Se abre el tejado

Gran Hermano es para los insomnes

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Pese a que soy una persona que se concentra mucho mejor cuando la gente ya se ha ido a dormir, que cuando más productiva me siento es a partir de la medianoche y que prefiero levantarme tarde que acostarme temprano, esta noche me ha costado la vida misma permanecer frente a la televisión (más bien, frente al PC y a la desesperante plataforma MiTele) mientras pasaban las horas y el DBT no llegaba a su fin. Al parecer, la salida de Omar no solo ha cerrado una trama que nos aburría de forma soberana, sino que era la única que tenía la suficiente importancia como para ser contada. O, al menos, eso nos querían hacer creer desde el control de realización de ‘Gran Hermano’.

Es cierto que desde hace alguna gala se han equilibrado las historias, ya no tenemos tanta hawaiana ni tan solo a la Alejandra malvada. Sin embargo, parece que la edición número 15 de nuestro reality favorito ya ha dado todo de sí misma. Si hace una semana me parecía precipitado que la organización decidiera finalizar el programa el día 18, hoy me parece más acertado que nunca. No quedan ni conflictos que solucionar ni concursantes por desmontar o conocer más a fondo. Ya está todo el pescado vendido y a mí no me pone nerviosa ni la expulsión de este jueves. ¿Soy la única que se siente así de vacía? Por mí, que ‘Gran Hermano’ termine mañana.

Por suerte, las imágenes que nos ofrece la emisión en 24 horas nos reconcilia, aunque tan solo sea durante unos minutos, con la magia que el programa ha ido perdiendo durante estos dos meses. Pude presenciar el maravilloso picnic en el jardín que protagonizaron Yolanda, Alejandra, Luis y Paula, por increíble que le resulte al lector y espectador del DBT. Aunque hoy no se hayan visto vídeos de las fobias entre Paula y Alejandra, aquella noche se olvidaron los malos rollos para dejarnos uno de los momentos más “grandermanianos” de la edición a los verdaderos fanáticos del reality, por mucho que se nos juzgue desde fuera de querer hundir a ‘Gran Hermano’ en la miseria, cuando lo único que queremos es el triunfo de las buenas historias, de los buenos concursantes y, por supuesto, del buen trabajo.

Sin embargo, cada vez me cuesta más decir que esta edición es una buena edición. Jamás me gustó la idea de que los participantes entraran en parejas, y hoy me reafirmo. A pesar de todos los frentes abiertos gracias a las relaciones entre los que ya se conocían antes de entrar en la casa de Guadalix junto con los conflictos del propio reality, ‘Gran Hermano’ 15 se queda más que corto ante un espectador que gana en exigencia con los años. Ya no nos bastan ni las carpetas (ni las evidentes ni las hipotéticas, que parece que quieran metérnoslas con calzador y no, no nos las tragamos) ni los villanos ni las víctimas. Mis profesores de guión me repetían una y otra vez que todo estaba escrito y sí, claro que puede aplicarse a la materia de los realities. Pero, que conste, que esta edición no nos aburre porque ya no se pueda crear un formato único y que sorprenda, sino porque, a pesar de que todo esté escrito ya, las historias pueden repetirse siempre y cuando se cuenten de otra manera. ¿O es que acaso ‘Gran Hermano’ 12+1 no prometía ser otra edición más y nos dejó a todos descolocados? ¿O es que nadie se acuerda de los perfiles únicos que salieron de ese maravilloso año? Yo sí, y sé que la mayoría de los concursantes de ‘Gran Hermano’ 15 pasarán desapercibidos entre mis recuerdos televisivos.

Hoy, más que ningún domingo, he luchado con todas mis fuerzas para no quedarme frita entre grito y cacareo de los colaboradores del DBT, los ex concursantes y hasta del propio presentados. A veces pierdo la noción de los contenidos y no sé cuándo me están contando algo que ya hemos visto para recordárnolos o, simplemente, continúan recreándose con los vídeos de siempre. Estoy cansada. Me voy a dormir.

No me pierdo nada

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