‘Delirio a lo oculto’, la exótica aventura paternofilial de National Geographic

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Ofrecer a los espectadores un documental decente, que pueda ser visto sin dificultades, con cierto interés y sin aburrirse, no supone una tarea muy complicada. Pero, por la misma razón, trascender en este género aportando una película o una serie de extraordinaria calidad, alejándose de la fórmula, sí resulta difícil. Sobre todo porque no se dispone de los mismos recursos dramáticos que el resto del cine narrativo. Y, si uno considera estas circunstancias, puede decir que la serie Viaje a lo oculto (desde 2020), la aportación de Jeanmarie Condon para National Geographic y Disney Plus, se defiende bien en lo suyo.

Viaje a lo oculto no es el típico documental sobre naturaleza y sociedad, sino que la experiencia de sus protagonistas como padre e hijo resulta fundamental en el concepto de la obra

No han escogido, de hecho, a una persona sin experiencia en distintos ámbitos de la realización de documentales, pues esta productora y cineasta estadounidense lleva en dicha labor desde 1986. En la mayor parte de las ocasiones, facilitando capital y recursos, como en la reciente serie Mucho más allá: Así se hizo Frozen 2 (Megan Harding, 2020), y escribiendo libretos. Pero también ha dirigido los mediometrajes Jerusalem Stories (1996), Return to the Wild: The Chris McCandless Story (2014) y Cosby: The Women Speak (2015), además de encargarse de otra serie documental, 1969 (2019).

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Y quien se encuentra delante de las cámaras en Viaje a lo oculto tampoco parece ningún novato: nada menos que el ex reportero de guerra y presentador de noticias Bob Woodruff, al que acompaña su hijo Mack en esta aventura. “Estas no son unas vacaciones familiares normales”, dice el joven en la intro de la serie documental; “esto es un viaje a los más hermosos, sorprendentes y fantásticos lugares del planeta”. Aquellos de cuya existencia remota nos solemos olvidar los urbanitas de Occidente, incluso algunos que no habían sido captados por un dispositivo de grabación jamás de los jamases.

Viaje a lo oculto muestra algunos lugares remotos del planeta que no habían sido captados por un dispositivo de grabación jamás

Tal propuesta constituye, por supuesto, uno de los mayores atractivos de esta serie. Pero no hay que confundirse: Viaje a lo oculto no es el típico documental sobre la naturaleza y la sociedad de varios rincones exóticos de nuestro mundo con los que hay quien se echa un sueñecito en las tardes españolas frente al televisor, sino que la experiencia de sus viajeros protagonistas como padre e hijo resulta fundamental en el concepto de la obra. No en vano, Jeanmarie Condon utiliza imágenes de archivo de la trayectoria de Bob Woodruff como corresponsal de ABC News y grabaciones familiares de la infancia y la adolescencia de Mack.

Este último explica lo que supone Viaje a lo oculto para sí mismo: “Durante los primeros veinte años de mi vida, mi padre estaba a menudo en zonas de conflicto, donde la gente se veía así”, como los soldados colombianos con los que se topan en el primer episodio de sus andanzas. “Así que mi visión de él era siempre creciendo desde mi sofá, pensando en mi padre en estas áreas. Y es muy especial poder verle aquí fuera, haciendo lo que le encanta hacer”. Lo que sintoniza con los pensamientos de Bob: “Es muy emocionante para mí tener esta oportunidad de estar con Mack y que entienda mejor lo que he estado haciendo todos estos años”.

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Ni qué decir tiene que la vena emocional de Viaje a lo oculto cuadra a las mil maravillas con el enfoque acostumbrado de Disney, cuyos largometrajes de animación suelen centrarse en la familia nuclear, incluyendo los de Pixar. Y esto se acentúa porque la suya estuvo muy cerca de perder a Bob en enero de 2006 cuando fue gravemente herido en Iraq por la explosión de una bomba caminera, hasta el punto de tuvieron que retirarle un trozo de cráneo en el hospital militar estadounidense de Balad. Y la sensación es de que padre e hijo disfrutan esta vivencia como si aprovecharan una especie de segunda oportunidad.

Viaje a lo oculto cuadra a las mil maravillas con el enfoque usual de Disney, cuyos largometrajes de animación suelen centrarse en la familia nuclear

Encontrándose Viaje a lo oculto más próxima a Jerusalem Stories que a 1969 porque ruedan en el terreno y no testimonios posteriores, la buena de Jeanmarie Condon sabe perfectamente que lo decisivo es garantizar un ritmo animado gracias a un montaje múltiple y ameno. De contenido interesante, faltaría más; cosa que la que no carece si se plantan en el corazón de Colombia, Etiopía, Líbano, Pakistán, Papúa Nueva Guinea y Ucrania en cada uno de los seis capítulos de los que, por lo pronto, se compone esta serie sobre correrías paternofiliales entre culturas distintas y sueños de vida que todos compartimos.

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