Hay personas que se convierten en iconos o mitos y parecen inmortales, que siempre estarán ahí para que nos riamos con ellos. Es el caso de La Veneno. A todos nos pilló por sorpresa esta semana cuando recibimos la noticia de su muerte.

Tenía un magnetismo especial, no se trataba de una basta que decía burradas, contaba un vida que te enganchaba fuera verdad o mentira. Esa forma de hablar que transmitía inocencia por todas partes aunque utilizara un vocabulario que escandalizaba hasta en el late-night. Por eso ahora cualquiera utiliza alguna de sus frases en su día a día: el ‘digo’, el ‘vaya’, el ‘pazo puta’…

Con ella se va el bizarrismo televisivo que ya no existe prácticamente, los programas gamberros y nocturnos que también se han perdido y el riesgo televisivo a tener este tipo de personajes que muchos han cogido miedo porque parece que  nos hemos vuelto extremadamente sensibles a cualquier palabrota.

Lástima que muchos nos quedamos con las ganas de que entrara en un reality como ‘GH VIP’. Ahora solo queda que se le haga un buen homenaje y una mini-serie de su vida porque como estrella que era, desearía que fuera una despedida por todo lo alto y en boca de todo el mundo. Jamás hubiese querido una despedida sencilla, le hubiese encantado un adiós a lo grande como si se tratara de Lola Flores. Y muy merecido porque no ha existido nadie como ella, ahora todo el mundo viene muy resabiado y con muchas ganas de ‘estrellitis’. Los personajes en la tele han perdido sobre todo eso, naturalidad y espontaneidad.

Gracias a ella muchos nos seguimos alimentando de sus apariciones televisivas en Youtube y por mucho que las veamos jamás nos cansaremos de ellas. Ojalá hubiesen sido muchas más pero ya no puede ser. Gracias y hasta siempre Cristina.

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