‘Ana y los 7’, ‘Piratas’, ‘SMS’… Las mejores series para suceder la cuarentena que nadie te recomendará

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Ana y los 7

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La gente empezaba la cuarentena con una felicidad desbordante, ya que sería el momento idóneo para comenzar o retomar aquellas series que, por el ajetreo del día a día, uno no era capaz de ponerse. Ese pensamiento duró en los españoles un par de horas, tiempo que pasas mirando al techo de tu habitación y preguntándote “¿Qué voy a hacer con mi vida ahora?”. Yo durante este periodo ya he fantaseado varias veces con la idea de un apocalipsis en el que mi rol sería sobrevivir metiendo mierda entre todos y al final morir de la manera más tonta posible (tropezar con una piedra o comerme una lata de atún en mal estado). Pero tranquilos, que yo os traigo la solución para que estas semanas no acabemos como Raquel Mosquera en la ventana.

En redes sociales no han parado de compartir diferentes opciones de diversas plataformas y que todo se resume en lo mismo: Series galardonadas con un montón de premios que, a priori, pueden parecer una buena opción. Pero, NO. ¿Para qué unirse a la moda pudiendo disfrutar de lo mejor que nos ha dado la cultura patria? Yo os ofrezco opciones audiovisuales mucho menos aburridas que Juego de Tronos o Stranger Things y con un humor superior a The Office. Comencemos.

‘Ana y los 7’

La niñera/stripper más famosa de España aterrizaba en nuestros hogares a principio de los 2000 para convertirse en la mejor amiga de los niños, robándole así el puesto y el honor a la polifacética Leticia Sabater. El argumento era la fusión perfecta entre el ingenio de David Lynch y el terror de las novelas de Stephen King (en este caso las gemelas de El Resplandor eran varones y el miedo era muy superior). La serie utilizaba todos los clichés familiares para generar una mezcla de tramas empalagosas que hasta los de Barrio Sésamo apartarían la mirada. Ana Obregón se jactaba en todo momento de ser la autora del guion, que se resumía en hablarle a los niños como si les hubiese faltado oxígeno al nacer y, además, le daba tiempo a demostrarle al mundo que los años no pasaban por ella, contoneándose como una top model de los 90. La leyenda urbana sobre unos capítulos rodados en los que la famosa bióloga fallecía en un accidente de avión y que TVE decidió no emitir, es la segunda mejor de nuestra historia después del caso Ricky Martín y la mermelada.

‘El Inquilino’

A veces creo que esta serie sólo formó parte de mi imaginación, pero después busco su nombre en internet y ya respiro aliviado. El Inquilino fue una de las obras maestras que nos trajo la televisión generalista. Jorge Sanz irrumpía en nuestra apacible vida (Aún no habíamos superado su etapa de tunero con 35 años) para interpretar a un Casper del siglo XXI que se pierde en el centro de Madrid y escoge el cuerpo del veterano actor para pasar desapercibido. Si la premisa ya era para temblar, el desarrollo de la historia y los efectos especiales con el Paint no iba a quedarse atrás. El carismático extraterrestre compartía piso con dos amigas y, todas las situaciones, se desarrollaban con el marciano protagonista pareciendo en todo momento un ordenador sin formatear y risas enlatadas, además de diversas torpezas previsibles acompañadas de más risas enlatadas. Si vuelven los TP, Jorge Sanz debería recibir uno de honor simplemente por este papel.

El inquilino

‘Nada es para siempre’

Sin lugar a duda la serie adolescente más importante que se ha creado. Nos contaba la historia de Adrián y su familia: El padre infiel, la madre comprensiva, la hermana que hablaba siempre gritando aunque estuviese en un tanatorio y su hermano, que bueno, estaba ahí porque en aquella época se llevaban las familias americanas de cinco miembros. Además, estaba su mejor amigo llamado Gato (sí, sí, Gato), una vecina que era canaria pero que sus padres eran madrileños de pura cepa, o Máximo, que solo se comunicaba con frases relacionadas con la informática como “No me rayes el disco duro”.

Adrián estaba enamorado de la nueva alumna, Natalia, una niña rica insoportable que empastaba muy bien con la insoportable existencia de Adrián. Cabe destacar al villano del serial, Manu, uno de los actores más increíbles que haya visto. Hablaba como el robot Emilio y no pestañeaba jamás porque así infundía más miedo entre los alumnos. Las escenas parecían siempre tomas falsas y cada interpretación provocaba un ataque de ansiedad a Cristina Rota. Inolvidable aquel accidente de avión inesperado al final de la primera temporada para ahorrarse unos cuantos sueldos que pagar en la siguiente tanda de episodios.

Nada es para siempre

‘SMS’

Si hay algo que no soporto es esta vida es a esa gente que al decirles SMS no me responden “Sin miedo a soñar”, himno oficial de esta primera serie original de la Sexta que nos mostraba a un grupo de adolescentes pijos con corbatas (Élite, no sois los primeros) y sirvió de trampolín para mucho de los actores actuales que triunfan tanto en cine como en televisión. En cada uno de los episodios siempre aparecían los mensajes del móvil que se enviaban, como por ejemplo “T kiero. Bss” o “Kdamos a bbr unos Blue Tropic”, vamos, mensajes que nos recuerdan que nosotros fuimos una vez así de idiotas. Raúl Peña protagonizaba su decimosexto papel de adolescente, aunque estaba en edad ya de tener tres hijos y la hipoteca pagada. La serie tenía de todo: María Castro considerada fea porque llevaba gafas y al quitarlas ya era la Monica Bellucci de su clase, Amaia Salamanca haciendo de Amaia Salamanca, Yon González actuando como si hubiese metido los dedos en un enchufe o a Mario Casas siendo el primer emo oficial con su camiseta negra y pendiente de cruz. Importante resaltar el papel de Quimi de Compañeros haciendo de Quimi de Compañeros cinco años después.

SMS

‘Piratas’

Y para terminar este recorrido no podía olvidarme de esta joya que nos traumatizó gravemente y que fue vendida como una versión española de Piratas del Caribe. Pilar Rubio había fichado por Mediaset, y el señor Paolo Vasile estaba dispuesto a explotar al máximo el apogeo que estaba viviendo la joven presentadora. Todo aquello se convirtió en un desastre absoluto, convirtiendo así a la fallida (también) presentadora de Operación Triunfo en la primera gran gafe de la televisión en España. La serie estaba ambientada en el siglo XVIII, o eso decían, ya que los decorados podían valer para el siglo XV, el nacimiento de Jesucristo o un videoclip de Lady Gaga, y narraba la historia de la nula química entre Pilar Rubio y Oscar Jaenada. Nadie entendía lo que estaba pasando ni como los actores fueron engañados para ofrecer su imagen en este proyecto ya que todo era como una película de Scary Movie pero sin momentos cómicos. Rápidamente la cadena decidió cancelarla (A Pilar Rubio también).

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