No me pierdo nada

‘Las Campos’ sí debe renovar: tenemos hambre de Terelu y de María

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Llevaban tanto tiempo vendiéndonos ‘Las Campos’ que me había hecho unas ilusionen tremendas acerca del producto que veríamos. Quizá por el bombo de la cadena o por el brutal referente que habían elegido, el reality protagonizado por madre e hija ha dejado distintas sensaciones a la audiencia. Yo, que no me enganché en el primer capítulo pero me entregué en el segundo, he de admitir que Mª Teresa y Terelu han sabido contar una historia complicada de forma que resulte divertida. Y por complicada me refiero al equilibrio: ¿cuándo algo deja de ser curioso para convertirse en extravagante? ¿O cuándo alguien pasa de peculiar a insoportable? Las dos primeras entregas de ‘Las Campos’ se han mantenido al filo de la cuerda, aunque el desfile se ha resuelto con maestría… Al menos, en el segundo episodio.

Como ocurre con las Kardashians, el universo que Telecinco nos ha mostrado en esta ocasión también está formado en viviendas lujosas y alimentado en los mejores restaurantes. No íbamos a sorprendernos ahora del frenético ritmo de madre e hija, pues igual que en el espacio protagonizado por las hermanas más famosas de los Estados Unidos, ambas se presentan tal y como son: ariscas, divertidas, espontáneas, incrédulas, tradicionales o innovadoras. Mª Teresa y Terelu son el agua y el aceite, pero aunque que sean totalmente distintas en algunas facetas de sus vidas no significa que la relación que mantienen sea tensa. Más bien, todo lo contrario. Sin embargo, como espectadora, este es el punto que menos me interesa del reality: lo que queremos ver son aquellas situaciones más cómicas que, aunque se note la teatralización en según qué puntos, nos hacen reír.

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Aunque no es la primera vez que entramos en casa de personajes conocidos de la televisión, me resulta un ejercicio ideal para crear una conexión entre ellos con el espectador. Como ya vimos en ‘Alaska y Mario’, conocer la rutina, los hábitos y las relaciones de quienes nos resultan lejanos produce en nosotros un sentimiento de empatía magnífico. Sin embargo, con ‘Las Campos’ nos encontramos con una contradicción especial: además de sentirnos identificados con algunos comportamientos (sobre todo, con los de Terelu respecto a las facetas más sencillas de la vida, el trabajo, la comida y el alcohol) puede que rechacemos algunos otros (el trato, a primera vista, de Mª Teresa al personal de servicio).

Sin duda, el programa debe continuar su trayectoria y no dejarnos con el gusanillo tras habernos dado a probar tan solo dos episodios. Si nos hemos desternillado viendo cómo Terelu se comía una porra mientras recriminaba al equipo que la grabara en dicha situación o nos ha fascinado cómo María (la criada, con Twitter y más seguidores que el propio perfil oficial del programa) se ha hecho con la atención de los espectadores, necesitamos seguir viendo qué ocurrirá a partir de ahora.

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