Análisis

‘Top Dance’ nunca será ‘Fama, ¡a bailar!’

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Hace poco más de dos semanas Antena 3 estrenaba ‘Top Dance’ tras adquirir los derechos del formato televisivo ‘Floor Filler o, hablando en plata, lo que venía siendo la vuelta de la tan añorada ‘Fama, ¡a bailar!’. Tras dos semanas insufribles de casting, mucha expectación se creó en torno al desempeño por parte de Boomerang del primer directo que tenía lugar este pasado lunes. Todas cayeron a la hora del comienzo y así lo han demostrado los datos de audiencia, donde perdió el liderazgo de la noche contra una parrilla muy floja del resto de cadenas. ¿Por qué no se repite el éxito de ‘Fama, ¡a bailar!’?

El casting y los dramas por encima del talento

En ‘Fama, ¡a bailar!’, al comenzar el programa, el casting ya había sido realizado y los concursantes que compondrían la edición, elegidos. En el caso de ‘Top Dance’ se han grabado dos galas para conocer a los 16 bailarines que formarían las filas del nuevo Talent Show de Atresmedia. La idea de la cadena no era mala, pero sí el resultado. Que el público presente en plató pudiera participar en la elección de los concursantes era toda una novedad, pero algo que podría haberse condensado en una sola gala sin extenderlo dos semanas insufribles para el espectador. Especialmente, teniendo en cuenta la realización y la falta de ritmo del programa.

Boomerang, productora encargada del programa, vuelve a pecar en el ritmo y en la sobreinformación de los dramas personales de los concursantes, al igual que ya ocurriese con todas las ediciones de ‘La Voz’. Vídeos de presentación en los que no falta un drama personal acompañado del llanto en numerosas ocasiones, relegando a un segundo plano el talento.

Lo contrario totalmente que en ‘Fama, ¡a bailar!’ donde primaba la profesionalidad y la superación semana tras semana de los concursantes. Conocer a los concursantes se conseguía a raíz de la convivencia con los compañeros en el día a día de la academia, sin destapar su pasado o los problemas que tuvieran en él, lo importante era aprender.

En cuanto a la realización, dejó mucho que desear el lunes con vídeos que entraban a destiempo, repetidos, cortes publicitarios que aparecían en seco sin previo paso del presentador o una iluminación desastrosa que dificultaba en algunas ocasiones la perfecta visibilidad para el espectador.

Conexión entre audiencia y concursantes

La conexión de los espectadores con los concursantes era una de las claves que conseguía el producto de Cuatro con el programa diario, el cual permitía mostrar durante 5 días a la semana lo que iba sucediendo en la convivencia. En ‘Top Dance’ la gala semanal es un hándicap en este sentido, dificultando la empatía del público con los bailarines, a los que ve de semana en semana.

Si a esto le unimos la incapacidad del programa por mostrar vídeos donde prime la naturalidad sobre lo forzado, la conexión se hace cada vez más imposible. El lunes asistimos a una serie de vídeos donde se recogían los roces entre los concursantes durante la primera semana de convivencia, con un claro ánimo de generar polémica durante el directo entre los mismos, ya que los desencuentros no habían tenido la magnitud suficiente para montar el show que intentaron llevar a cabo en plena gala. En este aspecto, se denota la falta de práctica de Antena 3 en cuanto a la parte de reality que quieren extraer del programa y a la que la cadena no está acostumbrada.

fama a bailar

Las batallas pueden ser otro de los elementos que motiven esa falta de empatía entre ambas partes. En ‘Fama, ¡a bailar!’ seguíamos el avance de cada pareja, la motivación de superarse con una coreografía nueva cada semana y teniendo que luchar solo contra ellos mismos. Las batallas de ‘Top Dance’ impiden que el espectador preste atención única y exclusivamente a una pareja, puesto que son dos las que están sobre el escenario. Fijarte en una hace que te pierdas cómo lo hace la otra, y viceversa.

Tal era la estrecha relación entre público y concursantes que llegaban a realizar espectáculos en diversas ciudades de España con éxito notable, algo impensable que ocurra con ‘Top Dance’ por el momento.

¿Participación del público en la votación?

Esta falta de conexión que comentamos entre audiencia y bailarines deriva en la hipótesis de que no habrá gran participación en la expulsión de la próxima semana, otro de los grandes fallos del programa.

Al igual que ocurriera en el desaparecido formato de Cuatro, en ‘Top Dance’ el otro miembro de la pareja que no es expulsado por el jurado, reta a otro de sus compañeros. La diferencia radica en que no se conocerá quién gana el reto hasta la gala siguiente. Esto abre muchos interrogantes: ¿durante los próximos 7 días dos personas se aprenderán la misma coreografía sin saber si llegará a realizarla o saldrá expulsada? Sin entrar a valorar que el otro integrante de la pareja retada, no sepa con quién acabará bailando en la siguiente gala. La incertidumbre en ocasiones ni está justificada, ni da resultados.

En ‘Fama, ¡a bailar!’,  al momento de retarse, se realizaba la batalla y se expulsaba a uno de los dos. La única votación que existía se abría el viernes y se cerraba el lunes para elegir al bailarín expulsado, previamente nominado con su pareja y otra más el viernes anterior.

Aunque pocos, pero algún aspecto positivo se puede sacar del formato de baile de Antena 3, como por ejemplo, que no entrará un concursante nuevo cada semana, como sí ocurría en el producto de la segunda de Mediaset.

Criterio discutible

El jurado es otro de los aspectos que no llega a cuajar. Lo de Rafael Amargo y Mónica Cruz tiene un pase, pero ¿David Bustamante en un programa de baile?

En cuanto a las valoraciones, sin entrar en los gustos personales que dejaron ver durante las dos entregas de casting, algunas opiniones del lunes estuvieron fuera de lugar. Un jurado tiene que valorar la calidad de la puesta en escena y no elegir como peor coreografía la de la pareja que mejor lo ha hecho porque “lo tenían más fácil porque es su estilo”, ¿y? Si recordamos, fueron más o menos las palabras de Mónica Cruz y Rafael Amargo tras la actuación de Julia y Jesús. Inexplicable. Quizás lo ideal hubiera sido un jurado formado por los propios profesores, como ocurriese en las primeras ediciones de ‘Fama, ¡a bailar!’, los que mejor podrían valorar la evolución a lo largo de la semana de cada pareja.

A este ‘Top Dance’ le faltan muchos ingredientes para ser un éxito: corregir los innumerables errores del directo pasado; dar más protagonismo a cada pareja por sí sola; conocer cómo conviven, sin tener que forzar el montaje de los vídeos; y, algo que ya no se puede remediar, un presentador o presentadora más acorde con el programa, porque la figura de Manel Fuentes no termina de compaginar con el espíritu de ‘Top Dance’. Y por qué no decirlo, qué gusto hubiera sido disfrutar de nuevo de Rafa Méndez, Marbelys y Lola, un elenco de profesores que consiguieron hacerse con el cariño del público. Siempre nos quedará la incorporación de Benji Lee, único hilo de unión con ‘Fama, ¡a bailar!’.

Redactora. Seriéfila y apasionada por la televisión.

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