofa de la película diciendo que es “la mejor comedia satírica que ha visto nunca”.

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‘Legion’ narra la búsqueda de un asesino y el film empieza, claro, con el descubrimiento del cuerpo del primer asesinato. Se trata de un niño negro con todos los signos y firma del asesino Géminis, un antiguo caso de Kinderman, que parece estar basado en el asesino del Zodiaco, que como el del film, tiene su propio símbolo. Desde el principio, hay una aproximación al género desde el ángulo de la psicología forense, con lo que su planteamiento no es muy diferente al de las novelas y adaptaciones de Thomas Harris.

La influencia matriz del ‘El dragón rojo’

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El género policiaco, hasta ese momento había estado más autocontenido a la investigación por pistas, detalles de la trama y algo de suspense, pero hasta el ángulo pesadillesco de ‘El dragon rojo’ (The Red Dragon, 1981) de Harris, el género no se había acercado al terror más puro. Sin embargo, la adaptación de la película ‘Manhunter’ (1986) discurría en el entorno del género policial de los 80, más centrado en el personaje del policía Will Graham que en los elementos más escabrosos del relato, que Michael Mann, sin embargo, jugaba a embellecer con su estilo visual apabullante, entendiendo la parte más fría de Harris a la perfección. Solo hay que ver la diferencia enre la celda blanca e iluminada de Hannibal frente a las celdas góticas de castillo Drácula de ‘El exorcista III‘ y ‘El silencio de los corderos’.

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La novela de Harris fue un punto y aparte en el género, precedida por otros trabajos que exploraban la psicología del asesino (y del investigador) como ‘Por Causa de locura’ (1979) y no cabe duda de que tuvo cierto impacto en William Peter Blatty a la hora de terminar de dar forma a su novela ‘Legion’ (1983), que había desarrollado antes como guion para hacer una secuela de ‘El Exorcista’ (The Exorcist, 1973) alrededor de 1980. No queda claro qué partes o no pudo haber tomado de ‘El dragon rojo’, pero los parecidos están ahí.

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El cara a cara del detective Kinderman con el asesino, en una celda de seguridad, en un pasillo vigilado de una unidad de psiquiatría, recuerda al de Graham y Lecter, y sobre todo su final, con el detective viajando a su casa corriendo para tratar de evitar que el asesino mate a su familia. La particularidad de ambas es que los dos asesinos han sido “enviados” por otro que los dirigen desde sus celdas. Solo que en el caso de ‘Legion’ hay un componente, claro, sobrenatural.

‘El exorcista’ y los asesinos reales poseídos

Blatty parece confirmar la posible influencia con una ilustración de William Blake (el autor de la pintura del gran dragón rojo) en el despacho del Dr. Temple, en la adaptación de su novela, pero lo cierto es que el Géminis es un resumen de varios asesinos reales, que, se basa principalmente en el Zodiaco por su interés en dar a conocer su trabajo a los medios y jugar con la policía, de hecho, su objetivo en el film es atraer a Kinderman hacia sí y hacer que anuncie que el Géminis ha vuelto.

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En ‘El dragón rojo’ también hay una relación del asesino con la prensa, con los motes de la policía y el sensacionalismo que se genera por los asesinatos. La diferencia en ‘Legion’ es que todo es ya ha pasado y el caso surge con el regreso imposible de ese asesino. En 1988 Harris publicaba su hit ‘El silencio de los corderos’, aumentando los elementos de horror y centrando la trama, como en el libro de Blatty, en la relación y los diálogos entre el asesino y el policía en la celda de psiquiatría. Pero para cuando apareciera la adaptación, ‘El exorcista III’ ya había dibujado otra textura para el género.

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La aportación satánica al noir criminal hace que ‘El exorcista III’ añada capas de sombra sobre el habitual recorrido de cadáveres y horribles asesinatos, y hay algo de ‘El corazón del ángel’ (1987) en esa mezcla, pero no debemos olvidar que la propia película ‘El exorcista’ tuvo implicaciones en la vida real, con el propio Zodiac asegurando ser fan de la película o El hijo de Sam asegurando que se inspiró en el film para su coartada de posesión del demonio ya que pensaba que “estaba basado en algo real”. La próxima entrega de ‘Expediente Warren’ trata sobre un asesinato en el que se tuvo en cuenta judicialmente la posible posesión del acusado.

¿Ha dejado de chillar el demonio, Clarice?

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Aunque el rodaje de ‘Silence of the Lambs’ acabó antes de que se estrenara ‘El exorcista III’, lo cierto es que en el Quid pro quo de Hannibal y Clarice Starling tiene una iluminación mucho más oscura, un tono frío, inquietante, pausado, opresivo de una celda es claustrofóbica. La imagen de los asesinos maniatados también es común con el film de Blatty. Por una razón u otra, llegaron a una zona estética similar y puede ser porque el cine de terror define ambas obras. En el caso de Jonathan Demme, no sorprende por sus orígenes en el cine de serie B auspiciado por Roger Corman.

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Hay otras convergencias, como el macabro hábito de los asesinos de dejar pistas improbables en sus muertos y el uso de Hannibal de la crucifixión, presentada casi como una estampa sobrenatural, tienen coherencia con la obsesión de Géminis de corromper la cruz en sus asesinatos, con el niño negro crucificado en un par de remos. Los asesinatos turbios, la sobriedad hiriente del tono grave y los detalles truculentos marcarán una década en al que la obsesión con los asesinos en serie se expandió y se puso a examen.

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El silencio de los corderos’ fue todo un éxito, pero ‘El exorcista III’ permanece como una obra de culto tímidamente reivindicada por aficionados al género, pero el planteamiento estaba ahí y su impacto va más allá del cinematográfico. Una de las historias más turbias relacionadas con su legado es que se encontró una copia en VHS en casa del asesino caníbal Jeffrey Dahmer, el día de su detención, el 22 de julio de 1991. Su casa estaba llena de cabezas decapitadas, el modus operandi del Géminis, entre otras carnicerías.

El film favorito de Jeffrey Dahmer

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El film de Blatty resultó ser la película favorita de Dahmer. Junto al Emperador de ‘El retorno del Jedi’ (Return of the Jedi, 1983) estaba obsesionado con Géminis por el poder de control sobre otras personas y en ocasiones salía con lentillas amarillas para poder parecerse a ellos. Dahmer veía ‘El exorcista III’ antes de ir “de caza” y a veces se la ponía a sus víctimas antes de matarlas. Incluso en el juicio por sus crímenes se explicaba cómo se identificaba con el mal y el poder absoluto de corrupción y posesión diabólica de ambos personajes.

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Este detalle hace que la película tome un aura maldita que se asocia con el misticismo alrededor de la original, pero, sobre todo, reubica el film en una década de crónica negra sucia y desagradable y la posiciona como el punto de partida del thriller modernizado sin ápice de ingenuidad, que supone un punto y aparte con el cine de terror de evasión y efectos especiales de los 80 y acerca el cine criminal al género de forma radical, en parte por la reticencia a seguir corrientes de un escritor convertido a director como Blatty, que entendía el cine de otra forma.

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Esto viene al caso para reubicar buena parte de las raíces de un film continuista del estilo de Demme como ‘Seven’ (1995) en la obra de Blatty. Desde el ambiente lóbrego, las decapitaciones y otros asesinatos grotescos relacionados con la religión (pecados capitales), conectan el film de David Fincher con ‘El exorcista III’, donde los mensajes con sangre del asesino sobre el lecho de la víctima son emulados 5 años después en la firma de John Doe. Tanto John Doe como Géminis, tienen una mirada particular con los asesinatos concebidos como “obras de arte” basadas en su sadismo conceptual.

‘Seven’ y la obsesión religiosa del asesino

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Doe usa los siete pecados capitales, introduciendo en el thriller la imaginería católica, tal como hace Géminis, cuya diferencia es que en su caso tiene una verdadera razón de ser como provocación y burla a Dios. Hay que recordar que el psicópata que interpreta Brad Douriff está en el asesino del Zodiaco, un caso que también obsesiona a David Fincher, hasta tal punto que rodaría su mirada al caso real en ‘Zodiac’ (2007), pero quizá la prueba definitiva de la inspiración de ‘Seven’ en ‘Legion’ es su final.

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En el corte original de Blatty (y el de la novela), que no había ningún exorcismo como el que salió en el cine el disparo del detective a su amigo Karras no tenía un momento de redención en el que el cura consigue aparecer en su cuerpo unos segundos para pedir que le mate su amigo policía. Kinderman tan solo entraba en la celda y le descerrajaba un tiro de forma fría, dejando un halo más oscuro al epílogo, con lo que el parecido con el duelo final de ‘Seven’ a nivel moral es tremendo, aunque tanto en el corte original como el del director en ambos casos, su acción acaba condenándole como al personaje de Brad Pitt.

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El éxito descomunal de ‘Seven’ comenzó una fiebre de psycho thrillers oscuros, ásperos y con pautas de plantilla que llegan hasta ‘Saw’ (2004) y que solían tener un elemento religioso sacado un poco de la manga, o lo que es lo mismo, porque lo hizo Ficher y eso molaba. Aunque ya existían películas a rebufo de los corderos, como ‘Huellas criminales’ (The Slaughter of the Innocents, 1993), con un asesino obsesionado con el arca de Noé que trata de hacer su propio barco lleno de cadáveres, también como el asesino de ‘Resurrection’ (Resurrection, 1999) con fetiche de la crucifixión en este caso a trocitos.

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La creación de un subgénero: el procedural criminal diabólico

La lista de filmes como ‘Postmortem’ (1998), ‘La hora de las sombras’ (Shadow Hour, 2000). ‘Los ríos de color púrpura’ (2000) que aparecieron a la cola del éxito de Fincher es inabarcable, y todas le deben también un poquito a ‘El exorcista III’, sin embargo, el film de Blatty generó su propia variación de thriller policial, el sobrenatural. Tan solo unos meses antes se estrenaba ‘La noche del diablo’ (The First Power, 1990), un procedural con Lou Diamond Phillips contra un asesino en serie diabólico que es condenado a la silla eléctrica para volver del infierno y asesinar.

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El film parece un exploit de acción de la película de Blatty a la que se adelantó probablemente cuando se anunció el rodaje de la adaptación de ‘Legion’. El asesino de ‘The First Power’ puede poseer a la gente y resucitar y tiene momentos clavados, como la escena del confesionario y alguna escena en un edificio destartalado que parece un ensayo en toda regla de la famosa persecución de ‘Seven’. Había nacido un subgénero propio y, este sí, debe sus líneas maestras a la secuela del clásico de posesiones.

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Los 90 fueron testigos de una prolífica moda en el cine comercial en el que el thriller criminal sobrenatural/satánico, estaba aderezado de asesinatos rituales, tono oscuro y frío o psicópatas con más que poderes del infierno. Hasta Chuck Norris tuvo la suya en ‘Hellbound’ (1994) a la que siguió ‘Asesino del más allá’ (Hideway, 1995), ‘The Ugly’ (1997) y otras que, como ‘Fallen’ (1998) copiaban sin reparos su premisa de un asesino que después de muerto posee a gente para seguir atormentando al policía que dio con él. Poco más o menos hacía el diablo en ‘El fin de los días’ (End of Days, 1999).

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La punta de lanza del cine satánico de los 90

Pero sin salir de la corriente de cine satánico que duró hasta el fin de milenio, como títulos como ‘Pactar con el diablo’ (The Devil’s Advocate, 1997), ‘La bendición’ (Bless the Child, 2000) o ‘Poseídos’ (Lost Souls, 2000) el ángulo de thriller policiaco con asesino satánico se convirtió en un subgénero que llegó incluso hasta oriente donde siguen las pautas de ‘Legión’ también muestras como ‘Satan Returns’ (666: Mo gui fu huo, 1996), ‘Cure’(Kyua , 1997), ‘Another Heaven’ (Shuang Tong, 2000), ‘Doble visión’ (Shuang Tong , 2002) resultan sintomáticas del tono y desarrollo del procedural criminal religioso cuyo culmen es ‘El extraño’ (Goksung, 2016).

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La llegada de una nueva ola de terror sobrenatural a la televisión con ‘Expediente X’ (X-Files, 1993-) debía mucho a ‘El silencio de los corderos’, pero su ángulo fantástico la acerca también a ‘El exorcista III’, que al final bebe de la misma idea de la serie Kolchack, pero no se pueden obviar detalles como el episodio ‘Beyond the Sea’ en el que Brad Dourif hacía un papel parecido, a su Géminis de cuatro años antes. Y el actor, por cierto, también aparecía en otra serie de Chris Carter, ‘Millenium’ (1996-1999).

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La serie era una versión más oscura de ‘Expediente X’, centrado en la persecución de asesinos en serie que, normalmente, tenían algún poder sobrenatural, con un detective hecho a medida de Will Graham, con un caso a la semana, un tono mucho más turbio y crudo, y un arco de fondo milenarista con toques religiosos y citas bíblicas por doquier. Una estructura que se asimilaba un poco en algunas películas de la nueva ola de terror post ’Insidious’ (2010), en el que el terror sobrenatural con demonios es la base de los sustos.

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Del horror de factoría Wan a ‘True Detective’

El caso más claramente inspirado en ‘El exorcista III’ es ‘Líbranos del mal’ (Deliver Us from Evil, 2014), basada en caso reales de un policía que encontraba situaciones inexplicables que su versión fílmica llevaba la influencia tanto de Friedkin y Blatty al límite, con una amistad del protagonista con un cura y un proceso de conversión a la fe que no deja de ser una versión más chabacana del dilema de Kinderman.

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El cine de posesiones ha hecho estragos con el género en los últimos años, pero la huella de ‘Legión’ se sigue en muestras más sutiles como ‘La trampa del mal’ (Devil, 2010). Difícilmente se suele ver a ‘El exorcista III’ mencionado como precedente de ‘Seven’ y su corriente renovadora del thriller forense, pero su poso estaba allí siempre. Menos difícil no relacionarla directamente con nuevas ofertas de policiaco y terror religioso como ‘Belzebuth’ (2018).

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Incluso series con ecos de horror cósmico, como la primera temporada de ‘True Detective’ (2016), cuyos soliloquios metafísicos también guarda paralelismos con el tono reflexivo de ‘Legion’. Por supuesto, la propia serie de ‘El exorcista’ (The Exorcist, 2016-2017) comparte muchos elementos religiosos y la reciente ‘Evil’ (2019-) se sustenta en la eterna discusión entre la fe y la ciencia con un sentido del humor que no se riñe con el horror más sugerente, que habría hecho las delicias de Blatty.

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