Desvaríos Catódicos

Las noches en las que TVE fue pública

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El documental divido en tres partes narrando el reencuentro de los concursantes del primer OT, nos ha sorprendido por lo eficaz del formato, la generosidad de las declaraciones y la vuelta a la infancia y adolescencia de muchos de nosotros en lo que ha sido una catarsis que llegaba a la cúspide con el concierto y la actuación de Bisbal y Chenoa. El avance de la primera parte del documental me dejó gratamente sorprendido. No defraudó en su emisión, y me quedé enganchado. A su vez, la confirmación de que estoy mayor, porque la gente en Twitter hablaba de su infancia mientras yo recordaba lo poco que me gustaba el latín de Bachillerato.

En realidad, el reencuentro me importaba poco cuando escuché su planteamiento, pero el sentimiento que me dejó el avance me daba seguridad, y no me equivoqué. La puesta en escena ha sido magnífica. Al margen de la rentabilidad, el documental ha respetado al espectador. Eso tiene mucho valor. Saben que todos somos quince años mayores y han actuado en consecuencia, sin tratarnos como idiotas. Los primeros compases con Rosa no tienen precio. Llorar me parece demasiado fuerte, pero quizá es que me pilló demasiado mayor como para explotar de nostalgia.

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Este regalo ha durado tres noches, sin contar el concierto. Tres noches en las que TVE ha hecho una de las cosas que debe hacer: ofrecer entretenimiento blanco de calidad, dirigido al público en general. Las tres noches en las que después de ‘OT: El Reencuentro’ hemos tenido ‘El Baile de los Ángeles’, un soplo de esperanza en forma de docureality.

El título es lo único malo del formato, ya que los integrantes del grupo de baile al que hemos acompañado durante tres entregas no necesitan paternalismo en absoluto, aunque lamentablemente es necesario si queremos que nuestras madres se queden a verlo (si no llevan dormidas desde las once). Un grupo de niñas y niños llenos de talento que nos enseñan su día a día y el camino a los mundiales de danza urbana que se celebran en Los Ángeles.

Vamos a pasar por lo alto lo forzado de algunas escenas y lo innecesario de requerir interpretar a los niños en algunos momentos, porque ‘Bailando con Ángeles’ es mucho más que todo eso. Ha mostrado un entorno diverso, con gente de todas las razas, edades, clases y orientaciones unidas por un objetivo común. Hemos visto a un niño que afirma que le encanta disfrazarse de mujer y de hombre porque le gusta. Y ya está. Su madre se lo permite con la naturalidad que debería tratarse por norma.

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Un profesor al que los niños adoran y disfrutan tanto sus coreografías, como la pedida de matrimonio de su novio. Unos padres rebosantes de amor por sus vástagos, un amor que permanece en todo el metraje. Detalles como que tanto niñas como niños vistan igual en los números que hacen, mientras a los padres lo único que les importa es que sus hijos sean felices. Lo son. Son niños felices y seguros de sí mismos, conscientes de la relación entre el esfuerzo y el resultado.

Contado de una manera asequible y divertida, con momentos que hacen llorar. Con esto he llorado y con OT no. Qué cosas. Esto es lo que necesitamos de TVE, una televisión que nos ayude a terminar un domingo con entretenimiento limpio, de masas, que eduque en la diversidad, que trate al espectador de tú a tú. Ahora deben repetir ‘El Baile de los Ángeles’ los fines de semana por la mañana en TVE y luego en Clan, para que tengamos un poquito más de pedagogía en el respeto. Un ‘Cachitos OT’ tampoco estaría mal. Nada mal.

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