No me pierdo nada

2016: un año cargado de televisión

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Los informativos llevan semanas haciéndose eco de aquellos acontecimientos más relevantes del año: el Brexit, los brotes de zika, la salida a la luz de los ‘Panamá Papers’, la llegada de Donald Trump a la presidencia del gobierto de los Estados Unidos o la pérdida de Prince, Juan Gabriel, David Bowie, Johan Cruyff, Cristina ‘La Veneno’, Gene Wilder, Zsa Zsa Gabor, George Michael y Carrie Fisher entre otros han hecho de 2016 un año convulso. Mientras que la expresión popular “año bisiesto, año siniestro” ha alcanzado la realidad en según qué facetas, para la ventana catódica no ha supuesto una revolución de formatos ni de contenidos, aunque tampoco nos ha dejado hambrientos de tele: hemos tenido de todo a todas horas. Y, aunque la calidad podría ser criticable, no nos ha faltado variedad de títulos de los que disfrutar y seguir aprendiendo.

Citas a ciegas para el access prime time

Cuando pensábamos que ‘El Hormiguero’ había capturado la atención del público que esperaba para disfrutar de sus programas favoritos de la semana, ‘First Dates’ llegaba en abril de 2016 para darle la vuelta a los audímetros y crear una conversación de lo más divertida en redes sociales. Tal y como lo hace ”Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo’, lo “tróspido” se ha adaptado a un formato más liviano y directo, lo cual me parece hasta más divertido. El programa conducido por Carlos Sobera en Cuatro funciona como un tiro gracias al casting y al montaje y, si no fuera lo suficientemente rentable, se alimenta de sí mismo: gracias a los especiales, a las “repescas” y a la participación de famosos, ‘First Dates’ se ha convertido en un título que, seguro, recordaremos cuando la televisión evolucione.

Que no nos falte la nostalgia

Aunque hace un tiempo que descubrimos las maravillas del archivo en la televisión que hoy conocemos, creo que 2016 ha estado cargado de buenos formatos creados a partir del pasado: la nostalgia nos ha llevado a que celebráramos el 15 aniversario de ‘Operación Triunfo’ con la misma intensidad que con la que asistimos a la gala que hacía a Rosa (de España) ganadora del primer talent de nuestra televisión. Gracias a tres episodios en los que comprobábamos cuál era la relación (al menos, ante las cámaras) de los “triunfitos”, lo que habían sido en el 2000 y lo que eran ahora; ‘OT: El Reencuentro’ supuso un soplo de aire fresco para quienes comenzábamos a creer que esto de rescatar formatos míticos solo servía para desmitificarlos. Por suerte, la pública no nos decepcionó en esta ocasión.

#0, el canal de pago inteligente

Resulta frustrante querer visionar un contenido específico de un programa concreto y no poder hacerlo, ya sea porque la cadena haya bloqueado el título o porque la plataforma online no funcione. #0 ha rechazado el comportamiento en la red habitual de las privadas en abierto: ¿qué mejor herramienta de captación de público que subiendo fragmentos o programas completos a YouTube? Desde luego, conmigo lo han conseguido: gracias a descubrir que la Niña de Shrek hacía aparaciones eventuales en ‘Late Motiv’, no me ha quedado más remedio que seguirlos de cerca. Otros formatos de la sustituta de Canal + como ‘La Huida’ o ‘Muerte en León’ me han dejado sin aliento: el primero, una adaptación del formato británico ‘Hunted’ a la española que nada tiene que envidiarle al original gracias al carisma de los participantes y a la exactitud de las recreaciones (protocolos, persecuciones, software, etc); y el segundo, una serie documental que, tal y como lo hicieron ‘Paradise Lost’ o la reciente ‘Making a Murderer’ utiliza el material audiovisual y los testimonios del caso del asesinato de Isabel Carrasco para elaborar un relato en forma de río: según las versiones de cada una de las implicadas, obtenemos una imagen que nada tiene que ver con el morbo, sino que podríamos considerarlo hasta un referente de creación nacional.

Los realities caen en picado

2016 ha sido el año del sufrimiento para quienes disfrutamos de este formato. Mientras que el formato de ‘Un Príncipe Para…’ perdía toda su esencia con la aparición de las tres princesas (cada cual más particular, aunque sin gancho), la decimoséptima edición de ‘Gran Hermano’ prometía venir totalmente renovada y distinta de lo que ya habíamos visto. Sin embargo, parece que no aprendemos de las falsas promesas: mientras que la organización ha manipulado el contenido como le ha dado la real gana, la audiencia ha decrecido cuesta abajo y sin frenos. Los que amamos el reality hemos vuelto a ver cómo destrozaban un casting aceptable, cómo desaprovechaban momentos que hubieran sido televisivamente impagables y, sobre todo, hemos comprobado cómo favorecían a unos y desprestigiaban a otros… Como siempre. Y, aunque todos los años digo lo mismo y nunca lo cumplo, me temo que el 17 ha sido mi último ‘Gran Hermano’ de pasión: no he disfrutado ni me he enfadado, sino que todo me ha dado lo mismo. ¿Merece la pena perder tres meses de tele de esta forma?

Mis deseos para el 2017

Tras este repaso de lo mejor y lo peor del año catódico (siempre, desde mi punto de vista), tan solo me queda pedirle al 2017 un poco de criterio y atrevimiento: nuevos formatos que nos sorprendan, espacios distintos a lo que ya hemos visto, caras nuevas en la televisión y, por supuesto, muchas emociones. Quizá la tele de 2016 se haya quedado un poco corta de esto último pero, ¿qué mejor que comenzar el nuevo año con esperanza?

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