Se abre el tejado

Una energía “trambólica”

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Pese a las bajísimas expectativas, el séptimo debate de la edición número 15 de ‘Gran Hermano’ lo he disfrutado. Tengo que decir que sí, que me lo he pasado muy bien, me he reído y me he enfadado mucho, como debe ser. Con una frase acuñada por Paula durante un confe de los suyos, de subidas y bajadas, una energía “trambólica” se siente en la casa de Guadalix: trambólica por la entrada de Lidia, por Fran y su juego, por Omar y sus salidas de tono, por las primas y su enemistad inconciliable y, sobre todo, por Luis, su ¿hermano?

La historia sigue avanzando a pasos agigantados. Si Paula fuera la narradora de este cuento, ninguno de los espectadores sabría qué está ocurriendo: si es feliz en su estancia en el reality, si está sumida en la mayor de las miserias, si tiene un amigo para toda la vida o si le da, como ella dice, asco. Es cierto que ella no tiene toda la culpa de que esta amistad penda de un hilo. El torero ha enseñado la patita, por fin. Al parecer no adoraba tanto a la hawaiana y la teoría del megáfono en el jardín va tomando cada vez más fuerza. Así como Luis comenzó a acercarse a Paula de forma sospechosa desde que escuchó gritos aclamando a su compañera como ganadora de ‘Gran Hermano’, se aleja, quizá, con los tímpanos lesionados. Y que conste que llegué a creerme la unión de esta pareja. Me la colaron.

Por supuesto, la hawaiana no ha dejado títere con cabeza. En la palestra, parece no perder la oportunidad de copar horas en el metraje del directo, y siempre está alerta por si acaso encuentra un momento estelar en el que lucirse. Sin embargo, los buenos actores no son tan buenos y es inevitable que sufra algún que otro “brote” durante la semana. Tuvo un encontronazo, por supuesto, forzado con Omar, en el que volví a vivir imágenes que ya había visto de ambos: ella insultaba su físico y él la agredía como mujer. ¿Qué me chirría tanto en esta historia? No quiero ver más esta absurda película.

Pero, sin duda, la protagonista de este domingo ha sido Lidia. Desde su entrada el jueves ha vuelto locos a todos los habitantes de la casa, quienes se rompían la cabeza intentando vincularla a uno y a otro desencadenando un conflicto que hacía tiempo que no veíamos en esta edición. Azahara parece haber despertado (por fin) gracias al juego del descubrimiento de la morena aunque el que más en serio se ha tomado el juego ha sido Fran. Omar, quien en un ataque de lucidez, pensó que Lidia era un rollito del apoderado… Cuando esta noticia llegó a los oídos de Fran se armó una buena: fuera de la gravedad del asunto (la relacionaba con una chica que podría ser su hija, aunque con más guasa que mala intención), se instaló en su confuso papel de jugador-líder-víctima (no, yo tampoco entiendo a qué juega esta hombre) y amenazó al de Carabanchel con los “papeles”. Un papelón es lo que tiene este señor.

Vitín, el expulsado del pasado jueves, ha pasado por el DBT sin demasiado que destacar. Salvo su enfrentamiento con Gonzalo Montoya, la dinámica del reality no le ha permitido arrojar ninguna declaración reveladora. Sin embargo, como el jueves, me quedo con los dos momentos más tiernos de la noche del domingo: primero, con Alejandra mentando a su gran amigo (ellos sí que lo son) en todo momento y, segundo, con las lágrimas de Omar en el confesionario tras haber leído la dedicatoria que Lucía le escribía minutos antes. Y sí, me emociona que un ser tan despreciable como él se emocione y nos demuestre que quizá no sea tan malo. Tan solo es él, con sus circunstancias. Como todos los demás.

No me pierdo nada

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