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‘Quiero Ser Monja’: la llamada más tróspida

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Llevaba mucho tiempo esperando la llegada de este nuevo formado a ‘Cuatro’. Tras meses anunciándose, el domingo por la noche aterrizaba en la parrilla y revolucionaba las redes sociales, y no fue para menos. ‘Quiero Ser Monja’ promete momentazos dignos de zapping y que, seguro, quedarán en el recuerdo de los seguidores más fieles a este tipo de formatos. Aunque tan solo hemos podido disfrutar de la primera entrega, ya hemos presenciado algunos de ellos: cánticos, lágrimas y afirmaciones poco habituales de una futura novicia.

Aunque pensaba que las participantes de este reality tenían un poco más claras sus aspiraciones, me parece maravilloso que quienes acaban de entrar en un convento granadino tan solo estén seguras de su amor por Dios. Como en la vida, existen blancos y negros: Janet y Jaqui entran juntas, como las hermanas que son; Paloma espera cumplir el mandato que cree preparado para ella, Fernanda abandona su mundana vida de fiestas para aclarar su pensamiento y Juleisy deja a su novio entre lágrimas para poder entregárse en cuerpo y alma a las nuevas obligaciones.

Por su parte, las hermanas del Santísima Sacramento en Granada han recibido a las chicas con los brazos abiertos, aunque también con imposiciones que no esperaban: ahora, como auténticas novicias, deberán deshacerse de sus teléfonos móviles, del maquillaje y de su habitual vestimenta para poder integrarse en la comunidad donde residirán el tiempo que dure su decisión. Pese a que todo esto suene a solemne, y no es para menos al tratarse de un asunto tan trascendental como la elección de ser o no religiosa, el programa recupera la esencia a la que Cuatro nos tiene acostumbrados. ¡Y que no falte! ‘Quiero Ser Monja’ desprende trospidez gracias al casting y al montaje. Además, combinar el visionado tradicional con el social resulta tan satisfactorio como lo era en programas como ‘Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo’ o ‘Un Príncipe Para…”. No sé si voy a aguantar hasta el próximo domingo para ver qué pruebas divinas deberán superar, con qué canciones nos sorprenderán y qué perlitas soltarán estas chicas mientras continúan con su más que divertido debate interno entre lo terrenal y lo espiritual. ¡A mí me tiene enganchada!

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