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‘9 meses con Samanta’: un relato doblemente emocionante

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Siempre he admirado a Samanta Villar. Aunque no fuera capaz de aguantar una jornada entera en la mina, aunque a veces exagerara en su relato y lo contara todo con un tono demasiado espectacular, pese a que a veces las experiencias que narraba cámara en mano fueran más bien habituales y poco sorprendentes. Alguien que se abre por completo a quienes la vemos desde nuestro sofá, que no tiene vergüenza al retratarse tras días sin comer o durmiendo en la calle merece, al menos, admiración.

Así como lo hizo Adela Úcar y Meritxell Martorell ahora hereda el testigo, la intrépida reportera nos mostró piezas nunca vistas en televisión hasta que su trabajo aterrizó en Cuatro, la cadena más innovadora en lo que a información se refería en sus primeros años y gracias a la cual pudimos disfrutar de contenidos tan míticos como necesarios en la programación del momento. Mientras ‘Callejeros’ nos mostraba una cara tan hostil como esperanzadora de la sociedad en la que vivimos,  el ’21 días’ de Samanta Villar nos enseñaba la vida, desde dentro.

Ahora, más desde dentro que nunca, nos narra cómo ha sido su embarazo tal y como lo hiciera hace algunos años con otras historias, eso sí, no tan íntimas como esta. Aunque algunas youtubers ya se han atrevido a contarnos su experiencia durante la gestación y el parto, todavía no habíamos visto algo así en nuestra televisión. Anoche, Samanta Villar nos mostró el lado más tierno, más duro, más sorprendente y más emocionante de la vida. Además, como siempre realiza en sus piezas, no solo se bastó de su discurso para ilustrar el relato, sino que contó con el testimonio de varias parejas en búsqueda o en proceso de traer un hijo al mundo. El caso de Laura y Borja me dejó sin respiración: pudimos ver una intervención intrauterina para corregir la espina bífida del bebé, su nacimiento y su crecimiento, más que satisfactorio, gracias a una operación a tiempo. Además, descubrimos las alternativas que parejas como la de Naza y Esther eligen para quedarse embarazadas: la compra de esperma de un banco danés de esperma (que, para mi asombro, puede conseguirse por Internet) y la inseminación de este en casa.

Pero si tuviera que quedarme con tan solo un momento del primer episodio sería, sin duda, con las reacciones de Samanta Villar ante las ecografías de su hijo… Más bien, de sus hijos: la reportera, más que acostumbrada a la presencia de la cámara, no puede evitar emocionarse al recibir la maravillosa noticia de que, en lugar de un niño, vienen dos en camino. ¿Cómo algo tan habitual como la vida puede seguir haciendo que se nos salten las lágrimas? Anoche no paré de preguntármelo mientras me sonaba la nariz. Dejando a un lado mi habitual sensiblería, ‘9 meses con Samanta’ mueve la fibra a cualquier espectador que sea capaz de empatizar con quienes están al otro ladro de la pantalla.

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