No me pierdo nada

‘Madres Forzosas’, la nostalgia como fórmula

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Volver de casa de jugar en casa de mi vecina, poner la tele y ver ‘Padres Fogzosos’ (sí, tenia un pequeño problema de pronunciación, pero dejemos los traumas a un lado). Ese es uno de los recuerdos que tengo más claros de mi infancia, y ‘Padres forzosos’ (ya solucione lo de la pronunciación) una de esas series a las que guardo un gran cariño, y que hace que aun tenga pendiente viajar a San Francisco para cruzar el Golden Gate con una hermana Olsen secuestrada en el asiento de atrás de un descapotable. Para mi sorpresa, Netflix anunció hace unos meses que retomaba la serie con sus mismos personajes y actores, esta vez más creciditos y protagonizado por las que entonces eran las hijas. Llega ‘Madres forzosas’ (‘Fuller House’).

La premisa de la serie es simple: D.J., la hermana mayor y viuda (como lo fue era su padre), y con tres hijos, vive la repentina marcha de todos sus tíos y su padre a vivir fuera así como la venta de la casa, quedándose a solas para compaginar su vida laboral y sus hijos. Su hermana Stephanie es una famosa Dj, con una gira mundial con parada en Ibiza, y su inseparable amiga y vecina Kimmy Gibler madre de una niña, Ramona, y divorciada. No sorprenderá a nadie que tanto su hermana como su amiga lo dejarán todo para mudarse junto con D.J. y ayudarle con los niños. Lo mismo que la serie original.

Madres forzosas

Nostalgia, recuerdos y una misma formula

La serie arranca con una declaración de intenciones: nostalgia ochentera a dosis plenas. En lo que podría haber sido un sketch de Jimmy Fallon, los personajes van haciendo entrada en escena arropados por los aplausos y jaleos típicos del publico de las sit-coms. No es mi intención spoilear la serie, pero no puedo dejar de destacar la mención a Michelle, el personaje que las hermanas Olsen interpretaban en la serie original, y único de los personajes principales que se ha negado a participar: esa mirada a cámara, rompiendo la cuarta pared, mezcla de disculpa a los espectadores y enfado hacia las hermanas es impagable.

‘Madres forzosas’ repite la formula de la serie original sin reparos, y hace uso de los personajes, situaciones y frases gancho de ‘Padres forzosos’ sin avergonzarse de ello, en especial en el primer capítulo, que es todo un homenaje. Canciones, conversaciones, gags, y los clásicos abrazos que lo solucionaban todo en las series de los 80 y 90 tienen cabida en una serie que intenta enganchar a aquellos que crecieron con ellos.

Los personajes principales repiten esquemas: D.J. es la madre responsable y viuda, como su padre Danny; Stephanie es la hermana marchosa y enrollada, como lo era su tío Jesse; y Kimmy es alocada, divertida y un poco tonta, como lo era Joey, Los hijos juegan en la cuerda floja de lo repelente, especialmente Max, una especie de Sheldon (‘The Big Bang Theory’) en miniatura, aunque según avanzan los capítulos se empiezan a tolerar.

Una vez superado el primer capítulo, que no es más que un homenaje a los fans, la serie toma su verdadero cariz: una comedia familiar. Aun así, actualizada a los tiempos actuales y algo (sólo un poco) más adulta que la original. Quizás hoy en día ver a tres chicas salir a beber tequila y a ligar ya no sea tan traumático para los niños como antes.

Quizás los espectadores que siguieron ‘Padres forzosos’ no sean hoy el público potencial de la serie, y no pasen de la mera curiosidad de ver como les va a los personajes hoy en día, pero no deja de ser una serie entretenida, para ver en familia y pasar un buen rato. Al menos recomiendo ver el primer episodio, quizás a alguno se le escape alguna lagrimita, sobre todo al final.

Apasionado de la televisión. En los ratos libres también médico.

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