Se abre el tejado

Paula gana ‘Gran Hermano’ 15: gana la protagonista

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Paula se lleva el maletín. Como intuimos desde que entró Lucía para sembrar la polémica que ha alzado a la hawaiana hasta lo más alto del podio, parece que la historia que comenzaba en Guadalix de la Sierra no ha sufrido cambios. Con tan solo un punto de giro (con sus tres actos, clímax incluido de llantos, confesionario y reacciones posteriores), ‘Gran Hermano’ 15 se ha basado en un gran conflicto: el “despecho” de Paula cuando la morena recuperó a Omar tras una de las noches más intensas de la historia del reality. De las más intensas y de las más estiradas.

Paula ha ganado la edición número 15 gracias a esa noche, a una única noche. No ha vencido ni por sus momentos tiernos con Luis ni por sus peleas con este mismo, ni por la tensión y los celos enfermizos que tenía de Alejandra cuando la de Albacete se acercaba al torero, ni por morir de amor o de flipar. De nuevo, las víctimas vencen en este reality que, a diferencia de lo que debería ocurrir tras tantísimos años de experiencia, se ha convertido en un programa de lo más previsible. En las películas malas y en las series que no aguantan más de una temporada, uno de los fallos más gordos que encontramos es el protagonista, su previsibilidad y su falta de matices (o, peor todavía, sus matices mal diseñados). Paula, protagonista indiscutible, mala protagonista, ha ido tirando de victimismo y de momentos estelares patrocinados por el propio programa hasta el día de hoy. Gracias a lo que llevamos denunciando desde que comenzamos a ver que los vídeos lanzados en las galas y en los debates no se correspondían con lo que veíamos en el directo y que los montajes distorsionaban la realidad del concurso, hoy Paula es ganadora de ‘Gran Hermano’ 15 con 70,9% de los votos.

Cuando ‘Gran Hermano’ se marchaba hace más de un año para recargar las pilas y nos prometía regresar con un lavado de cara, me esperaba algo distinto, no lo mismo de siempre: lo previsible, lo desesperantemente evidente, lo forzadamente evidente. Y sí, amamos este programa tanto como quien disfruta viendo la misma película una y otra vez, pero, ¿acaso no nos merecemos una sorpresa que nos enganche para que no se nos ocurra abandonar? Porque este año he tenido muchas ganas de bajarme del carro. Y me llamarán reventada por lo que vengo a defender en esta crítica, pero estoy disgustada. No por el resultado de esta noche, el cual consideraba inevitable, sino por los métodos: los vídeos sesgados, los tiempos mal repartidos y, de nuevo, el protagonismo de unos frente al paso desapercibido de los otros, percepciones diferentes para los espectadores exclusivos de las galas y para los seguidores de la casa durante las 24 horas en el streaming. Pero ya no hay vuelta atrás, bastante mala sangre llevamos haciéndonos durante estos tres meses de sufrimiento-disfrute. Al final, lo que quedará en la memoria de todos nosotros cuando pasen algunos años de la edición número 15 de nuestro reality favorito serán los buenos momentos y el carisma de los concursantes, por encima de todo.

Yo me quedo con la ternura de Alejandra, con su honestidad y su pasión con todo y ante todo. Me quedo con el gran abrazo que le ha dado a Vitín cuando lo ha visto cruzar la puerta del salón en su encuentro, en el jardín que esta noche estaba nevado para la ocasión. Me quedo también con las lágrimas de Yolanda frente al confesionario, llorando al escuchar cómo Jonathan declaraba lo confundido que se encontraba ante aquella situación, para mí, el momento más bonito de esta edición. Me quedo con la conversación de Luis y Fran en la cocina, en la que comenzaban a desmontar al matriarcado de Loli y Mayca, en la que resucitaban el espíritu de ‘Gran Hermano’. Me quedo con Shaima, sus entrevistas en profundidad y sus cánticos. Sobre todo, me quedo con el afán de los espectadores que traspasan la barrera de la televisión para defender un formato que, aunque quieran rematarlo constantemente, está más vivo que nunca. Me quedo con las redes sociales, tan despreciadas desde los platós y tan necesarias para que esta edición haya alcanzado audiencias que no se conseguían desde ‘Gran Hermano’ 11. Me quedo con vosotros.

No me pierdo nada

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