increíble space opera cyberpunk al ritmo de Carpenter Brut

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Gracias a la banda sonora de esa salvaje joya del videojuego indie que es ‘Hotline Miami’, en la que figuraban grupos y artistas de la talla de Perturbator o M.O.O.N. caí rendido a los pies del synthwave —también conocido como outrun o retrowave, entre otros términos—. Pero no fue hasta que descubrí los oscuros y machacones sintetizadores de Carpenter Brut —nombre artístico de Franck Hueso— en 2015, con su álbum ‘Trilogy’, que mi gusto por este género musical se convirtió casi en una obsesión.

Si el sonido de Hueso, y el modo en que retuerce los cánones asociados —de forma veraz o no— a los años ochenta, es único en su especie, su puesta en escena, iconografía, y el elaborado tratamiento de su contenido gráfico y audiovisual son igualmente brillantes; destacando videoclips como los de ‘Leather Teeth’ y, sobre todo, ‘Turbo Killer’.

Tomando como base este último, el dúo de realizadores y artistas de VFX Raphael Hernandez y Savitri Joly-Gonfardhan, bajo el seudónimo de Seth Ickerman, han vuelto a aliarse con Carpenter Brut para dar forma a ‘Blood Machines’; una inclasificable y ultra estilizada continuación de ‘Turbo Killer’ a medio camino entre el video arte, el video musical y la experiencia lisérgica ochentera definitiva en clave sci-fi.

Pura sinestesia cyberpunk

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Han pasado unas cuantas horas desde que he concluido el maravilloso viaje que me han brindado Hernandez y Joly-Gonfardhan y aún no he conseguido librarme de mi estupefacción. Describir de forma precisa ‘Blood Machines’ es harto complicado, y esto se refleja tanto en su estructura narrativa como en su particular formato, que divide un total de 50 minutos de metraje en tres capítulos; uno de diez minutos y otros dos de veinte.

El conjunto de estos tres segmentos no casa con la definición de cortometraje, ni la de mediometraje; ni tan siquiera con la de miniserie —la brutal secuencia de créditos no entra hasta bien empezado el segundo “episodio”—. Pero a quién le importan las etiquetas cuando, en menos de una hora, entre ramalazos experimentales, se articula un lúcido revival que nos transporta cuarenta años atrás en el tiempo —o a la ide que tenemos de aquella época—.

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Bajo la apariencia de una space opera electrónica —la esencial aportación de Carpenter Brut se encarga de hacer que este término cobre sentido—, ‘Blood Machines’ explora lugares comunes del subgénero; uniendo inteligencias artificiales autoconscientes, máquinas orgánicas, esoterismo, carne, metal y cierta carga sexual bajo una narrativa que hace desear un mayor desarrollo.

Es difícil no echar de menos un extra de metraje que permita ampliar el rico lore del universo en que se ambienta el relato, y reforzar una historia que podría generar algo de confusión debido a su ritmo acelerado; pero entre todo este aparente caos temático y referencial, las lecturas sobre la feminidad y lo icónico de algunos personajes hacen que la cinta brille con una deslumbrante luz propia.

Pese al gran atractivo de todo lo mencionado hasta el momento, la verdadera guinda en este delicioso pastel titulado ‘Blood Machines’ es un tratamiento audiovisual sobresaliente, difícil de comparar con cualquier referente. La orgía de CGI, composiciones para enmarcar, colores primarios utrasaturados, neón y strobes que baña la pantalla escena tras escena, combinada con los sintetizadores de Carpenter Brut da como resultado un espectáculo próximo a la sinestesia cyberpunk.

‘Blood Machines’ es una gigantesca rareza que podría indigestarse a muchos paladares. Una experiencia impresionante de esas que no se ven, sino que se sienten a flor de piel.

Actualmente, ‘Blood Machines’ está disponible en la plataforma de streaming Shudder y en Vimeo On Demand.

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