excelente temporada que brilla más cuando se aleja del protagonista

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No sé si es por el juego implícito en el subgénero de comedia semiautobiográfica, pero es curioso que a menudo los episodios que mejor funcionan (y no solo los de este tipo de serie) son los que se alejan de lo acostumbrado. Con la temporada 2 de ‘Ramy’, original de Hulu disponible en Starzplay, esto pasa y de manera notable.

Que no es que los protagonizados por el joven musulman encarnado por Ramy Youssef (cocreador de la serie junto a Ari Katcher y Ryan Welch) sean malos, pero es que simplemente los episodios en los que casi no aparece y están protagonizados por cada miembro de su familia son brillantes. En especial el dedicado al tío Naseem (Laith Nakli), un personaje que, por fin, se deja ver tal como es.

Una trama que no desentona con la general de la temporada. Ramy está de nuevo en Estados Unidos después de su periplo egipcio y está en un momento hundido de su vida. Es entonces cuando decide ir a una nueva mequita y encontrarse con un nuevo shayj (me temo que en castellano, jeque no tiene el sentido religioso), interpretado por Mahershala Ali (‘True Detective’, por ejemplo), que le ayudará en su búsqueda de sí mismo.

No es lugar para el yo

En estos nuevos episodios, el viaje del protagonista ya no es tanto de conseguir conectar fe y vida en el siglo XXI sino de la humildad que requiere el pararse un poco y, simplemente, pensar si estás en el camino correcto; en la sintonía adecuada con Alá; si es hora de dejar de estar tan cerrado en sí mismo. En, definitiva, encontrarle un propósito real a lo que uno está haciendo más allá de ser el “musulmán perfecto”… y el que más sufre.

Una cuestión que los personajes de la serie verbalizan no sin que el espectador ya vea que nos aproximamos a un rumbo de colisión que puede resultar doloroso. Porque es un camino de madurez profunda, que requiere replantear cosas muy arraigadas.

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Y, paradójicamente, algunas de las ideas que se desprenden de la trama principal de la temporada, se desarrollan mejor en los cuatro fantásticos episodios sueltos dedicados a la familia Hassan. Y, junto al de Naseem, vuelve a destacar el dedicado a Maysa (Hiam Abbass), convirtiéndose una vez más en el personaje mejor valorado de la temporada.

Excelente y honesta

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Las segundas temporadas tienen el reto de demostrar que no fueron flor de un día. En este sentido, ‘Ramy’ no solo cumple, sino que vuelve a mostrar sus grandes virtudes gracias al ser, simplemente, sincera. Excelentemente honesta.

Esta honestidad a la hora de retratar a esta familia egipcioamericana y sus luchas (que van más allá del racismo que puedan sufrir) es lo que potencia mucho la relación que el espectador llega a tener con la serie. Sobre todo si, además, independientemente de compartir religión o no, tienes igual una inquietud espiritual. Lo dije con su primera temporada, yo como católico me reconozco en actitudes, dudas y pensamientos de Ramy.

Esto no implica que no haya ciertas irregularidades. El episodio de Atlantic City, por ejemplo, cae en lo fácil y sus situaciones resultan casi más incómodas para el que está viendo que para los protagonistas. Pero, por lo general, la serie logra hacer piruetas magníficas en las que chistes sobre eyaculaciones son, más que una broma, una reflexión inusitadamente profunda.

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