Bolsas de cadáveres, cal viva y listas de enemigos: cómo eran los macabros planes del montón Cruz del Meta teutón para el “Día X”

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Una tienda de accesorios militares en Schwerin, Alemania, cuyo propietario era parte de Nordkreuz o Cruz del Norte, un grupo neonazi (Gordon Welters / The New York Times)

GÜSTROW, Alemania – El plan sonaba aterradoramente concreto. El grupo capturaría a los enemigos políticos y a los defensores de los inmigrantes y refugiados, los subiría a camiones y los llevaría a una ubicación secreta.

Luego los matarían.

Un miembro ya había comprado 30 bolsas para cadáveres. Según los investigadores, la lista de pedidos incluía más bolsas para cadáveres, así como cal viva, usada para descomponer material orgánico.

A simple vista, los que discutían el plan parecían tener buena reputación. Uno era un abogado y político local, pero con un odio particular hacia los inmigrantes. Dos eran reservistas activos del ejército. Otros dos eran oficiales de policía, entre los que se encontraba Marko Gross, un francotirador de la policía y exparacaidista que actuaba como su líder no oficial.

El grupo surgió de una red nacional de chats para soldados y otros simpatizantes de la extrema derecha creada por un miembro del Mando de Fuerzas Especiales (KSK, por su sigla en alemán), la unidad de élite del Ejército alemán. Con el tiempo, bajo la supervisión de Gross, formaron un grupo paralelo propio. Los miembros incluían un médico, un ingeniero, un decorador, el dueño de un gimnasio e incluso un pescador local.

Se hacían llamar Nordkreuz, o Cruz del Norte.

“Entre nosotros, éramos todo un pueblo”, recordó Gross, uno de los varios miembros de Nordkreuz que a lo largo de varias entrevistas este año me describió cómo el grupo se reunió y comenzó a hacer planes.

Negaron que hubieran planeado matar a alguien, pero los investigadores y los fiscales, así como la declaración que un miembro dio a la policía indican que su planeación dio un giro más siniestro.

Marko Gross, administrador y líder no oficial de Nordkreuz, en su casa en Banzkow (Gordon Welters / The New York Times) Marko Gross, administrador y líder no oficial de Nordkreuz, en su casa en Banzkow (Gordon Welters / The New York Times)

Alemania reaccionó de manera tardía a las redes de extrema derecha que, según los funcionarios, son mucho más extensas de lo que creían. El alcance de los extremistas de ultra derecha en sus fuerzas armadas es particularmente alarmante en un país que ha trabajado para limpiar su pasado nazi.

Sin embargo, el caso Nordkreuz, que hace poco fue juzgado después de haber sido descubierto hace más de tres años, muestra que el problema de la infiltración de la extrema derecha no es nuevo ni se limita al KSK ni tampoco al ejército. Los funcionarios y los legisladores reconocen que la extrema derecha penetró múltiples capas de la sociedad alemana en los años en que las autoridades subestimaron la amenaza o se mostraron reacias a aceptarla plenamente. Ahora están luchando por erradicarlo.

Una de las motivaciones centrales de los extremistas parece tan descabellada y fantástica que durante mucho tiempo las autoridades y los investigadores no la tomaron en serio, incluso cuando se extendió en los círculos de la extrema derecha. Los grupos neonazis y otros extremistas lo llaman Día X, un momento mítico en el que el orden social de Alemania se derrumbará y hará necesario que los extremistas de ultra derecha comprometidos, según dicen ellos, se salven y rescaten a la nación.

Hoy, quienes se encargan de organizar el Día X están atrayendo a gente seria con habilidades y ambiciones serias. Cada vez más, las autoridades alemanas consideran el escenario como un pretexto para el terrorismo interno de los conspiradores de extrema derecha o incluso para una toma del poder.

“Me temo que solo hemos visto la punta del iceberg”, dijo Dirk Friedriszik, un legislador del estado nororiental de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde se fundó Nordkreuz. “No solo es el KSK. La verdadera preocupación es que estas células están en todas partes. En el ejército, en la policía, en las unidades de reservistas”, afirmó el legislador.

Nordkreuz era uno de esos grupos que se preparaba a detalle para el Día X. El servicio de inteligencia nacional recibió una pista a finales de 2016 y los fiscales comenzaron a investigar en el verano de 2017. Pero pasaron años antes de que la red, o una pequeña parte de ella, fuera juzgada en los tribunales.

Incluso ahora, solo un miembro del grupo, Gross, ha sido acusado formalmente, por posesión ilegal de armas, no por una conspiración mayor.

A finales del año pasado, Gross fue sentenciado a 21 meses de suspensión. El veredicto fue tan benevolente que los fiscales lo apelaron este año, lo cual hizo que el caso fuera sometido a otra prolongada ronda de deliberaciones.

Haiko Bohringer, un político local en Ludwiglust, Alemania, que fue blanco de Nordkreuz, un grupo neonazi. El caso de Nordkreuz, que recientemente fue juzgado después de ser descubierto hace más de tres años, muestra que el problema de la infiltración de extrema derecha no es nuevo ni se limita al KSK, ni siquiera al ejército (Gordon Welters / The New York Times) Haiko Bohringer, un político local en Ludwiglust, Alemania, que fue blanco de Nordkreuz, un grupo neonazi. El caso de Nordkreuz, que recientemente fue juzgado después de ser descubierto hace más de tres años, muestra que el problema de la infiltración de extrema derecha no es nuevo ni se limita al KSK, ni siquiera al ejército (Gordon Welters / The New York Times)

Algunos miembros de Nordkreuz se lo tomaron tan en serio que compilaron una lista de enemigos políticos. Heiko Böhringer, un político local de la zona donde el grupo tenía su sede, había recibido amenazas de muerte.

“Solía pensar que estos preparacionistas eran locos inofensivos que habían visto demasiadas películas de terror. Cambié de opinión”, dijo Böhringer.

La Cruz del Norte

El campo de tiro de Güstrow, un pueblo rural en un rincón del noreste de Alemania, se encuentra al final de un largo camino de terracería asegurado por una pesada puerta. El área está cercada por un alambre de púas. Una bandera alemana ondea en el viento.

Gross, el oficial de policía, iba seguido al campo de tiro. Había sido paracaidista y oficial de reconocimiento a larga distancia en el ejército alemán antes de que su batallón fuera absorbido por las fuerzas especiales de élite de Alemania.

Otro habitual era Frank Thiel, campeón de competencias de tiro y solicitado instructor de tiro táctico en unidades policiales y militares de toda Alemania.

A finales de 2015, mientras impartía un taller de tiro para el KSK en el sur de Alemania, Thiel se enteró de la existencia de una red nacional de chats encriptados para compartir información privilegiada sobre la situación de la seguridad en Alemania y sobre cómo prepararse para una crisis.

La casa de Marko Gross, líder no oficial de Nordkreuz, segunda desde la izquierda, en Banzkow, Alemania (Gordon Welters / The New York Times) La casa de Marko Gross, líder no oficial de Nordkreuz, segunda desde la izquierda, en Banzkow, Alemania (Gordon Welters / The New York Times)

La red estaba encabezada por un soldado llamado André Schmitt, pero todos lo conocían como Hannibal.

En breve, unas 30 personas, muchas de ellas asistentes regulares del campo de tiro de Güstrow, se unieron al capítulo norte de la red de Schmitt, siguiendo ávidamente sus actualizaciones. No pasó mucho tiempo antes de que Gross decidiera crear un grupo paralelo para que pudieran comunicarse y reunirse localmente.

Para enero de 2016, esta red se había convertido en Nordkreuz. Con el tiempo, recordaron sus miembros, el grupo se transformó en una hermandad muy unida con una ambición compartida que llegaría a dominar sus vidas: prepararse para el Día X.

Comenzaron a acaparar suministros suficientes para sobrevivir durante 100 días, entre ellos alimentos, gasolina, artículos de aseo personal, walkie-talkies, medicamentos y municiones. Cada miembro del grupo le entregó a Gross 600 euros para pagar dichos suministros. En total, acumularon más de 55.000 rondas de municiones.

El grupo identificó una “casa de seguridad”, donde los miembros se refugiarían con sus familias en el Día X: un antiguo poblado vacacional comunista en lo profundo del bosque.

“El escenario era que algo malo pasaría”, me dijo Gross. “Nos preguntamos para qué queríamos prepararnos y decidimos que, si íbamos a hacer esto, llegaríamos hasta el final”, agregó.

Bolsas para cadáveres y cal viva

La pregunta que los investigadores están tratando de dilucidar ahora es qué significaba “llegar hasta el final”.

Gross insistió en que el grupo solo se estaba preparando para lo que ellos veían como el día en que el orden social se derrumbaría, el Día X. Dijo que nunca planearon ningún asesinato, ni tenían intención de causar daño alguno. Pero al menos un miembro del grupo narra una historia más funesta.

“Las personas serían reunidas y asesinadas”, dijo Horst Schelski a los investigadores en 2017, de acuerdo con las transcripciones de su declaración compartida con The New York Times.

Schelski es un exoficial de la Fuerza Aérea cuyo relato se contradice con el de los demás. Se basa en una reunión que, según dijo, tuvo lugar a finales de 2016 en una parada de camiones en la autopista de Sternberg. Allí, Gross se reunió con un puñado de hombres que habían conformado una célula concentrada dentro de Nordkreuz.

Entre los demás asistentes había dos hombres ahora investigados por sospecha de conspiración terrorista. Según la ley alemana, no se pueden mencionar sus nombres completos. Uno de ellos era Haik J., quien al igual que Gross era policía. Otro era un abogado y político local de Rostock, Jan Henrik H.

El campo de tiro en Gustrow, Alemania, donde se reunieron los miembros del Nordkreuz (Gordon Welters / The New York Times) El campo de tiro en Gustrow, Alemania, donde se reunieron los miembros del Nordkreuz (Gordon Welters / The New York Times)

Schelski le dijo a la policía que Jan Henrik H. guardaba una carpeta gruesa en su garaje con los nombres, direcciones y fotos de los políticos y activistas locales a quienes consideraba enemigos políticos. Mucho de lo que había en el archivo provenía de fuentes públicas. Pero también había notas escritas a mano con información obtenida de una computadora de la policía.

Mientras tomaban café en la parada de camiones, Jan Henrik H. habló de “las personas del expediente”, que según él eran “perjudiciales” para el Estado y debían ser “eliminadas”, dijo más tarde Schelski a la policía.

Después de esa reunión, Schelski se distanció del grupo, según declaró a la policía.

Para entonces, el servicio de inteligencia ya estaba vigilando. Unos ocho meses después de la reunión de la parada de camiones, las autoridades llevaron a cabo la primera de una serie de redadas en las casas de varios miembros de Nordkreuz.

En el transcurso de dos años, las redadas y el trabajo de inteligencia encontraron armas, municiones, listas de enemigos y una lista escrita a mano de pedidos para el Día X que incluía las bolsas para cadáveres y la cal viva.

Le pregunté a Gross sobre las bolsas para cadáveres. Me dijo que eran “recipientes multipropósito”, que se podían utilizar como cubiertas baratas para bolsas de dormir a prueba de agua o para transportar artículos grandes.

Los fiscales determinaron que el origen de las municiones ilegales en la casa de Gross eran una docena de depósitos de la policía y del ejército en todo el país, lo cual indica que hay posibles colaboradores. Varias de las unidades dispararon en Güstrow.

Un memorial para Mehmet Turgut, un vendedor ambulante turco asesinado en Rostock, Alemania en 2004 por terroristas de extrema derecha (Gordon Welters / The New York Times) Un memorial para Mehmet Turgut, un vendedor ambulante turco asesinado en Rostock, Alemania en 2004 por terroristas de extrema derecha (Gordon Welters / The New York Times)

Otros tres policías están siendo investigados por sospecha de ayudar a Gross, a quien solo se acusa de posesión ilegal de armas. Al ser interrogado durante el juicio, Gross dijo que no recordaba cómo consiguió las municiones. Cuando lo conocí, insistió en ello.

En cuanto a lo demás, no era tímido a la hora de compartir sus puntos de vista.

La canciller Angela Merkel debe estar “en el banquillo”, dijo. Las ciudades multiculturales del oeste de Alemania son “el califato”. La mejor manera de escapar de la migración sigilosa era trasladarse a la campiña de Alemania Oriental, “donde la gente todavía se llama Schmidt, Schneider y Müller”.

Los miembros de Nordkreuz nunca me dijeron, ni tampoco a las autoridades, la ubicación del pueblo vacacional en desuso que era su casa de seguridad para el Día X.

La casa de seguridad sigue activa, dijo Gross, quien había presumido a otro compañero que en el momento más álgido de los planes de Nordkreuz la red estaba compuesta por 2000 personas de ideas afines en Alemania y más allá.

“La red sigue ahí”, dijo.

(C) The New York Times.-

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