Desvaríos Catódicos

El “¡Zas!” de ‘El Ministerio Del Tiempo’

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No me gustan las series españolas. Esta afirmación tan cínica e injusta, es una cantinela que repetía con frecuencia. Soy (era, más bien) de series anglosajonas, de series con grandes presupuestos, cuyos protagonistas se llaman Jeremy o Katie, emitidas en canales de nombres compuestos por tres letras casi aleatorias. Llevaba años  sin interesarme por una serie producida aquí. Años. Ni interés que tenía en volver a ver una serie sin subtítulos.

“Es una serie en la que viajan en el tiempo a través de una escalera” me contaban unos días antes del estreno. Mi carcajada casi se oye en el siglo XXII. Sería una serie más de la que mofarse. Un comportamiento pueril del que no me arrepiento, pese a que muchísimas personas relacionadas con la tele me insistían -con toda la razón del mundo- en que si me apasiona el medio, debo por lo menos intentar ver el comienzo de todas nuestras producciones. Por aquello de opinar con criterio. Pero lo cómodo, lo sencillo, lo fácil es responder con un “no la veo” y a pastar.

El día del estreno me percaté de las buenas críticas de gente a la que sigo en Twitter y de la que me fío más casi que de mí mismo, aunque no fue hasta el día siguiente cuando me dio por entrar en la web de RTVE y ver el piloto. Ignoro la conjunción planetaria que debió de darse aquella tarde para decidirme a ver la serie, pero bendita conjunción.

Uno de los mayores alicientes era la presencia de Nacho Fresneda. A servidor no le gustan las series españolas, pero los hombres como Nacho sí. Esos me gustan mucho. Las fotos promocionales de su personaje, con ese bigotito, daban ganas de viajar al pasado para dejarse ensartar por espadachines.

Quiero que tu espada me atraviese solamente a mí

Quiero que tu espada me atraviese solamente a mí

Así que me recliné en mi sillón de masaje inexistente y me puse a mirar una producción española de la que sólo conocía que viajaban en el tiempo a través de una escalera y que aparecía un buenorro. Comprenderá el lector que mis expectativas eran más bajas que Kylie Minogue de rodillas. Menuda cura de humildad estaba a punto de recibir.

Aunque es casi imposible escribir este desvarío sin que haya spoilers, intentaré abstraer las ideas para transmitir sensaciones, pero no desgranaré nada de la trama. Porque una trama como la de ‘El Ministerio de El tiempo’ merece ser disfrutada por uno mismo. Y no por contener grandes giros ni por unos cliffhangers dignos de mención, sino porque el guión es tan rematadamente bueno y los diálogos están tan cargados de guiños y referencias que para alguien como yo en la –temprana, tempranísima- treintena es un regalo a tres décadas catódicas vividas intensamente.

Lo primero que me llamó la atención de ‘El Ministerio del Tiempo’ fue que empezara con un alegato lésbico y feminista que no me esperaba en absoluto. Y fue delicioso. Los años de activismo siguen recorriendo mis venas. Todo lo que sea incorporar diversidad en televisión de manera no impostada merece mi aplauso. Si además se añaden los matices de los personajes, más aún. Que Alonso tenga pensamientos del siglo XVI y que estos sean cuestionarse la democracia, el feminismo y el matrimonio igualitario entre demás lindezas es pasar la mano por la cara a la caverna. EN SU CASA, en una televisión pública que brama por pluralidad. A uno le dan ganas de levantarse a aplaudir.

Tras estas sensaciones positivas, vinieron muchas más. Y más. Y más aún. El capítulo crecía a cada minuto. Me lo estaba pasando bien. Qué coño. Me lo estaba pasando jodidamente bien. Estaba perplejo. No sólo estaba disfrutando de una serie como en mucho tiempo no había disfrutado, es que esa serie era española y se estaba emitiendo en la televisión pública. A pesar de que sus capítulos no duran cuarenta y tantos minutos, a pesar de no contar con un presupuesto desorbitado y a pesar de no tener protagonistas llamados Jeremy o Katie. Que me dejen callado, que desbaraten mis argumentos, me gusta al punto de casi seducirme.

Cuando te quedas sin vidas en Candy Crush

Cuando te quedas sin vidas en Candy Crush

En ‘El Ministerio del Tiempo’ pueden permitirse dar cabida a las tramas más surrealistas  y brutas que pueda uno imaginarse. Al poder mezclar épocas, al poder “reclutar” gente de cualquier siglo, dan pábulo a una amalgama de personajes que interactúan de una manera que da casi morbo.  El delirio en ocasiones alcanza picos estratosféricos, pero nunca parece forzado o “irreal” por, nuevamente, mérito del guión.

‘El Ministerio del Tiempo’ es divertida. Muy divertida. Si conocéis a alguien al que no le guste la serie, desconfiad. Probablemente viva con un palo perenne en el recto que le impida disfrutar de la vida. La serie es tan divertida que la parte didáctica queda opacada por la risa. Y eso es bueno. Tremendamente bueno. El trasfondo didáctico está ahí, como sin querer molestar.

La serie es Historia, en todos los sentidos. El argumento se nutre de personajes reales, ilustres componentes de nuestro pasado más o menos reciente cuyo legado corre peligro por cualquier razón. En los capítulos los “funcionarios” manejan el entorno en una época determinada para dejar las cosas como fueron. Nos gusten más o no. Y he aquí, la gran maravilla dentro del conjunto de virtudes de la serie: su mitología, su trasfondo no es un universo inventado. Es la Historia. Si el espectador se queda con ganas de más, siempre puede indagar sobre la figura de los personajes reales que aparecen.

"Nos ha jodío, es Velázquez" mejor frase de la vida.

“Nos ha jodío, es Velázquez” mejor frase de la vida.

El ¡zas! de ‘El Ministerio del Tiempo’.  Uno cree estar de vuelta de todo. Y llega una serie a demostrarle que conocer la figura de El Empecinado o la biografía de Lope de Vega ayuda y mucho a entender los episodios. Que investigar la época de Velázquez o la regencia de María Cristina de Borbón no es un acto petulante, sino incluso recomendado. Para disfrutar al completo de la experiencia de ‘El Ministerio del Tiempo’ y para formar seres no vacuos, que tanta falta hacen.

La guinda del pastel es la manera de gestionar los perfiles oficiales de la serie en las RRSS. Toda agencia de comunicación debería tomar ejemplo. Un trato que va más allá de la cercanía o la originalidad, es poseer una manera concreta de relacionarse con los fans donde nuevamente tenemos a la diversión y la pedagogía cogidas de la mano formando una comunidad horizontal donde todo aquel que quiera aportar contenido se siente escuchado y respetado.

España necesita más temporadas de ‘El Ministerio de El Tiempo’. Su gente necesita ver la serie. Que se proyecte en los colegios. Que fomente debates. Es tan grande su concepto que no se puede abarcar en unas líneas. Que no disfrutarlo resulta poco menos que burdo.  Hoy termina la primera temporada pero los “ministéricos” ya tenemos la segunda asegurada. Y aunque el  término “ministérico” me recuerda a una persona bajita y enfuruñada (como Kylie Minogue de rodillas) lo llevo con orgullo. Si no lo has hecho ya, corre a ver la serie. Es casi un deber como ciudadano. Es un acto que te cambia, enriquece y ayuda a ser mejor. Y no exagero. Quizá desvaríe, pero esta es la sección para ello.

Desvaríos Catódicos

4 Comments

  1. Matildyn

    16/04/2015 at 09:22

    Bravo. Me ha encantado el artículo.
    Una ministérica, 🙂

  2. jon

    16/04/2015 at 13:33

    Tras tragarme incontables series anglosajonas, y recordar a intervalos los grandes momentos de aquellas y olvidar otros, alucino con el hecho de saberme de memoria los ocho episodios (la temporada entera) de una serie ¡¡ española y de ciencia-ficcion !!! tras haberlos revisado varias veces. Entretenimiento, educacion historica, personajes muy trabajados, humor… en resumen, “El Ministerio del Tiempo”. No lo entiendo, ¿doctor, que me pasa? ¿es grave?

  3. alladventurouswomendo

    17/04/2015 at 17:24

    Pues te perdiste dos seriazas nacionales en los últimos años. Crematorio y Qué fue de Jorge Sanz.

  4. Miriam

    18/04/2015 at 13:00

    Lo cierto es que no he visto la serie y yo también tengo mi cierta manía a las series españolas. Querría verla, pero hay algo que me echa un poco para atrás… viajeros en el tiempo, que van a épocas históricas para intentar solucionar asuntos y que la historia quede como debería. Me suena y mucho. No quiero empezar a ver la serie y darme cuenta de que es una copia barata de Dr. Who. Porque honestamente copiar una serie que lleva en marcha desde el 63, con tanta fama e historia y que es una serie de culto para la ciencia ficción me parecería un insulto, sea lo buena que sea la otra serie. Así pues, alguien que la haya visto, ¿podéis asegurarme que no es una copia barata?

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