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‘Fuera de Cobertura’: ¿el regreso del reportaje de calidad a Cuatro?

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El nuevo programa que acoge Mediaset para la noche de los lunes en Cuatro, mientras que sigue disfrutando de estupendas cifras de la mano de la ficción con ‘La Que Se Avecina’ para Telecinco, me ha dejado un buen sabor de boca. ‘Fuera de Cobertura’ me parecía un espacio más a los que nos tenía acostumbrados Alejandra Andrade, una cara ya conocida en el escenario de los reportajes de temática internacional puntiaguda. Junto con Jalis de la Serna en el pasado, pudimos verla introduciéndose en cárceles de Bolivia, Perú, Brasil o Costa Rica entre otros destinos conflictivos. En esta ocasión, la intrépida reportera afirmaba ante la cámara que la de Guantánamo era la prisión más complicada de grabar. Quienes hemos podido disfrutar del primer episodio tenemos la misma sensación que el equipo: las trabas impuestas por los militares hacían del registro de imágenes y testimonios toda una tarea de riesgo.

Además de los recursos obtenidos en la polémica prisión, el equipo de ‘Fuera de Cobertura’ ha sabido complementar el material visual con las declaraciones tanto de expertos como de antiguos presos (detenidos, según el personal del centro de alta seguridad, quien se mostraban extremadamente cuidadosos tanto con la terminología usada como con lo que mostraban a los periodistas allí presentes). Los testimonios ofrecidos por los que sufrieron los métodos supuestamente violentos, ilegales e inhumanos ponían la carne de gallina, pero Andrade no se ablandaba ni ante ellos ni ante las censuras continuas de los militares. Tampoco se dejaba preguntas en el tintero, pese a que le llamaran la atención en numerosas ocasiones. Aunque el programa no gira alrededor de la reportera (pues cuenta con recursos de sobra para ser considerado un espacio correcto, como la imagen, el ritmo o la música seleccionada).

Si la primera entrega me ha sorprendido, espero que las siete restantes provoquen la misma sensación: la de disfrute en el visionado y, sobre todo, la de reflexión. Como todo buen programa de reportajes, casi lo más importante es que dejen en el espectador una huella que no solo cree en él angustia y desilusión, sino que siembren preguntas en su cabeza y que, por qué no, desemboquen en conclusiones más o menos esperanzadoras. Como Cuatro hizo años atrás (aunque a niveles locales, con ‘Callejeros’), ahora vuelve a conseguir que disfrutemos de la calidad y de la cercanía, pese a que nos hayan contado una historia que ocurre en el otro lado del planeta.

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