Dante Spinetta y el presente de los días que compartió con su papá en la vídeo “mágica” de Pyramide: “Fue una especie de premonición de que poco iba a cambiar”

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Dante Spinetta con Teleshow: “Estoy ciento por ciento soltero” (Infobae)

“La música cumple un rol muy importante en esta cuarentena de sacarnos un poco de la realidad, de llevarnos a otro lado, a volar”, sostiene Dante Spinetta. El músico acaba de estrenar Niguiri Sessions parte I y II, que trae canciones con su banda en vivo, desde un restaurante japonés de la Ciudad de Buenos Aires. La recomendación del compositor para escucharlo es “poner volumen, y darle”.

El hijo mayor de Luis Alberto Spinetta pasa sus días de aislamiento en su casa con sus dos hijos Brando y Vida, que se turnan con el hogar de la mamá. “Para los adolescentes es difícil quedarse encerrados: es un momento de estar dando vueltas por el mundo y conociendo la calle”, reflexiona Dante.

Rodeado de discos y vinilos, el artista abre las puertas virtuales de su mundo: “Acá está toda la data”, dice ahora. Además, en esta entrevista con Teleshow, adelanta que se viene el documental de Illya Kuryaki , el recordado grupo con Emmanuel Horvilleur, y a diez años de su disco Pyramide, recuerda aquellos días de grabación junto a su padre. “Ocho meses de ir todo el tiempo a su estudio, comíamos, hablábamos… Fue una bendición, un recreo extra que tuve”, cuenta.

Dante Spinetta en “Niguiri Sessions”

—¿Cómo surgió esta posibilidad de llevar Niguiri Sessions a las plataformas?

—Niguiri Sessions es un proyecto que arrancamos a fines de 2019 pero recién lo grabamos el 10 de febrero, precuarentena. Se pudo terminar porque el director Nico Sedano también editaba, y se llevó el material a su casa y el audio lo tenía mezclado. La banda que me acompaña: son todos unas bestias y estamos pasándola muy bien tocando. Es más, el Niguiri lo grabamos al otro día de un show. Veníamos re cebados. Por eso tiene esa vibra tan real y musical.

—¿Se juntaron ahí, en un local de sushi, y sucedió?

—Exacto. Es un lugar en el que se come increíble, un restó japonés tradicional. Estábamos con unos amigos y yo quería hacer esta sesión. Había pensado en una tintorería porque suena bien, la ropa toda colgada, pero dije: “Acá podría estar rebueno”. Y Fede, el sushiman, me dijo: “Sí, boludo, háganlo acá”. A la semana fue el ingeniero a ver si entrábamos, porque el lugar es chiquito. Estamos todos apretaditos pero es parte de la mística de la situación. La gente pudo conectar, las cosas que están poniendo en las redes son súper lindas. Más allá de los números, los views y la cantidad de seguidores, es música real, que es lo que vinimos a hacer. No hay que descuidar ese centro, ese corazón latiendo, que es el sonido, las melodías y el ritmo.

—¿Cómo se lleva la cuarentena con la creatividad?

—Se está haciendo un poco largo. Hay algunas cosas positivas: me conecté de una manera muy fuerte con lo que realmente quiero hacer y con lo importante que es el tiempo que tenemos en la vida. A veces, damos las cosas por sentado, como nuestra libertad diaria de salir y juntarnos con amigos o con la familia a comer. De golpe, peligra todo eso y decís: “El tiempo hay que aprovecharlo”. Estaba empezando a grabar un álbum pero esto me corrió de donde venía. Cuando vuelva al estudio, voy a encararlo distinto: quiero hacer el mejor álbum posible. No sabés cómo es la vida. Hay que dar lo mejor en cada paso. Esa reconexión con ese corazón que late está más fuerte que nunca.

—Suena a una cuarentena muy inspirada.

—Me está costando escribir. Es una etapa en la que nos vemos muy afectados. Es bueno tratar de encontrarle el lado positivo. Sé, también, que para mí es más fácil decirlo porque tengo mi casa y comida en la mesa. Hay mucha gente que está perdiendo, cerrando el negocio que armó con tanto esfuerzo o que tiene que salir a laburar para comer en el día. No me puedo quejar, tengo una situación privilegiada. Eso, automáticamente, te pone en contexto. Hay quienes están pasándola realmente mal. Ni hablar de la gente que se enfermó y está en un hospital sin poder ver a su familia. Cuando ves la foto entera, decís: “Relájate un poquito, bajá la movida y conectate”.

Dante Spinetta opina sobre el racismo (Infobae)

—En paralelo a esta pandemia, sucedió un hecho de racismo brutal en Estados Unidos y las movilizaciones posteriores. Pienso en el rol del arte y la música como canal para transformarnos y comunicar lo que está mal como sociedad.

—La música une. Lo que pasó en Estados Unidos, que viene pasando, es una locura. Lo groso del Black Lives Matter es que empezó a hablarse del racismo local. En todos lados hay racismo, clasismo. Al otro día de lo de George Floyd, aparecieron los videos de la policía pegándole a una familia qom. Eso no pueden pasar más. El hecho de que alguien se crea que es superior por el color de piel es tan estúpido e ignorante… Estados Unidos nunca terminó de reparar las cagadas que se manda con la comunidad afroamericana y la latina. Si les sacás la comunidad afro, ese país no está muy bueno. El rock and roll lo inventaron los negros, el rap, el hip hop, Michael Jordan, Stevie Wonder, ¡todo! Hasta el American Dream. Desde Martin Luther King diciendo “Free at last” o Malcolm X. Es doloroso que en el mundo se destape esto. Acá hay mucho racismo con los pueblos originarios. Tiene que ver con una educación muy eurocentrista. Todo pasa por los que vinieron de allá y no se habla de lo que pasó acá. Hace poco me enteré de la historia de María Remedios del Valle, que fue considerada la madre de la Patria. Era una mujer negra que había sido esclava y la nombraron madre de la Argentina. Después, la borraron de la historia. El racismo es muy institucional. Hay cosas que ya no se toleran más.

—No se tolera más y, a la vez, sigue sucediendo. Pero en tiempos de redes también se generan movimientos como lo fue el Me Too para decir: “Basta”.

—Hoy estamos conectados con las redes y te das cuenta, cuando todos apretamos el click, que se van a generar cambios. Esperemos que los casos no se olviden. Como este fiscal que declaró “desahogo sexual” a una violación en grupo a una piba. ¡Es una locura! Ese tipo tiene que ir preso. Cuando ves la presión social, te mueve la estantería.

dante spinettaDante Spinetta

—¿Cómo te llevás vos con las redes?

—Me gustan, son una parte de la vida que está muy metida en nosotros, es una manera de expresión. Nos conectan y es una posibilidad de decir algo sin intermediarios. También hay cuestiones que no están tan buenas. Cierta imagen de perfección todo el tiempo y no mostrarnos realmente cómo somos genera mucha ansiedad. En el mundo hay un montón de adolescentes deprimidos, y suicidios también, por no tener seguidores y la presión social de ser populares en las redes. Eso es tremendo, muy dark. Está bueno estar conectado, pero la vida pasa por otro lado.

—¿Cómo lo manejás con Brando y Vida?

—Brando va a cumplir 18 y Vida tiene 14. Son chicos que crecieron con las redes. Su mamá y yo lo hemos hablado mucho con ellos. Brando es más tranca porque es futbolista y está más en otra. Vida está más metida, y va a estarlo cada vez más, en cantar y actuar. Hay gente que te pone cosas buenas y gente que te pone cosas malas. Lo aprendí de chico por lo que me tocó a mí por el rap o por ser hijo de Spinetta y no hacer rock and roll. No te tienen que afectar esas cosas.

—Como papá, cuando alguien le dice algo feo a Vida, ¿no te dan ganas de responder vos?

—Sí. Si es un menor no respondo, pero si es un mayor le recruzo el auto. Vida tiene 14 años, es una nena todavía, es chica. Hay gente desubicada. Igualmente, no se han metido tampoco de una manera… Aparte, es una persona muy segura, sabe lo que hace. Está instruida, toma clases de canto, baile, actuación, la becaron en GO Broadway. Imaginate la manija que tiene. Es muy talentosa. Y Brando también, es muy tenaz. Está jugando en la quinta (división) de Aldosivi. Es un orgullo, un club increíble.

Dante y su último trabajo junto a su papá Luis Alberto Spinetta (Infobae)

—¿Estás en pareja?

—Esperá que voy a tomar agua para esto (risas). No, estoy soltero.

—¿Cómo son las citas en época de cuarentena?

—No hay citas, básicamente. O ir a correr juntos. El problema es que no corro y ya empiezo mal. ¡A las diez cuadras quedo tirado! (Risas). Aparte, hay que cuidarse. Se pueden armar charlas interesantes… Igual, estoy con la energía puesta en otras cosas. Cuando sea el momento se va a dar. Estoy ciento por ciento soltero, se puede decir.

—Volviendo a la carrera, estamos en un momento en el que las biopics funcionan un montón. Se cumplen 25 años de Chaco, en 2021, y los 30 de Fabrico cuero. ¿Podría existir una serie de los Kuryaki?

—Vamos a hacer un documental que oficia de serie. Tenemos mucho material. Es un hecho de justicia histórica mostrar todo lo que hicimos y lo que representó Illya Kuryaki para un montón de generaciones. Hemos filmado todo desde los 14 años, literalmente. Hay unas cosas increíbles. Va a ser muy divertido. Pero la banda no se va a juntar, cada uno está muy metido con lo solista.

—Es una gran noticia el documental de los YKV.

—También voy a sacar un documental de los 10 años de Pyramide, sobre cómo se hizo el disco. Hernán Corera, el director, vino todos los días a filmar cuando lo estaba haciendo. Está buenísimo porque estoy comiendo con mi viejo y llega Residente (por René Pérez), (Adrián) Dárgelos, Fito (Páez), toda la gente que trabajó en el álbum. Va a salir este año, es una de las cosas que se vienen. ¡Los documentales me encantan!

—¿Qué te pasa cuando ves imágenes de tu papá?

—El haber hecho ese álbum, con el paso del tiempo, me di cuenta de que mi viejo estaba. Lo grabé en su estudio, La diosa salvaje, y él vivía ahí. Yo tenía 32 o 33 años. A esa edad no pasás casi un año entero con tu papá, y tuve la posibilidad de estar todos los días con él. Almorzábamos, cenábamos, hablábamos y jugábamos. El lema del disco era nada muere, todo se transforma. Pyramide era padre, hijo, espíritu santo. Tenía muchos sentidos esa tríada. Capaz, era una especie de premonición de que algo iba a cambiar.

—A la distancia, cobró un significado muy fuerte.

—Lo fui entendiendo con el paso del tiempo. La grabación de ese álbum tiene algo mágico. Yo vivo solo desde que tengo 17 años, casi 18. Tener ese bonus track fue re groso.

Mirá la entrevista completa

(Infobae)

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