“Te voy a matar, hijo de puta”: el feroz crimen del kiosquero fusilado y el pequeño de 12 abriles que es el único informante

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Marcelino “Chiqui” Luque tenía 56 años

A Marcelino Luque, el dueño de un kiosco ubicado en su casa sobre la calle 2 en la localidad bonaerense de José León Suárez, le dispararon el lunes a quemarropa y lo mataron mientras trabajaba. Casi sin mediar ningún tipo de palabra, un hombre encapuchado llegó en una bicicleta, se acercó hasta el vidrio del negocio y por el único orificio donde Marcelino expendía golosinas metió su mano y efectuó cinco disparos.

“Te voy a matar hijo de puta”, fue lo único que le dijo el asesino al comerciante antes de ejecutarlo. Segundos después huyó sin llevarse nada.

Así, inexplicablemente, fue asesinado “Chiqui”, como lo conocían todos a este correntino de 56 años radicado en el Conurbano hace décadas, padre de tres hijos y abuelo de tres nietos. La víctima recibió disparos en el cuello, en el brazo, en la mejilla, según confirmaron fuentes judiciales a Infobae, aunque los resultados finales de la autopsia todavía no se conocen. “Todos los tiros fueron del costado izquierdo. Todavía no se sabe exactamente cuántos impactaron en Luque”, agregaron.

Marcelino apenas tuvo fuerzas para entrar a su casa -ubicada en el fondo del kiosco- y avisarle a Gladys, su esposa. “Me pagaron”, llegó a decir y se desvaneció. La mujer vio caer a su marido ensangrentado en el piso y de inmediato avisó a los efectivos de la Comisaría 4ta de José León Suárez. No fue mucho lo que pudo hacer. El kioskero murió en un hospital de la zona poco tiempo después.

Hasta el momento es muy poco lo que se sabe del móvil del crimen. Y los datos que pudieron obtener los investigadores fueron gracias al único testigo del brutal asesinato: un niño de tan solo 12 años que compraba algo en el kiosco de “Chiqui” en el momento justo que llegó el asesino.

El nene, parado a pocos centímetros de la escena, pudo ver cómo pasó todo. Apenas escuchó los disparos escapó a toda velocidad hasta su casa. Algunas horas después declararía en compañía de sus padres en la comisaría, aunque según revelaron a este medio, estaba “en estado de shock, impactado” y “se espera que amplíe la declaración ante la justicia en los próximos días”. Su testimonio es la clave para poder avanzar y llegar hasta el asesino, agregaron las fuentes a Infobae.

Por el momento, según pudieron reconstruir los investigadores, “el asesino llegó al negocio para matarlo y ese era su único plan. Fue directo a tirarle”. Además, hay otro dato. El delincuente no se llevó nada, lo cual llevaría a Fabricio Iovine, el fiscal de la UFI N°1 de San Martín que tiene a cargo la investigación, a descartar la hipótesis del robo.

“No se sabe por qué lo mataron. El espacio para robar algo era muy chico y no había posibilidad de eso. Además, nadie en el barrio habló mal del hombre. Nadie dijo si tenía por ahí alguna pelea cazada, alguna deuda. Lo conocían hace años y dicen que era una persona muy laburadora. Nada. Todo sigue siendo materia de investigación”, señalaron las fuentes. Un crimen con tintes mafiosos contra alguien que a priori, no tenía cuentas pendientes.

Norma, sobrina política de Luque, no sale de la conmoción. Al igual que el resto de la familia. De hecho, según dijo, la mujer de víctima todavía no ha podido hablar desde lo que pasó. Junto al pequeño de 12 años, fue la otra persona que estuvo casi en la escena del crimen. “Ella fue la lo vio a mi tío baleado y la que llamó a la policía. Desde entonces casi no habla. Está completamente shockeada”, dijo en diálogo con Infobae.

“Chiqui” nació en la provincia de Corrientes hace 56 años. El lunes lo mataron a balazos mientras atendía su kiosco

Sobre el menor que presenció todo, Norma dijo que se trata de un vecino del barrio que siempre acostumbra a comprar ahí. Que al igual todos, quedó conmocionado y que espera que cuando se calme un poco la situación, pueda recordar más detalles de lo que pasó para que se los pueda transmitir al fiscal. “Pobrecito. Es muy chiquito para ver lo que vio. Ya va a ir recordando y espero que pueda contar todo”, dijo. Con una serenidad asombrosa pero aún con el dolor en la voz, Norma sostuvo que lo único que espera es que se haga justicia. “Acá la idea no es salir a cazar al primero que se atraviese. No es así. Salir a agarrar al primero no sirve de nada. Lo que sí es que pague el que tenga que pagar”, agregó.

Norma, por su parte, no cree en la idea de un ajuste de cuentas. “El que diga lo contrario es porque quiere mentir. Él no tenía enemigos de nada, ni cuentas pendientes. Creemos que se trató de un robo pero eso lo tendrá que resolver la justicia”, aseguró la sobrina, quien aprovechó para resaltar los graves problemas de inseguridad que atraviesa el barrio.

Abigail, una de las hijas del kiosquero, es quien se encarga de todas las cuestiones legales. A través de su perfil de Facebook, escribió un conmovedor mensaje para despedirse de su padre y lo acompañó con una foto de los dos. “Me arrebataron a mi compañero de tantas risas. El verdadero amor de mi vida. Te voy amar como siempre y un poquito más hasta que el destino nos reencuentre viejito. Te amo tanto papá”, dijo la joven. No me va alcanzar la vida, vos eras la mía, la de mis hermanos, la de tus nietos y hasta la de mamá. Te amamos tanto papi que todo esto ya no sirve hacerlo. Solamente pido justicia por mi papá”, añadió.

La familia todavía no recibió el cuerpo de Marcelino, deberán esperar al algunos días más hasta que se realice la autopsia. A causa de la pandemia, no habrá sepelio ni velatorio. “Con esto de la cuarentena ni siquiera vamos a poder despedirlo”, lamentó Norma.

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