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El drama de MiYoli y el salto del maletín de unas manos a otras

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Cuando pensaba que las cartas de ‘Gran Hermano’ 15 habían quedado sobre la mesa varias semanas atrás, me equivocaba. Al menos, es lo que espero. Me gusta sufrir la incertidumbre que nuestro reality favorito nos provocaba en las mejores ediciones, sentir empatía con los concursantes que más nos llegan al corazón, enfadarme tanto como alegrarme y pegar saltos de la euforia momentánea que experimento cuando escucho en boca de Mercedes Milá el nombre del expulsado por el que aposté durante la semana. En esta ocasión, puedo contar las veces en las que he vivido el concurso con la pasión que me produjo en años anteriores. Ahora, la siento cerca aunque todavía no pueda cantar victoria.

Durante el DBT de esta noche he notado que las tornas cambian poco a poco, a una velocidad casi imperceptible. La hawaiana está tomando un camino equivocado, a pesar de que ella crea que desde fuera la ayudará a ganar puntos: su relación con Luis (ahora eres mi hermano, ahora estoy enamorada de ti, ahora jamás podremos estar juntos y vuelta a empezar) comienza a adquirir un tono que me resulta muy complicado de explicar. No sé si son amigos, si Paula lo está utilizando para escalar puestos, si lo necesita para consolarse del daño que todavía le queda tras lo de Omar o si, simplemente, es su juguetito en la casa y el detonante para llevar a cabo los llantos teatralizados que estamos más que hartos de ver. El jugoso beso que se han dado bajo el edredón (si no se lo han dado en realidad, seguro que lo han fingido para crear imágenes) juega ahora en contra de ella: no es ni la única víctima del amor ni la más dolida por esta razón (ni siquiera lo está). Yolanda es la clara protagonista de la historia del dolor en la casa. Si esa justicia que premia a los que hacen las cosas de corazón (del del bueno, no del de Fran) existiera, el maletín hoy sería de Yolanda. Con el vídeo de las lágrimas de Jonathan en el confesionario, contándole al Súper cómo se siente y al otro lado, Yolanda en cuclillas con su larga cabellera cubriéndole cual capa su diminuto cuerpecito, apoyada en la puerta que la separaba de su amado confeso, se merece el premio al momento más tierno, emotivo y apasionante de esta edición. La de Albacete se ha abierto a la audiencia con tanta generosidad que solo por ello debería ganar.

Azahara está dotada de todos los dones de la naturaleza: un cuerpo espectacular, una cara preciosa, un cabello de lo más exótico, un buen trabajo, una familia y unos amigos que la quieren… Pero la chica tiene que quejarse. AzaDramas vuelve a la carga esta noche (lleva toda la semana penosa) al no ver a su novio en los vídeos de apoyo que le ha enviado su gente. Creo que solo sabe llegar a los demás a través del drama: lo ha hecho con Juanma (solo tú me entiendes, soy muy complicada, no sé qué haría sin ti…) y el primo ya parece estar hasta las barbas de la malagueña. Hoy se lo ha dicho: “Yo vengo una vez. Dos. Pero tres, no”. Un aplauso para él. Solo le falta que tenga la valentía de exponerse a la expulsión. ¿Qué le pasa a este chico que tiene tanto miedo? Aunque siendo primo de quien es, debe ser cosa de la genética.

En el DBT de hoy hemos visto cómo por causa de Alejandra (que no por culpa) Azahara se ha cogido un rebote de mucho cuidado. Imagino que mañana veremos las imágenes de la malagueña refiriéndose a la prima como alguien con quien, pese a que a veces la convivencia con ella resulte complicada, no podría vivir sin ella en la Casa de Guadalix. Según los paulistas, Alejandra es la próxima víctima a destronar. ¿Qué quereis que os diga? He puesto destronar con toda la intención, porque ella es la reina de este ‘Gran Hermano’. Todo en ella me sigue gustando: su generosidad, su frescura, sus ojitos inocentes, su tipazo (¡que menudo tipazo!), ¿no os la imagináis vestida de azafata, haciendo el teatrillo de las salidas de emergencia?… Uf, cómo está sonando esto a fantasía. Ahora me imagino al Pollito Volador diciéndome: “Amiga, sal, sal de una vez que se está muy bien fuera”. En menudo jardín me he metido…

No me pierdo nada