la caída en desgracia de un producto Disney

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Cuando Harry Potter y la Piedra filosofal, de Chris Columbus, llegó a las pantallas de cine hubo reacciones dispares. Por un lado, se le acusó de ser “en exceso fiel” y carecer de la imaginación para reinventar el universo de J.K. Rowling a un nivel por completo nuevo. Por el otro de ser un homenaje sincero a la obra de la escritora y, en especial, a los fans que abarrotaron los cines para ver por primera vez a su historia preferida en la pantalla grande. Pues bien, Artemis Fowl de Disney Plus está años luz de llegar a ese nivel.

A la distancia y en especial después de que la saga se convirtiera en una de las franquicias más rentables del cine, hubo un extraordinario recorrido a través del mundo imaginado por la escritora, que terminó por cautivar a los exigentes amantes del género de la fantasía. Aunque no se le podía comparar con la colosal y épica trilogía de El Señor de los Anillos, de Peter Jackson, el mundo del joven mago tuvo el suficiente encanto y solidez para crear un mundo independiente que terminó por sostener una indudable personalidad.

Quizás por ese motivo, Artemis Fowl (2020), de Kenneth Branagh, resulta al contraste un producto incompleto, blando y destinado al olvido. Lo que explica la decisión temprana de Disney Plus de trasladar el estreno del film a su plataforma, algo que desconcertó a buena parte de los fans.

Tras la excusa del coronavirus

La película —un proyecto con un abultado presupuesto— fue una de las primeras en perder la oportunidad de llegar al cine después de la emergencia sanitaria por el coronavirus, lo que provocó rumores acerca de su calidad y en específico sobre la capacidad de Branagh para trasladar un rico universo como el de Colfer al cine.

El resultado demuestra que el director británico no pudo abarcar la amplísima mitología de la popular saga y que tomó la inexplicable decisión de resumirla en un producto superficial que desmerece el material de origen.

Eso, a pesar de los evidentes esfuerzos de Branagh por dotar al argumento de la curiosa energía y el poder metafórico de su homónimo en papel. No obstante, la adaptación carece de coherencia y usa los impecables efectos visuales ocultar notorios vacíos narrativos. Una narración torpe que trata de abarcar demasiadas cosas a la vez sin lograrlo.

Si la historia literaria se toma unos cuantos capítulos para avanzar de manera directa al centro del universo que desea narrar, su versión cinematográfica carece de la sutileza y la astucia que le permitirían mostrar una historia compleja sin dejar atrás sus principales elementos. El guion — escrito a cuatro manos por Michael Goldenberg, Adam Kline y Conor McPherson — carece de sustrato simbólico y tiene la evidente intención de convertir la historia de Colfer en una aventura disparatada, ambientada en medio de escenas deslumbrantes y con toques de sentido del humor.

El fracaso de lo que hubiese sido una nueva franquicia para Disney

Es evidente que Branagh no está interesado en reflexionar sobre el acento mitológico de la historia y se decanta por una serie de escenas vistosas y humorísticas sin mayor trascendencia. Que además carecen de verdadero sentido e incluso un hilo conductor que pueda sostenerlas a todas a la vez como un única narración.

La consecuencia inmediata es la sensación que Artemis Fowl no es una versión de un libro o una historia más amplia, sino un carrera de obstáculos por demostrar los puntos más álgidos y llamativos de un universo mayor que nunca se muestra del todo.

Por supuesto, la película ha tenido todo en contra: desde su largo trayecto entre productoras por considerar la obrar inadaptable, hasta todo tipo de recortes de argumento y revisiones que convirtieron el resultado final en una mezcla poco atinada de ritmos y discursos.

Con diez años de experimentos argumentales a cuestas —y una polémica re escritura del guion original que redujo al mínimo la historia—, el proyecto pasó un buen tiempo en el incómodo limbo de las producciones incompletas. Hasta que Disney decidió hacer una considerable inversión de presupuesto para llevar a la pantalla grande lo que sin duda esperaba fuera otra nueva — y rentable — franquicia.

Pero el experimento funciona mal: la magia, lo maravilloso y asombroso en Artemis Fowl es una fórmula, una serie de lugares comunes y de clichés que resultan un tanto anacrónicos en medio de un renacimiento de la fantasía en todo tipo de plataformas y propuestas cinematográficas.

La película tiene un cierto encanto antiguo, como una de los grandes éxitos de los años ochenta, pero sin el ingenio audaz que las hicieron inolvidables. Allí en donde Goonies de Donner asombraban por su dinamismo e inteligencia o Willow de Howard deslumbraba por su meticulosa manera de crear un mundo entrañable, Artemis Fowl tiene una frialdad calculada que decepciona y resta efectividad a su propuesta.

Tropiezo tras tropiezo

La película comienza como cualquier camino del héroe que se precie — con referencias más que obvias a los films de la saga de Harry Potter dirigidas por Columbus —. El trayecto no logra cautivar ni mucho menos interesar al espectador.

El debutante Ferdia Shaw no parece cómodo en la piel del niño prodigio Artemis Fowl, capaz de clonar una cabra a los diez años. Pero que a la vez carente de toda curiosidad como para hacerse preguntas sobre los extraños sucesos que rodean a su familia y la casa familiar. Por momentos, el guion cambia el enfoque sobre el personaje central, se aleja para analizarlo y al final solo mantiene la mirada sobre sus aspectos más espectaculares.

Pero Artemius es un niño y el film lo olvida con demasiada frecuencia: tal vez se deba al hecho que el argumento toma el recurso de la narración en una loop innecesario. La combinación provoca que la sensación de vuelta de tuerca temporal haga de este Artemis Fowl tan brillante, poderoso y al final independiente, sea una especie de héroe en miniatura que no debe atravesar un necesario camino de aprendizaje.

Si en el libro Artemis atraviesa una lenta evolución emocional, en la película el personaje es una sombra de sí mismo apresurada y poco sustanciosa.

Al final, Artemis Fowl pudo ser muchas cosas, pero solo es en realidad una caja de resonancia para un estilo de cine que hace años evolucionó hacia algo más intrigante. La combinación de niño especial + secreto + artefacto mágico y un villano genérico podría haber resultado popular diez años atrás, pero en una época en la que Shazam! es una prueba sobre las posibilidades de un concepto semejante, Artemis Fowl es una decepción casi melancólica.

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