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María Teresa y Terelu, las reinas de su casa

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Ya era hora, ahora les toca a ellas. Como cantaría la cabecera de ‘Aída’, ellas son las reinas de su casa, ¡y menudas mansiones! El reality (o docureality, como ellas lo llaman) ‘Las Campos’ llega a la parrilla de Telecinco con fuerza, mucha promoción y un gran esfuerzo por hacer que se consolide como un prime time imprescindible de la cadena.

El primer capítulo es ambicioso. Las expectativas eran altas y esta primera entrega no defrauda. Lejos quedan las comparaciones con las Kardashian, María Teresa y Terelu son únicas e inconfundibles. “Mamá, no me reconozco en el espejo” es el título de un primer programa que habla, a veces de forma excesivamente pesada, de la alimentación. Un asunto que vertebra la trama, pero que no deja de ser la excusa para poder disfrutar de una María Teresa totalmente natural en su piscina o de una Terelu asumiendo que a su madre le preocupa que bebe demasiado (y tiene una barra de bar en su casa). Y precisamente este es el punto fuerte: dos puntos de vista totalmente opuestos sobre una misma realidad, las visiones de la madre y la hija.

María Teresa por fin abre las puertas de su mansión para que el espectador se cuele dentro. Y además lo hace sin pudor, a través de mucha complicidad con la cámara (tan estudiada durante años que hasta resulta natural) y demostrando que es una verdadera dueña de su vida. Asume que le gusta hablar sola, que es una madre moderna que defiende a su hija a capa y espada y que, claro está, es una señora.

Sólo hay que ver la relación que mantiene con el servicio. María es su sirvienta, una mujer sumisa a su señora que a veces no llega a entenderla. Este es el punto más crítico del formato: el exceso de naturalidad de María Teresa le puede jugar una mala pasada.LasCampos2A Terelu, sin embargo, la vemos más perdida. Y ella reconoce que lo está. Su madre es un gran ejemplo a seguir, pero ella quiere ser feliz a su manera. Y quizá este sea el gran descubrimiento: una Terelu libre y llena de contradicciones que no es consciente de su propia realidad. Y así se convierte en una persona, que no personaje, que resulta cercana, divertida e hilarante.

Los puntos fuertes son, indudablemente, la magnífica edición y el cariño a las imágenes: los planos, la postproducción y el montaje son aspectos fundamentales de este docureality. Además, la música es un aspecto clave. Las canciones, que rezan letras del tipo “movimiento slow, cadera, cadera” mientras vemos a una Terelu paseando lentamente, están escogidas con sumo cuidado. Como si se tratase de una película de Almodóvar (guardando las distancias) o de alguna producción de Paco León. También los grafismos están muy conseguidos, su tipografía y el color presentan la modernidad de la que presume este formato.

Como aspecto más débil está el empeño de hacer documental un formato que de por sí es carne de cañón en redes sociales. El público quiere y desea ver el día a día de Las Campos, los entresijos de una familia en la que no es oro todo lo que reluce, los intentos frustrados de Terelu por perder peso y los gestos de molestia de María Teresa cuando hay algo que se le escapa de las manos.LasCampos1Las Campos, al fin y al cabo, son una madre y una hija a la española. Con sus desencuentros dentro de casa, con unas amigas temerarias al volante y con los problemas típicos de toda familia. Y precisamente en eso se tiene que centrar Las Campos: en escuchar a Terelu que un compañero suyo de Sálvame le ha robado unas botas o le ha quitado 300 euros de su cartera.

El vestuario de leopardo de la amiga de Maria Teresa, el colador de Terelu, su gorra o sus conversaciones con Siri. El álbum de fotos familiar, las comparaciones entre el sexo y la comida o las diferencias entre madre e hija, siendo una un icono digno de tener camerino propio y otra una eterna aspirante que reconoce haber recibido insultos como “foca”. Estos son los ingredientes que hace de Las Campos un programa fácil de ingerir.

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