Desvaríos Catódicos

Referentes que VIHven

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El pasado 1 de diciembre se celebró el Día Mundial de la lucha contra el SIDA, justo después del escándalo tras conocerse que Charlie Sheen tiene VIH. Digo después porque el escándalo a estas alturas no debería ser que una persona tenga VIH o SIDA, sino que parezca que el mundo se acaba tras la noticia.

Aun a día de hoy, no hay muchos referentes de personas lo suficientemente conocidas que hayan revelado que son portadoras del VIH. Para combatir el estigma hace falta entender que una persona seropositiva no está enferma. Es una persona que porta el virus de una enfermedad y ya está. Al contrario de lo que el imaginario popular piensa, el SIDA no es una enfermedad infecciosa. No se trasmite por el aire ni por la saliva. No es el ébola.

La convivencia con una persona seropositiva no conlleva el menor riesgo de transmisión. La masa de esta sociedad tiende a vivir en la ignorancia supina que fomenta la irracionalidad de cualquier discriminación, siendo la serofobia una muestra más, lamentablemente. Solamente quien sea seropositivo o tenga en su círculo de personas queridas alguien que lo sea, conoce la angustia de tener que ocultar una enfermedad que no entraña ningún riesgo para quienes rodean a los portadores.

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Que te quiten lo bailao.

Esto que estoy escribiendo va a llegar a cuatro gatos. Igual que si en la televisión alguien explica lo mismo, apenas habrá quien ponga interés en entenderlo. En cambio, si una persona con una relevancia mediática internacional como es Charlie Sheen “sale del armario” como persona que vive con VIH, las cosas cambian.

Al tener un referente “que conoce”, la gente va a ponerle nombre al asunto. Se va a ver que Charlie sigue trabajando, que su vida continúa, sus relaciones continúan y que ser portador de la enfermedad no le condiciona para convivir con los demás. También vamos a ser testigos de cómo se le culpabiliza injustamente por no dar a conocer su estado serológico a sus parejas sexuales. Como si no fuera responsabilidad última de cada uno de nosotros el mantener la seguridad en nuestras relaciones.

Ahora parecemos haber olvidado a Magic Johnson, el famosísimo jugador de la NBA, del que pronto hará 25 años que fue diagnosticado con VIH. Earvin ‘Magic’ se enteró del diagnóstico en 1991, con su mujer embarazada.  Magic se retiró para combatir la enfermedad. En esos años su tratamiento era más delicado que ahora y los antirretrovirales tenían unos efectos secundarios devastadores. Magic se involucró en un montón de proyectos de asociaciones anti SIDA para hacer comprender que todo el mundo, de cualquier orientación sexual, podía contraer la enfermedad.

Magic Johnson en 1992. Ya se conocía que tenía VIH.

Magic Johnson en 1992. Ya se conocía que tenía VIH.

Magic es un hombre feliz con su familia. Un ejemplo, como será Charlie, lo haya querido o no. Que conozcamos el estado serológico del actor no se debe a la propia voluntad, sino a una serie de extorsiones a las que estaba siendo somietido. Algunas mentes son tan retorcidas que ven en casos como estos motivo de lucro. El movimiento del actor ha sido además de valiente, un ejercicio de honestidad que con la fama que lleva a sus espaldas le va a venir hasta bien.

¿Os imagináis que algún actor, presentador o periodista, que cualquier profesional de la televisión española decidiese dar a conocer que vive con VIH? El impacto inicial sería tremendo y los medios se llenarían de artículos al respecto, habría un interés repentino por la enfermedad y frases como “carga viral indetectable” pasarían a estar en el vocabulario de muchos. Pero lamentablemente, las cosas van a seguir como están. El estigma impide la visibilidad y la invisibilidad fomenta el estigma. Mientras, seguiremos siendo reacios a usar el preservativo mientras discriminamos a las personas que viven con VIH. El ser humano es así de jodidamente contradictorio.

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