Desvaríos Catódicos

Nada es para siempre

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“Nada es para siempre, decían tus ojos tristes…”

‘Nada es Para Siempre’ era una serie estupenda nacida como la respuesta directa de Antena 3 a ‘Al Salir de Clase’. Como respuesta absurda, pues ellos ya tenían su réplica en ‘Compañeros’, que era además mucho menos amable que ‘Al Salir de Clase’ e infinitamente mejor que ‘Nada es para Siempre’. Pero ‘Nada es para Siempre, a pesar de tener carencias gigantescas, tenía su encanto.

“…y seguiste huyendo…”

Aunque ahora mismo uno ve la cabecera y se echa para atrás, en su día me enganché de mala manera a sus tramas absurdas, con momentos de lo más hilarantes. La serie fue absorbida por la popularidad de sus series rivales y tras poco más de un año se retiró sin preocuparse de dar un final a sus seguidores.El tema da para mucho, empezado por la disparidad de talentos entre los curtidos actores adultos y los ineficaces novatos; pasando por el guión de tramas absurdas y terminando por la tara mental que tenían todos los personajes.

“Qué poco ha durado…”

Pero siendo honestos, ¿a quién le importa ahora mismo nada de eso? Lo que importa es que la televisión marca de muchas maneras. Maneras que se instalan dentro de alguien que de repente evoca las sensaciones que le despertó una serie. No una escena, no un personaje. Sensaciones. En un momento de la serie, consecuencia de una serie de disparatados eventos detrás de las cámaras, moría toda familia del protagonista. Por toda la familia entendemos a padres, abuelos y hermanos. No me conmovió en ningún momento. De hecho me pareció una trama de chiste y me hizo gracia.

Hoy me he acordado de ‘Nada es Para Siempre’, a pesar de todo. He recordado su sintonía. Su titulo. He visto pasar por mi cabeza varias escenas y no entendía a qué venia tanto empeño de mi mente evocando algo tan aparentemente vacuo. Hasta que me vino a la cabeza el momento en el que el protagonista perdía a su familia. Entonces caí en la cuenta: esa escena es lo que mi mente retiene como ejemplo más antiguo de pérdida. O de la gestión de la pérdida, más bien. Pérdida en abstracto, Pérdida como vecina que molesta de vez en cuando. Crecer con la pérdida y gestionarla. Saludarla de vez en cuando.

“… mendigo de tus caricias”

Me siento como Adrián, el protagonista de ‘Nada es Para Siempre’. Conviviendo con la pérdida. Hay muchos tipos de pérdida. Maldita pérdida. Maldita mente. Gestionar la pérdida forma parte del proceso de aprendizaje y madurez de cada uno de nosotros. Cada vez que valoramos lo que acontece a nuestro alrededor en su justa medida ganamos una batalla interior. El tema es que la “justa medida” en ocasiones es tan desproporcionada que asfixia. Molesta. Humilla.

Curioso eso de “Nada es Para Siempre”, pues lo tengo siempre presente y a la vez lejano. Al constatarlo a base de hostias es cuando escribo desvaríos como este. La mente tiene caminos inescrutables, (creo que esto es lo más ateo y empírico que he escrito jamás) como hoy me ha demostrado.

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