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Luis y Juanma expulsados: ha merecido la pena

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La casa más televisiva de Guadalix de la Sierra se quedaba esta noche sin dos de sus habitantes: Luis, el torero de 23 años, inseparable de Paula y pese a sus diferencias, “amigo” de todos los concursantes; y Juanma, el primo “muchabarba”, uno de los mayores muebles del reality pese a su intento de carpeta con Azahara. Está claro que no ha convencido a nadie y que la cobardía por no exponerse en ninguna de las nominaciones que ha recibido le ha acabado jugando en su contra. Sin embargo, tenía muy claro que hoy le tocaba a Hugo, según mi percepción, mucho más mueble que el surfero ya que no tiene ningún frente abierto.

‘Gran Hermano’ me ha sorprendido hoy, tras 14 galas con más aburrimiento que intriga y más previsibilidad que innovación. Sentados en la sala de expulsión, Alejandra, Jonathan y Luis se jugaban su permanencia en el reality y luchaban por un puesto en la final del concurso, cada vez más cerca. Cuando escucho el nombre del torero en boca de Mercedes Milá, me sorprendo. Cuando, casi al final de la noche, escucho el de Juanma, me sorprendo. ¿La fórmula ideal para esta sensación que ojalá se hubiera repetido en ocasiones anteriores? La incertidumbre. El “y ahora, ¿qué?”. Gracias al cambio en el esquema de juego que hemos experimentado esta noche, me reconciclio poco a poco con la edición número 15 de ‘Gran Hermano’, aunque sigo viendo agujeros por todos lados.

Comprendo que algunas tramas tienen mucho más peso que otras, pero no logro entender por qué al primo tan solo se le han dado diez minutos para su entrevista. Tampoco me cuadra que el programa tire de momentos más que desgastados en una de las últimas galas del concurso: Florentino Fernández era el invitado de esta semana y entraba en la casa con el payaso, a quien creíamos felizmente olvidado. Sin embargo, no nos hemos librados de unos cuantos tartazos gratuitos. Que viva la economía de la televisión y los vacíos de contenidos. Yo sigo sin enterarme de nada…

De nuevo, las lágrimas llenan la pantalla a estas alturas del concurso. La primera, Paula, dejando correr por sus mejillas el rastro de la máscara de pestañas de la manera más dramática posible (Yolanda le ofrecía limpiarle la cara, con toda su dulzura, y la hawaiana lo rechazaba) al conocer que su hermano Luis había abandonado la casa. Después, “Azi” rompía a llorar cuando descubría que su mayor apoyo en la convivencia no volvería a cruzar la puerta que separaba el salón de la sala de expulsión.

Pero esta noche me quedo con lo bueno: con los saltos de alegría (literales) que he dado cuando Alejandra se salvaba de una expulsión más que arriesgada. Siéndoos sincera, llevaba despidiéndome de ella desde que el jueves saliera nominada junto a un rival fuerte (que no ha resultado serlo tanto) y a un mueble que no conseguimos librarnos de él ni abriendo el voto positivo. Soportar una edición, en general, muy aburrida, ha merecido la pena tan solo por esto. ¿Qué ocurrirá la semana que viene? Los teléfonos siguen abiertos. Por lo pronto, yo ya he invertido mi primer SMS de esta edición.

No me pierdo nada

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